Colegios rurales, la injusta asignatura pendiente de Colombia

Niños, intoxicación
COLPRENSA - Archivo
Actualizado 16/06/2018 8:57:40 CET

   BOGOTÁ, 16 Jun. (Notimérica) -

   El acceso a los servicios en las zonas rurales de un país siempre es más complicado. Este es el caso de Colombia, un país en el que la educación pública en las zonas urbanas cosecha mejores resultados que en las zonas rurales.

   Según datos del Índice Sintético de Calidad Educativa (ISCE), llevado a cabo por el Ministerio de Educación del país, en el que se evalúa el progreso, el desempeño, la eficiencia y el ambiente de los centros escolares, en determinadas zonas rurales se encuentran los colegios con peores resultados.

   Las diferencias en acceso y calidad educativa siguen siendo inmensas en Colombia si comparamos las zonas más urbanizadas con aquellas más rurales. Según el documento 'Reflexiones innegociables en educación básica y media para 2018-2022', publicado por la Fundación Empresarios por la Educación, en 2015 había más de 5 millones de menores fuera del sistema educativo nacional, lo que se corresponde con un tercio de los menores del país.

   De estos cinco millones de niños, niñas y adolescentes que no acudían al colegio, el 40 por ciento vivían en zonas rurales --dato preocupante teniendo en cuenta que están menos pobladas--, la mayor parte de ellas afectadas por el conflicto armado. A pesar del Acuerdo de Paz, las consecuencias de décadas de guerra se mantienen.

   Las diferencias educativas dentro del mismo territorio son preocupantes. El ISCE revela datos como la media de años que los menores permanecen dentro del sistema educativo colombiano, una media de 9,6 años en el caso de las zonas urbanas y de 5,5 años en las zonas rurales. El documento detalla que "un niño de la ciudad está recibiendo más de un 50 por ciento adicional de educación que uno del campo".

   Las cifras de abandono escolar también son preocupantes: el doble de menores en primaria y secundaria abandonan el colegio. De hecho, el informe recoge que el 13,8 por ciento de los menores entre 12 y 15 años que viven en zonas de campo no van al colegio.

   Las diferencias en las cifras se reflejan también en los servicios básicos con los que cuentan los centros educativos, incomprensibles dentro del mismo estado. Ejemplo perfecto de esto es el hecho de que solo el 37 por ciento de los colegios rurales cuentan con agua potable, mientras que en las ciudades la cifra es del 100 por cien.

   Si se pone el foco en otros servicios, como el acceso a internet, ocurre lo mismo: el 91 por ciento de los centros en áreas urbanas cuentan con él mientras que en el caso de colegios rurales solo son el 53 por ciento. Lo mismo ocurre con la electricidad o la línea telefónica, factores que aumentan la brecha entre el campo y la ciudad.

   El mayor índice de pobreza en las zonas rurales, el inmenso impacto que ha tenido el conflicto armado y cierta dejadez por parte de los diferentes gobierno ha supuesto que la brecha entre ricos y pobres se asocie a rural-urbano, una brecha que no deja de crecer. "Se estima que de seguir al mismo ritmo de los últimos años, Colombia pasará a ser el país con mayores brechas entre ricos y pobres para finales del próximo gobierno", incluye este documento.

   Estas diferencias repercuten en que los resultados de los estudiantes en las zonas urbanas y en las rurales disten mucho de estar cerca. La subdirectadora de la Fundación ExE, Luz Emith Castro, ha declarado que este es el reflejo de la desigualdad que sufre el país: "Tenemos una deuda histórica con la ruralidad. Las condiciones educativas de las zonas abandonadas por el Estado y afectadas por el conflicto armado son críticas. Estamos profundizando iniquidades y condenando a generaciones completas a condiciones de pobreza estructural, y eso tiene que cambiar".

   La situación de la educación en el campo es precaria, lo que produce una brecha social y económica que no ha hecho más que crecer. La promoción de políticas de desarrollo integral se hacen fundamentales para la mejora de la situación del campo, una deuda que el estado arrastra desde hace décadas y la que, con la entrada de un nuevo presidente en La Casa Nariño este domingo 17 de junio, podría tener solución.