Columba Domínguez, eminencia del cine mexicano

Columba Domínguez
WIKIPEDIA
Publicado 13/08/2017 7:24:50CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 13 Ago. (Notimérica) -

   Eminente figura de la Época de Oro del cine mexicano, amó y padeció al director Emilio Fernández, su descubridor. Sobresaliente por su belleza indígena y por su talento, Columba Domínguez murió tal día como hoy a los 85 años de edad.

La vida de la mexicana está entrelazada con la de Fernández, destacado director y productor de cine apodado 'El Indio'. Él la descubrió, la hizo protagonista de sus películas y con él tuvo a su única hija, Jacaranda.

   Su éxito comenzó a finales de la década de 1940. Compartiendo escenas con Dolores del Río y con María Félix en 'La Malquerida' (1949) y en 'Monclovia' (1948) respectivamente. Fue con este último film cuando le llovieron los reconocimientos, ganando su primer premio Ariel, el galardón de cine más importante de México.


   Tras varias peleas e infidelidades de 'El Indio', Domínguez se trasladó a Europa con su hija. Trabajó en Italia, triunfando en los países del bloque soviético, desde donde siempre se la agasajó y se la recibió con honores.

   De vuelta a su México natal, también se la pudo ver por la pequeña pantalla. 'La tormenta' (1967) y 'El Carruaje' (1972) fueron dos novelas de corte histórico en las que participó. Además, también tuvo tiempo de grabar un disco 'La voz dulce y mexicana de Columba Domínguez' (1961).


   Apasionada por las humanidades, la danza, el esgrima y el piano, pudo dedicarse de lleno a ellos cuando se jubiló, en 1987. Puntualmente siguió apareciendo en diversos films y acudiendo a festivales de cine. Fue galardonada de nuevo con un premio Ariel en 2013, dedicado a toda su trayectoria.

   Unida de nuevo a Fernández, permanecieron juntos hasta la muerte de este. Ella le sobrevivió 28 años, pero nunca volvió a casarse. La gran actriz finalmente fallecía de un infarto el 13 de agosto de 2014.

   Una mujer que supo buscarse oportunidades, aguantó a un marido dominante y tuvo que hacer frente a la muerte prematura de su hija. Sin embargo, sin ella, el cine mexicano no hubiera sido el mismo. Muchos críticos afirman que su escena de baile con Roberto Cañedo en 'La Pueblerina' (1948) justifica la sola existencia de la cinematografía mexicana.

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