Hernández asume la Presidencia de Honduras en medio de protestas por su polémica reelección

Honduran President Juan Orlando Hernandez waves beside his wife, Ana Garcia de H
REUTERS / JORGE CABRERA
Actualizado 29/01/2018 8:42:24 CET

TEGUCIGALPA, 27 Ene. (Reuters/Notimérica)-

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, ha asumido este sábado un nuevo mandato de cuatro años, tras una polémica reelección en noviembre, que la oposición denunció como fraudulenta y que ha provocado protestas opositoras.

Hernández, un abogado conservador aliado de Estados Unidos, deberá gobernar en un ambiente de alta tensión por las amenazas de la oposición de seguir reclamando en las calles del país centroamericano, uno de los más violentos y pobres de Latinoamérica, azotado por las pandillas y el narcotráfico.

La estrecha victoria de Hernández por un 1,53 por ciento de los votos fue reconocida por gran parte la comunidad internacional, incluyendo México y Washington, pese a que la Organización de Estados Americanos (OEA) aseguró que es imposible tener certeza sobre el resultado y recomendó nuevos comicios.

A unos cuatro kilómetros del estadio donde Hernández ha tomado posesión para su segundo mandato consecutivo, unos pocos miles de manifestantes lanzaban piedras a los militares y policías que respondían con gases lacrimógenos para dispersar la marcha.

La manifestación era comandada por el excandidato de la alianza opositora, Salvador Nasralla, un presentador de televisión, y su aliado, el derrocado expresidente izquierdista Manuel Zelaya.

"Estamos protestando la instalación en el poder del dictador Juan Orlando Hernández que, con un gran fraude escandaloso, se ha robado la presidencia en contra de la voluntad del pueblo", ha declarado Antonio Tejada, un obrero de 33 años que manifestaba en Tegucigalpa. "Vamos a seguir luchando porque se vaya del poder".

La asunción de Hernández fue excepcionalmente transmitida en cadena de radio y televisión para, dijeron críticos del Gobierno, evitar que la población viera las protestas.

Hernández, de 49 años, ha tomado posesión en un breve acto en un estadio de Tegucigalpa en el que ha prometido "reconciliación", ante la ovación de autoridades, militares y miles de asistentes que ondeaban las banderas azules de su Partido Nacional.

"Quiero agradecer a los hondureños, sin importar por quién votaron. Mi compromiso es trabajar para todos", ha declarado en su primer discurso como mandatario reelecto.

"Me comprometo a realizar un proceso de reconciliación entre todos los hondureños", ha agregado mientras los asistentes gritaban "unidad, unidad". "Tenemos que sentarnos a dialogar sobre lo que producen las diferencias (...) no hay diferencia política que justifique la violencia".

NUEVO MANDATO

Al menos 37 personas han muerto en los enfrentamientos entre seguidores de Alianza de Oposición Contra Dictadura y fuerzas de seguridad, según la organización Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH). El banco central ha advertido que los bloqueos y marchas podrían afectar a la debilitada economía hondureña.

El mandatario, que defiende la transparencia del proceso y descartó celebrar nuevos comicios, puso en marcha su nuevo gobierno con el nombramiento de Santiago Ruíz, expresidente del poderoso gremio Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), como ministro de Agricultura y Ganadería.

Hernández ha prometido mantener su estrategia de mano dura en el combate a los carteles de la droga y las pandillas, después de reducir el índice de homicidios casi un 50 por ciento durante su primer mandato pese a las denuncias de abusos a los derechos humanos de activistas y ONG.

El mandatario ha sido aplaudido por los mercados por su disciplina fiscal, con la que redujo el déficit en unos cinco puntos porcentuales a un 3,2 por ciento del Producto Interno Bruto.

Durante su primer mandato, el crecimiento económico se aceleró a un 4,2 por ciento en 2017 desde un 2,8 por ciento en 2013 y Hernández prometió que la economía seguirá creciendo.

Sin embargo, sus críticos reclaman que la mejora de las cifras no ha beneficiado a la mayoría del país, donde seis de cada 10 personas viven bajo el umbral de pobreza y decenas de miles deciden emigrar a Estados Unidos cada año buscando mejores oportunidades.