Gabriel Barceló presenta 'Rostros Andinos' como un regalo a Bolivia

Fotógrafo Gabriel Barceló: 'Rostros Andinos'
Foto: MARTA MENÉNDEZ/NOTIMÉRICA
       
Actualizado 18/06/2015 14:03:54 CET

   MADRID, 18 Jun. (Notimérica) -

   Este jueves se inaugura en la Casa América de Madrid (España) la exposición del fotógrafo español Gabriel Barceló, 'Rostros Andinos', como "un regalo de agradecimiento" a la cultura del país y su gran acogida.

   Se trata de una galería fotográfica de más de 20 retratos en blanco y negro. En ella, el autor plasma su recorrido durante tres años por el Altiplano boliviano centrándose en las principales culturas de la zona: Aimaras, Quechuas y Urus.

   La exposición está compuesta por 25 retratos miembros de estas civilizaciones, 10 imágenes de objetos utilizados en rituales de las tres culturas y 5 videos que muestran el proceso de elaboración de la obra y algunas vivencias del contacto del autor con estas culturas.

Retrato Retrato

   Es la primera muestra de la exposición presentada en España para acercar la cultura andina al país y a Europa. Anterioremente y apoyada por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, 'Rostros Andinos' ha sido expuesta en galerías de diferentes ciudades del país andino, como La Paz, Santa Cruz, Sucre y Potosí.

   En una entrevista para Notimérica, el artista ha explicado su verdadera inspiración a la hora de llevar a cabo este trabajo: "Llevaba siete años viviendo en Bolivia, en la región de La Paz, y, en cierto modo, hacer este proyecto ha sido como un agradecimiento al país por su acogida y lo bien que me he encontrado viviendo allí".

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   Fotógrafo de formación, Barceló ha querido "resaltar el lenguaje de la mirada" y su valor universal a través de los rostros de sus instantáneas. En la base de las mismas, el artista ha querido hacer hincapié en miradas distantes que pueden captar la atención del espectador y hacer que éste se identifique con ellas.

   Una frase del autor, sin duda inspiradora, es aquella que aparece junto a los retratos y señala que "el rostro es un mapa, la mirada un espejo, una pregunta". Con ella, Barceló hace alusión a que cada retrato es diferente y guarda muchos secretos. Es la esencia única de cada rostro sin importar la distancia a la que se encuentre.

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   LOS OBJETOS, RETRATOS EN SÍ MISMOS

   Asimismo, la exposición se compone de una serie de "objetos con vida y alma que no dejan de ser retratos en sí mismos". Muchos de ellos son iconos de sus respectivas culturas y parte principal en festividades y rituales indígenas. En algunos casos, tales objetos incluso tapan el rostro de la persona que los lleva, como una nueva forma de concebir el retrato a través de sus símbolos culturales y no tanto de su aspecto.

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   De los citados retratos de los objetos de la cultura indígena, destacan los fetos de llama propios de la festividad de la Pachamama (la Madre Tierra), una deidad incaica, y las sillas esculpidas que se entierran en tiempo de siembra para conseguir la fertilidad de la zona, entre otros.

   "Es como un juego. Ya no es el rostro de una identidad, sino la ausencia del mismo para reflejar el valor de una cultura", ha señalado Barceló. "Me gusta dejar una puerta abierta a la imaginación y la interpretación, dejar que el espectador sienta las imágenes de un modo más abierto y sin una guía específica".

   Otro de los elementos que aparecen en la galería es un cuaderno de esbozos del propio autor, donde se recogen las primeras líneas de una confección premeditada a las que, después, Barceló convertiría en fotografías a través de su cámara.

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   EL COLOR

   Entre las 25 fotografías de este proyecto, sólo una de ellas está en color. Según ha explicado el mallorquín todo tiene su razón: "Yo no tengo ningún problema con el color, y ya he hecho obras a color antes. Creo que cada uno de los trabajos te pide algo, y éste me pedía trabajar en blanco y negro".

   Tal y como ha detallado Barceló, estos dos colores, sin ser mejores ni peores que el resto, "aportan un valor diferente a la imagen y permiten el juego con la atemporalidad. Permiten que el retrato se quede suspendido en el tiempo".

   La única foto que hay a color es para "representar la festividad de la Pachamama de la cosmovisión andina, en la que es primordial la sangre". Al estar a color, se evidencia el flujo sanguíneo en el retrato, como un guiño a los rituales indígenas.

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