La alta burguesía iberoamericana toma el barrio más caro de Madrid

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Actualizado 14/05/2018 12:08:45 CET

   MADRID, 14 May. (Notimérica) -

   La alta alcurnia iberoamericana está expulsando del barrio Salamanca de Madrid a la tradicional, y autóctona, clase burguesa. Los edificios más emblemáticos del barrio más caro de la capital española están siendo adquiridos por familias millonarias procedentes fundamentalmente de Venezuela, Colombia y México, que pagan unas cantidades tan elevadas por estas propiedades que irremediablemente obligan a las familias madrileñas a desplazarse a barrios contiguos.

   Sobre las nueve de la mañana de un jueves soleado de mayo, el jardín interior del hall del número 11 de la calle Príncipe de Vergara capta la atención de los viandantes. José Luis, el conserje, charla amenamente con uno de los vecinos que viste ropa deportiva y se dispone a salir a hacer ejercicio. Es venezolano y tiene más o menos la misma edad que Patricia, otra compatriota que no puede atender a Notimérica porque sale en ese momento a hacer sus recados diarios. Ambos son jubilados.

   Con la venta de ese emblemático edificio cercano al retiro en el año 2012 a un pequeño grupo inversor venezolano comenzó este fenómeno. Inversores que, asustados por la devaluación de la moneda en sus países de origen, así como por lo que consideran falta de seguridad jurídica, comenzaron a invertir sus fortunas en propiedades españolas, posiblemente también motivados por la ley que el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2013 por la que aquellas personas que invirtiesen más de 500.000 euros en vivienda adquirían automáticamente la residencia en España.

   Las familias más poderosas de Iberoamérica han encontrado en el barrio Salamanca la mezcla perfecta entre seguridad y glamour. La seguridad se la proporciona el hecho de saber que están invirtiendo sus activos en inmuebles que difícilmente perderán valor y el glamour, el saberse parte de la tradicional burguesía madrileña. Por esta razón, explican a Notimérica desde diversas inmobiliarias de la zona que trabajan únicamente con pisos exclusivos, prefieren el barrio Salamanca que urbanizaciones como La Finca, en la localidad de Pozuelo.

   A estas nuevas fortunas, aseguran, les gusta sentirse parte de la 'jet' española, salir a pasear y dejarse ver. Y esto último, advierten, no se lo ofrecen los "nuevos barrios ricos, sino las calles del centro".

   Ese edificio de catorce viviendas en Príncipe de Vergara fue vendido por veinticuatro millones de euros a un grupo de inversores que rehabilitaron el inmueble y construyeron viviendas de lujo. Lo mismo que ocurrió con otra finca de la calle Lagasca, concretamente en el número 19. En ella, 10 apartamentos totalmente rehabilitados en los que no vive nadie. En la propiedad tan solo se encuentra Alejandra, la persona encargada de ir tres horas al día para hacer frente a la limpieza y el mantenimiento del edificio.

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   Cuenta Alejandra a Notimérica que desde que en 2015 se adquirieron estas viviendas, la mayoría de ellas por ciudadanos mexicanos, han permanecido prácticamente cerradas. "Ni siquiera las tienen alquiladas, vienen dos o tres días al año y se vuelven a marchar", confiesa.

   Sobre la identidad de estos propietarios, secretismo total. Tampoco los vecinos de los bloques y comercios de al lado conocen nada de sus identidades. Según Alejandra, de nacionalidad peruana, "decidieron invertir su dinero aquí porque seguramente eso les dé seguridad, pero no las alquilan porque no necesitan generar más riqueza".

   Sin dejar el barrio Salamanca, junto al comienzo de la calle Serrano, en el número 12 de la calle Salustiano Olózaga la inmobiliaria Knight Frank vendió las cuatro plantas de este edificio también a iberoamericanos. El lugar, en obras estos días, parece un búnker al que resulta imposible acceder. Como si se tratase de un guardaespaldas, en la puerta, el conserje advierte de que "por motivos de seguridad" no le es posible facilitar ni tan siquiera el número de alojamientos de los que se compone el inmueble. Ni hablar tampoco de la nacionalidad de sus propietarios ni de su ocupación.

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   La misma inmobiliaria arrojó datos esclarecedores en un informe el pasado año. El 30 por ciento de la inversión en este cotizado barrio de Madrid desde que comenzó la crisis proviene de capital extranjero. De ese 30 por ciento, el ochenta lo hace directamente de Venezuela, Colombia y México.

   En concreto, y según declaraciones de Ana Molgó, la portavoz de la inmobiliaria de pisos de lujo Barnes, mientras que los colombianos buscan inmuebles en torno a los 600.000 euros, los venezolanos y mexicanos apuestan por invertir en apartamentos que rondan los dos millones. En la mayoría de los casos son viviendas procedentes de familias adineradas de Madrid cuyos herederos no pueden mantener.

   Los otros dos bloques tomados por iberoamericanos en este barrio se encuentran en la calle Recoletos. En los números 8 y 13. Uno enfrente del otro. En el 13, el conserje no quiere ni siquiera atender a las preguntas de este medio.

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   Son alrededor de las once de la mañana y en el portal hay un gran trasiego de personas que entran y salen, todas del mismo perfil. Jubilados que han encontrado en Madrid la seguridad para invertir sus fortunas, el nivel de vida al que acostumbraban en sus países y, tal y como reconocen desde las mismas inmobiliarias, la tranquilidad de poder hacer una vida en la calle sin miedo a sufrir la violencia que en los últimos años aumenta exponencialmente en sus lugares de origen.