Los manifestantes reclaman más presión internacional contra Ortega para que ceda a la vía democrática

Cruces en recuerdo de los muertos durante las protestas contra Daniel Ortega
REUTERS / JORGE CABRERA
Actualizado 14/07/2018 21:43:14 CET

"El Gobierno ha dado muestras de que está dispuesto a quedarse", aunque a este paso "va a gobernar cementerios"

MADRID, 14 Jul. (EUROPA PRESS)  -

Nicaragua vive "una de las páginas más tristes de su historia". Desde hace tres meses la población se ha echado a las calles para reclamar una "democratización" que esperan alcanzar a través del diálogo. Sin embargo, el presidente, Daniel Ortega, se resiste y por eso ahora miran hacia la comunidad internacional para que le obligue a dar paso a unas "elecciones libres".

"La chispa" que hizo estallar las peores protestas contra el Gobierno de Ortega en sus quince años de mandato (1985-1990 y desde 2007 hasta la actualidad) fue una reforma de la seguridad social que contemplaba "medidas totalmente impopulares" --aumentaba la contribución de empresarios y trabajadores y por primera vez ponía a cotizar a los jubilados--, cuenta en una entrevista con Europa Press Jorge Huete, vicerrector de la Universidad Centroamericana (UCA), uno de los actores clave en la movilización estudiantil.

Huete, que se encuentra en España con motivo de un foro sobre la situación de los Derechos Humanos en Nicaragua organizado por Entreculturas y ALBOAN, explica que en realidad el país era "una olla a presión". La reforma de la seguridad social sirvió para expresar "el descontento de la población por el régimen establecido por Ortega en 2007". "En estos once años ha destruido el sistema democrático. Aunque formalmente existe, en la práctica todos los poderes están sometidos al presidente. No hay manera de que pueda haber alternancia en el poder", denuncia.

Ortega ha respondido a las manifestaciones con una represión que, según han señalado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se ha traducido en graves abusos. Más de 350 personas han muerto y cientos han sido detenidas y retenidas de forma arbitraria, de acuerdo con los informes de ambos organismos.

"El Gobierno está masacrando a la población" y para eso se ha servido de la Policía y de "un ejército irregular que anda patrullando las ciudades de Nicaragua para sembrar terror", describe Huete. "Las calles están vacías (...), sobre todo a partir de las 18.00, cuando oscurece", porque "hay gente disparando por todas partes y nadie está a salvo", relata. Solo unos pocos "valientes" se atreven a mantener el pulso a Ortega con barricadas.

"Nicaragua está sometida por un Gobierno criminal (...) que ha perdido la legitimidad para gobernar. Por eso, estamos pidiendo que ceda y dimita, pero no parece dispuesto", lamenta. Los sectores de oposición, reunidos en la Alianza Cívica, impulsaron un diálogo mediado por la Conferencia Episcopal para convencer a Ortega de la necesidad de "democratizar" el país, pero está estancado por la incesante violencia.

"EL PUEBLO HA HECHO DE TODO"
Los manifestantes intentan estos días dar un impulso definitivo al proceso con una semana de protestas que incluyen otra huelga general. "La esperanza", apunta Huete, "es persuadir al Gobierno de que la decisión que ha tomado el pueblo nicaragüense es irrevocable, de que tiene que dimitir y dar paso a unas elecciones libres".

El académico centroamericano confiesa que será difícil porque "el Gobierno ha dado muestras de que está dispuesto a quedarse", aunque a este paso "va a gobernar cementerios". En esta última fase de la "matanza", "ha cruzado todas las fronteras" con "cosas nunca vistas antes en Nicaragua", como la supresión de "derechos humanitarios", por ejemplo, negar la asistencia médica a los heridos en las protestas.

Huete defiende que el diálogo es la única solución posible porque el otro camino a seguir es la "vía armada". Para conseguirlo, cree que a nivel nacional poco más se puede hacer, una vez completada esta nueva semana de movilizaciones antigubernamentales. "El pueblo nicaragüense ya ha hecho de todo", destaca.

La Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea y Naciones Unidas han instado a Ortega y los suyos a poner fin a la represión de las manifestaciones pacíficas y a comprometerse con un verdadero diálogo que conduzca a unas elecciones que se celebren conforme a los estándares democráticos.

Para Huete, si bien es de agradecer, estos pronunciamientos no son suficientes. Interrogado sobre la posibilidad de que la OEA, la UE y la ONU sigan los pasos de Estados Unidos e impongan sanciones a Nicaragua, opina que siempre que se dirijan específicamente contra "los responsables de esta masacre" serán "eficientes".

En el caso del bloque europeo, el vicerrector de la UCA considera que España puede jugar "un rol muy importante". En primer lugar, por su "historia de apoyo y solidaridad" con Nicaragua. En segundo, porque "durante el Gobierno de Ortega ha sido una de las naciones que más ha contribuido con el país". En la situación actual, señala, "debería reconsiderar la ayuda que está dando", ya que "mucha se concentra en apoyar a la Policía Nacional, que es una policía represiva".

HACIA LA "DESORTEGUIZACIÓN" DE NICARAGUA
Huete advierte de que "la salida del presidente, de la vicepresidenta y de todo su núcleo de Gobierno", así como la celebración de elecciones anticipadas, son solo los primeros pasos. "La principal tarea", afirma, es "restaurar el sistema democrático".

"Es una tarea titánica", asume, porque se debe "desorteguizar" Nicaragua. Huete lo compara con "lo que ocurrió en Europa cuando hubo que 'desnazificar' Alemania después de la Segunda Guerra Mundial". "El sistema corrupto que estableció el Gobierno se filtró a todas las esferas del país, incluso la cultural (...) Todo eso habrá que tratarlo con calma", augura.

Pese a los obstáculos que atisba, Huete se muestra "optimista": "Nosotros confiamos en que la solución pacífica se pueda dar y se pueda dar pronto (...) Confiamos en que la presión nacional, acompañada de la presión internacional, eventualmente persuadan al Gobierno de desistir".