Catalina, exniña soldado colombiana: "No es hora de estar cogiendo un arma", "es hora de prepararnos para ser el futuro"

Catalina y Manuel, en su comparecencia con los responsable de Ciudad Don Bosco
EUROPA PRESS
Publicado 09/02/2017 15:39:55CET

Dos jóvenes colombianos hacen un llamamiento a la paz y la desmovilización tras su experiencia traumática con las FARC

MADRID, 9 Feb. (EUROPA PRESS) -

Catalina, una exniña soldado de la guerrilla colombiana, ha hecho este jueves un llamamiento a favor de la desmovilización de los menores que siguen en las filas de los grupos guerrilleros, a los que ha trasladado que "no es hora de estar cogiendo un arma" sino de "prepararse" para ser "el futuro del país".

"El mensaje que les dejo para los niños es que no es hora de estar cogiendo un arma, es hora de estar cogiendo un cuaderno y un lápiz para estudiar y prepararnos para ser el futuro del país", ha asegurado esta joven colombiana que estuvo en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de los trece a los 16 años y que ahora aboga por la paz y la desmovilización.

La joven ha comparecido en rueda de prensa en la Embajada de Colombia acompañada por Manuel, otro exniño soldado que también estuvo con las FARC y que, como ella, ha logrado reintegrarse en la sociedad civil gracias a la ayuda de las Misiones Salesianas en el Centro de Atención Especializada Ciudad Don Bosco de Medellín.

Manuel y Catalina (los dos son nombres ficticios) han contado su experiencia en Ciudad Don Bosco y cómo consiguieron recuperar la normalidad y cambiar las "pesadillas" por "sueños" de un futuro mejor. Los dos han asegurado que han perdonado a todos los que les hicieron daño cuando estaban en las filas de las FARC.

Catalina ha explicado que ella entró en la guerrilla por "problemas familiares". Su padrastro le pegaba y un día intentó abusar sexualmente de ella, lo que le llevó a contárselo a su madre, que no le creyó. En ese momento, dio el paso de abandonar el hogar y terminó sumándose a la guerrilla.

Por su parte, Manuel ha contado que entró en las FARC por "curiosidad" cuando tenía ocho años. Entró junto a su hermano porque los dos sufrían las dificultades de una familia que tenía escasos recursos y tomó la decisión de abandonar la guerrilla cuando las FARC mataron a su hermano porque "se saltaba las reglas".

"El perdón sí se puede", ha afirmado Catalina, al ser preguntada sobre si han sido capaces de perdonar a todos aquellos que les hicieron daño en su etapa en la guerrilla. "En esta vida si tú no perdonas, te van a quedar cicatrices", ha afirmado Catalina, que vio morir a un compañero con el que tenía una relación porque le protegió de los disparos de militares del Ejército tras un bombardeo.

Manuel también ha subrayado la importancia de perdonar porque la propia sociedad colombiana perdona a los niños soldado que se han desmovilizado y ha hecho hincapié en un mensaje de esperanza para los menores que dejan las armas porque "todo en la vida se puede hacer".

Los dos jóvenes colombianos, que ahora tienen 19 años y que hace tres que dejaron las FARC, han asegurado que siempre se han sentido "apoyados" durante su proceso de reinserción en la sociedad civil y se han mostrado esperanzados en cuanto al futuro. "Nos hemos sentido acogidos", ha afirmado.

Sobre su futuro en unos diez años, Catalina ha dicho que le gustaría ser "enfermera profesional" y, "más adelante", "abogada de derechos de los niños" y "líder de la paz", mientras que Manuel ha asegurado que se ve "siendo una persona libre, tomando sus propias decisiones, en un país en el que realmente uno pueda caminar y andar por la noche a solas sin pensar más en violencia".

Los dos exniños soldado han dejado claro que no esperaban el rechazo al acuerdo de paz en el referéndum celebrado en Colombia pero han subrayado su confianza en que la paz se consolide y no haya más violencia.

Los dos han coincidido en que si volvieran a encontrarse con miembros de las FARC intentarían ayudarles en su "nueva vida" en el camino a la reinserción y hacia la paz y han dicho que ya no comparten los "ideales" de la guerrilla. "Para obtener la paz es mejor perdonar", ha asegurado Manuel.

Catalina ha contado que ya ha podido superar las problemas familiares y que se ha reconciliado con su madre, con la que ahora tiene una relación madre-hija llena de afecto. Manuel también ha subrayado la importancia de reconciliarse con la familia y de perdonar.

UN DOCUMENTAL SOBRE LOS NIÑOS SOLDADO DESMOVILIZADOS

Catalina y Manuel son dos de los protagonistas del documental 'Alto el fuego', en el que varios niños soldados desmovilizados en Colombia cuentan cómo ha sido su experiencia, sus traumas de la guerra y el proceso de reincorporarse a la vida civil con la ayuda de los misioneros salesianos en el centro Ciudad Don Bosco de Medellín. La película, dirigida por Raúl de la Fuente, se estrena este jueves por la tarde en el Ateneo de Madrid.

En los últimos catorce años, Misiones Salesianas ha ayudado a unos 2.300 menores de edad que han abandonado los grupos guerrilleros para incorporarse a la vida civil en Colombia.

Rafael Bejarano, el director de Ciudad Don Bosco de Medellín, ha explicado que el trabajo de su centro cuando recibe a los niños que dejan los grupos guerrilleros se basa en generar "confianza" y en que "el muchacho se sienta acogido".

En este sentido, ha asegurado que los menores son "actores y constructores de la paz" y ha recordado que han sufrido situaciones muy traumáticas, marcadas por la violencia física y sexual pero también por el castigo continuo.

DE LA PEDAGOGÍA DE LA CONFIANZA A LA DE LA ALIANZA

El trabajo de Misiones Salesianas con los niños desmovilizados se divide en tres fases: la primera, de "pedagogía de la confianza", en la que se crean "vínculos" con los menores; la segunda, de "pedagogía de la esperanza", en la que se reconstruyen las historias familiares y los vínculos afectivos y se fomenta el desarrollo de sus habilidades; y la última, de "pedagogía de la alianza", basada en preparar a los adolescentes o jóvenes para su reinserción y autonomía personal y social.

Por su parte, el responsable de Programas de Protección de la Infancia de Ciudad Don Bosco, James Areiza, ha explicado que en el trabajo con los niños que dejan los grupos guerrilleros es "fundamental" la capacidad de "escucha", para conocer sus problemas y darles el apoyo psicológico que necesitan a lo largo de un proceso que, tras el perdón, el compromiso con la convivencia y el rechazo a la violencia, llega a una fase de "fortalecimiento social" del individuo para que pueda volver a una vida civil.

Son los propios niños y adolescentes los que promueven y aceptan un pacto de "convivencia" y de "no violencia" y, posteriormente, son ellos también los que hablan de la necesidad de una "reparación", dejando de lado el término "castigo" al que les habían acostumbrado en la guerrilla, según Areiza.

Por último, Catalina ha dejado clara su apuesta por "la causa por la paz" en Colombia, una paz basada en "ayudar de corazón" y en "perdonar" todas las "cicatrices" sufridas. "Si sale de acá", ha dicho, señalándose el corazón, "es una expresión de amor".

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