Dos años sin la magia de René Lavand

 

Dos años sin la magia de René Lavand

René Lavand
VIMEO
Publicado 07/02/2017 7:34:38CET

   BUENOS AIRES, 7 Feb. (Notimérica) -

   Hoy se cumple el segundo aniversario del fallecimiento del legendario ilusionista Héctor René Lavandera, popularmente conocido como René Lavand. El mago argentino al que la falta de su mano derecha no le impidió adquidir una técnica depurada en el manejo de los naipes.

   Nació un 24 de septiembre de 1928 en Buenos Aires, (Argentina). Hijo único de Antonio Lavandera y de Sara Fernández. Su interés por el ilusionismo comenzó con siete años cuando su tía Juana lo llevó a un espectáculo donde quedó asombrado con la presentación de un mago llamado 'Chang'. Desde entonces, el argentino se aficionó al mundo de la magia con una baraja de cartas y comenzó a practicar numerosos trucos.

   Dos años más tarde, su sueño estuvo a punto de truncarse a causa de un accidente de tráfico, cuando un joven de 17 años lo atropelló y le aplastó el brazo derecho, su dominante. Los médicos sólo pudieron salvar 11 centímetros de este.

   Pero afortunadamente, el incidente no frenó la voluntad de Lavand para seguir mejorando. Con la única ayuda de su mano izquierda, practicó obsesivamente la cartomagia hasta alcanzar un completo y asombroso dominio de la baraja de cartas. Un duro trabajo de autodidacta ya que "todos los libros y técnicas son para magos de dos manos", decía Lavand.

   Un titánico esfuerzo y sacrificio que hizo de sus espectáculos una oda al ilusionismo. Todos ellos llamativos por la habilidad y rapidez en el movimiento de los naipes y por las historias con las que decoraba sus números citando a célebres autores como Borges o Unamuno, que dignificaban sus trucos. Lavand tenía un estilo único y pausado y no dudó en romper con una de las reglas básicas de la magia, la de no repetir nunca un truco. El mago lo repetía pero haciéndolo aún más lento.

"LENTIDIGITADOR"

   "No se puede hacer más lento", decía siempre en cada uno de sus espectáculos mostrando las cartas con su única mano para subrayar la imposibilidad de cualquier trampa. Una cita que sería el telón de fondo en cada uno de sus espectáculos.

   "La única misión del artista es convencer al mundo de la verdad de su propia mentira. No hay artista sin estilo y yo creo que logré añadir belleza al asombro al arrimarle al ilusionismo una dosis de poesía y dramatismo", decía el artista sobre su oficio.

   Gracias a lo innovador de sus funciones y su carisma escénico, se hizo muy conocido en España en la década de los ochenta participando en los programas de Juan Tamariz -con quien tenía una gran amistad- 'Por arte de magia' o 'Magia Potagia'. También intervino en la televisión de Estados Unidos en los 'shows' de Ed Sullivan y Johnny Carson. Fue actor en la película 'Un Oso Rojo', donde daba vida a un canalla llamado El Turco y escribió cinco libros sobre técnicas de cartomagia.

   

    El mago se definía a sí mismo como "lentidigitador", es decir, un ilusionsita con un manejo de dedos lento y decía que "la cámara implacable" no le dejaba mentir cuando transmitía su magia a través de la pequeña pantalla.

   En cada uno de sus 'shows' el mago medía sus sesiones de magia con una copa de vino. Empezaba con una llena y se la iba bebiendo con cada juego. Y cuando acababa la función, coincidía con la copa vacía.

   Su anécdota más popular relacionada con la magia, implica a uno de los ilusionistas más reconocidos actualmente, David Copperfield, gran admirador del argentino. En una ocasión Copperfield viajó hasta Lausanne, en Suiza, solo para verlo actuar y Lavand aseguró que, pese a lo halagado que se sintió, "Copperfield no tiene nada que ver con lo que yo hago. La diferencia es abismal. Él viaja con cinco toneladas de equipaje y yo con cincuenta gramos, lo que pesa una baraja; él viaja con miles y miles de dólares en materiales y yo con cinco dólares, que es lo que cuesta una caja de cartas".

   Lavand dedicó toda su vida a lo que más le gustaba, la magia, y no dudó en enseñar el arte de los naipes a sus "discípulos" (como él los llamaba), quienes lo visitaban en su casa de Buenos Aires para aprender su arte de cerca. Fue en su tierra natal donde falleció el 7 de febrero de 2015 en la clínica de Chacabuco de Tandil, a los 86 años de edad, a causa de una neumonía.

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