Gabriel García Márquez, recordando aquella tarde remota en la que se fue

ELIANA APONTE / REUTERS
ELIANA APONTE / REUTERS
 
Actualizado 17/04/2018 17:17:50 CET

   BOGOTÁ, 17 Abr. (Notimérica) -

   Desde que somos pequeños escuchamos a nuestra familia recitar en alto y bien fuerte: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo (...)" pero también los hay, que inmediatamente después recordamos, "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que (...)".

   El inicio de 'Cien años de soledad' es uno de los comienzos que permanece en la memoria colectiva de la historia de la literatura y sus seguidores recordamos, cada vez que lo mencionan, al colombiano García Márquez que nos dejó en un día como hoy hace tres años.

   Se trata de su libro más reconocido y el que todavía, a día de hoy, estudiantes y docentes, tienen que leer (o releer) en clase de Lengua española casi como si fuera un manual de instrucciones, como diría Cortázar, de cómo escribir con maestría y distinción. Y es que, el uso de mil palabras, de adjetivos surrealistas y momentos inolvidables caracterizan todos sus libros de principio a fin.

reuters

   El escritor nació en Colombia, pero podemos considerarle ciudadano del mundo. Su influencia en las letras y su reconocimiento académico lo llevaron a ser galadornado en 1982 con el premio Nobel de Literatura. Dotado de una gran libertad expresiva, García Márquez --'Gabo' para los amigos-- se permitió el lujo de hablar sobre las complicaciones del amor en 'Amar en tiempos de cólera' y también destacó su lado periodista en 'Crónica de una muerte anunciada'.

   Es uno de los principales exponentes del realismo mágico, aquel movimiento que empezó en vanguardia y acabó en revolución. Donde las palabras se confunden entre lo abstracto y lo real como si fuera un juego y el único que supiera las reglas es el que las escribe.

   Gabo se multiplica y revive en los millones de lectores que siguen conversando con sus páginas en silencio y en la bitácora de la gratitud de quienes ya lo vienen leyendo desde hace tiempo. La invención de los mundos imaginarios que solo él veía le hicieron irrepetible.

   Mundos a los que podemos llegar andando en cada renglón porque solo se ven cuando se leen y ese es el acuerdo tácito que debe saber cualquier interesado en García Márquez. El escritor era como un libro abierto y leer sus obras es como leerle a él mismo, nunca mejor dicho.