40 años de la Masacre de Panzós, una herida abierta en Guatemala

Masacre de panzós
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Actualizado 29/05/2018 15:44:57 CET

   CIUDAD DE GUATEMALA, 29 May. (Notimérica) -

   "A buenas fuimos y dolor encontramos", sollozó una superviviente de la Masacre de Panzós. Durante cinco minutos, decenas de indígenas Kekchís fueron masacrados en la plaza del pueblo. Habían exigido una reunión con el alcalde por la expropiación forzada de tierras de cultivo que estaban sufriendo. Este hecho sucedió el 29 de mayo de 1978 y aún se desconoce el número el número total de fallecidos.

   Debido a la masiva inmigración alemana, el 'amiguismo' entre terratenientes y autoridades, y la instalación de empresas estadounidenses, los indígenas del valle de Polochic fueron desposeídos de sus terrenos por sucesivas leyes en su contra.

   Durante años reclamaron sus derechos al Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA), pero no sirvió de nada. De tal forma que, poco a poco, comenzaron a organizarse entre ellos para buscar soluciones.

   Paralelamente a estos hechos, se sucedía la Guerra Civil de Guatemala (1960-1996), por lo que efectivos del ejército estaban desplegados por todo el país imponiendo su parecer. A comienzos de 1978, y con conocimiento del problema, un contingente militar se instaló de forma permanente en Panzós.

   

   Tras varios días de disturbios, campesinos e indígenas decidieron manifestarse el 29 de mayo de 1978. El lugar de reunión sería la plaza municipal. El alcalde se atrincheró junto a los militares en el Ayuntamiento y se negó a recibir a los manifestantes.

   Pese a que las causas del inicio del tiroteo no están claras, los militares dispararon a los manifestantes con sus armas reglamentarias y tres metralletas. El tiroteo duró tres minutos. La plaza quedó cubierta de sangre. Los militares persiguieron a aquellos que escapaban, continuando la masacre.

   Muchos de los cadáveres fueron trasladados por un tractor y enterrados en una fosa común. Otros tantos fueron tirados al río Polochic. Las noticias de la matanza corrieron como la pólvora y hasta el final de la Guerra Civil no volvió a producirse ninguna otra manifestación. Una superviviente declaró: "si estaba peleando por tierra, estaba dispuesta a dar la tierra, pero no la vida".

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