Héctor Garrido, el fotógrafo español de las grandes figuras cubanas

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HÉCTOR GARRIDO FOTÓGRAFO
CASA DE AMÉRICA
Actualizado 06/02/2018 9:28:19 CET

   MADRID, 6 Feb. (Notimérica) -

   Si hubiese un incendio y tuviese que salvar uno solo de los 250 retratos que componen su exposición, dice con cara de terror el fotógrafo español Héctor Garrido, seguramente fuese el de su mujer, la actriz Laura de la Uz, "pero por una cuestión de amor incondicional, si se quemaran el resto creo que me moriría". Habla de la colección 'Cuba Iluminada', un proyecto al que ha dedicado los últimos seis años de su vida que consiste en retratar a cuantas más personalidades de la cultura, las artes y el deporte del país caribeño sea posible.

   Charlar con él es viajar, sin salir de la Casa América de Madrid donde se exhibe la exposición, a esa Cuba intelectual y bohemia. Es sentir que conoces, gracias a sus anécdotas infinitas, a personajes como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y otros muchos que con sus letras, sus poemas, sus interpretaciones o sus obras han ido construyendo la historia de este país al margen de su plano político.

   Cuando se le presentó esta posibilidad, reconoce a Notimérica en un momento del paseo entre sus retratos, nunca imaginó la dimensión que alcanzaría ni cómo transformaría su vida, incluyendo el aspecto personal. Acostumbrado a la fotografía científica y a mostrarle al mundo el parque de Doñana como seguramente nadie lo vuelva a hacer, haciendo perpetua gracias a su cámara la mejor radiografía de este parque natural al sur de España, se trasladó a La Habana con la idea de retratar, en un inicio, a las cien personalidades más famosas del mundo de la cultura.

   Con la lista en la mano, comenzó a llamar uno por uno a todos los protagonistas, que fueron dando vida y forma a 'Cuba Iluminada' y, sin saberlo, también a él mismo, pues el fotógrafo reconoce que cuando retrata a otras personas, en realidad, se está retratando a sí mismo. "Un retrato es una representación de lo que yo siento en ese momento por esa persona a través del retrato", explica, por lo que el retratado, dice, es él, pero utilizando la carcasa de esa persona que al final queda inmortalizada bajo su visión particular.

   El proyecto fue tomando forma y La Habana cada vez le atrapaba más, por lo que trasladó allí su residencia, donde incluso ha abierto un hotel. De la sesión de fotos al novelista Leonardo Padura salió "una de las amistades más sinceras", de la que le hizo a la actriz Laura de la Uz un noviazgo que terminó en boda y de las de muchos otros, un montón de anécdotas que recuerda entre sonrisas, como las que le sacó la cantante Lucrecia, a la que se refiere como "la mujer que ha venido a suplir la ausencia de Celia Cruz".

   De entre todos sus retratos, el único que aparece de espaldas es el cantautor Silvio Rodríguez. El 'trovador de Cuba', cuyas letras son referente de lucha para la clase obrera de medio mundo, fue fotografiado en uno de los conciertos gratuitos que cada pocas semanas ofrece por los barrios más marginales del país.

   - ¿Por qué así, señor Garrido?

   - Esos conciertos son precisamente los que hacen grande a Silvio. Más que a él, quise retratar a su público; esa emoción en las gentes de los barrios con cada uno de sus conciertos, a las viejecitas y a los vecinos asomados a los balcones. Además, poca gente puede decir que ha visto un espectáculo de Silvio Rodríguez bajo el mismo prisma desde el que él los ve.

   Su anécdota más graciosa la vivió con Carilda Oliver, la poetisa de la provincia de Matanzas símbolo indiscutible de la poesía erótica. Fotógrafo y musa estaban en un lugar por el que pasaba gente continuamente que se paraba a saludarla y a la que ella atendía con amabilidad. Al ver que el tiempo se le echaba encima, le espetó un: 'Carilda, por favor, mírame y sedúceme, sedúceme', a lo que ella respondió: 'Garrido, te salva que soy una anciana, si no me daría igual que estuviera aquí toda esta gente'. "Tenía 82 años cuando la retraté y seguía siendo todo sensualidad, fue muy halagador", explica aún ruborizado, y eso que de esto hace ya cuatro años.

   Desde que el fotógrafo pisó Cuba tenía claro que Pablo Milanés sería uno de los elegidos, pero en aquel tiempo el cantautor estaba enfermo. Garrido cuenta que el músico le mandaba mensajes "muy amables" en los que le decía que no era el momento de participar y, aunque el proyecto estaba prácticamente listo, él se veía incapaz de presentarlo sin su retrato... hasta que un día su mujer llamó diciendo que Pablo había accedido. Ese no fue solo el momento de preparar sus fotos, sino también el de planear la preparación del libro que lleva el mismo nombre que el proyecto fotográfico.

   Después de todos aquellos mensajes con negativas, de Milanés también cuenta que recibió "una de las llamadas más bonitas que he tenido en mi vida". El día de la sesión de fotos le regaló 'Fractales', su libro anterior en el que se recogían todas aquellas imágenes de Doñana. Al día siguiente sonó su teléfono móvil. Era el cantautor, que le dijo literalmente: 'Me ha gustado tanto tu libro, que desde ahora cada vez que pierda la inspiración recurriré a él'. Quien conoce su carrera puede entender lo que debe suponer que Pablo Milanés diga algo así del trabajo de uno.

   Así, detrás de cada uno de los 250 retratos que hasta el momento forman parte del proyecto y de lo que el público puede apreciar, Garrido tiene cientos de historias vividas, además de muchos miles de disparos.

   Y hablando de disparos, a la pregunta básica para cualquier fotógrafo: '¿y si le quedara un solo disparo en su cámara, para quién sería?', Garrido se hiela de nuevo, como con la pregunta del incendio, como suplicando que eso que se ha pronunciado en voz alta no ocurra jamás. "Creo que me bloquearía, me sentiría tan inseguro que no sé qué haría con él, pero igual no lo dispararía nunca", dice quien se toma la fotografía como un arte y no como una mera profesión.

   Le gustaría replicar el proyecto en otros países. Hacer un 'Japón Iluminado', un 'Haití Iluminado' o por qué no, una 'España Iluminada', pero por el momento continúa con su Cuba, recorriendo ahora los lugares más recónditos, donde parece que el arte está todavía en ebullición.