Día Internacional contra la Homofobia, una deuda pendiente con la libertad y la sociedad

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Actualizado 17/05/2018 10:24:05 CET

   MADRID, 17 May. (Notimérica) -

   Cada 40 segundos, en alguna parte del mundo, una persona se suicida. El colombiano de 16 años Sergio Urrego entró a engrosar esa cifra espeluznante que divulgó la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero antes de hacerlo dejó por escrito todos los indicios que apuntaban que su muerte estuvo fuertemente relacionada con la discriminación que vivió en su colegio por ser gay.

   "Esta carta se ha escrito con el fin de esclarecer ciertos datos acerca de la denuncia de acoso sexual que han puesto los padres de mi expareja. Lo hago de manera escrita debido al suicidio que he cometido y porque no quiero que los 16 años de vida que tuve se hallen con una oscura mancha llena de mentiras".

   Así empieza una de las cartas que Sergio Urrego dejó en su casa una hora antes de quitarse la vida. Se lanzó de la terraza del centro comercial Titán Plaza en Bogotá, el 4 de agosto de 2014.

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   "Mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraíso", es el lema que dejó al mundo el joven colombiano. Así pensaba Urrego, para quien el amor no era una cuestión de géneros, de hombres y mujeres que se casan y reproducen.

   La historia de "linchamiento" hacia el joven comenzó cuando un profesor de su instituto vio una foto de él besándose con otro chico. El docente envió el caso a la dirección y ambos chicos fueron llevados a "psicorientación". Allí les dijeron que estaban cometiendo una falta grave porque en el manual de convivencia estaban prohibidas "las manifestaciones de amor obscenas, grotescas o vulgares en las relaciones de pareja dentro y fuera de la institución".

   Aunque Urrego contaba con el respaldo de sus padres, el colegio era el mayor obstáculo para el colombiano y su pareja. Unido a esta presión en la escuela, los padres de su novio interpusieron una denuncia contra él por acoso sexual, un duro golpe para el joven que nunca logró superar y que le condujo hasta acabar con su vida.

   La historia de Sergio Urrego acabó de la peor manera posible como consecuencia de un crimen de odio llamado homofobia que, tristemente, todavía persiste. Aunque con el tiempo ha ido evolucionando positivamente.

   Era 17 de mayo de 1990. Amar a alguien del mismo sexo dejaba de ser el resultado de un trastorno mental o genético para la OMS. La máxima autoridad en cuestiones sanitarias retiraba la homosexualidad de su clasificación internacional de enfermedades y, 14 años después, activistas del movimiento Lesbianas Gays Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (LGBTI) elegían este mismo día para señalar la necesidad de seguir luchando contra otra enfermedad, en este caso, de la sociedad: la homofobia.

   Hay mucho que celebrar desde aquel día pero queda aún más por enseñar a las próximas generaciones para que la tolerancia sea un valor innato el día de mañana.