Unas 130.000 personas mueren al año por accidentes de tráfico en América

Carretera.
Foto: EUROPA PRESS
Actualizado 22/05/2014 20:50:54 CET

    MADRID, 22 May. (Notimérica/EP) -    

   El Observatorio Latinoamericano de Seguridad Vial (OISEVI) estima que, en América Latina y el Caribe, mueren unas 130.000 personas al año, unos seis millones resultan heridos y cientos de miles continúan con discapacidades causadas por los siniestros.

   Un informe sobre la Situación Mundial de la Seguridad Vial publicado en 2013 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) advertía los accidentes de tráfico son la octava causa mundial de muerte, siendo la principal para los jóvenes de entre 15 y 29 años. Según el OISEVI, en América Latina y el Caribe los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte entre personas de 15 a 44 años.

   La OMS considera la velocidad, la conducción bajo los efectos del alcohol y la falta de uso de protecciones (cascos en ciclomotores o cinturones en automóviles) como las tres principales causas de accidentes que deben atajarse en los próximos años.

   Sin embargo, existe un factor externo al conductor que influye de forma significativa en el resultado de la conducción: el estado de las carreteras.

ESTADÍSTICAS Y MEDIDAS

   En junio de 2013 tuvo lugar un accidente en el que un autobús cayó al abismo en plena selva peruana, costando la vida a 30 personas e hiriendo a 15. El índice de mortalidad en carreteras en el Perú sitúa al país en el ranking de las carreteras más peligrosas de Latinoamérica. En su informe, la OMS, sitúa en más de 4.600 las muertes en carretera en 2010 en todo el país.

   Ampliando el foco, en toda la región mueren al año más de 5.100 niños menores de 14 años en accidentes de tráfico, según el estudio 'Asientos de seguridad para niños. Situación en Iberoamérica y el Caribe' realizado por el Instituto de Seguridad Vial de Fundación Mapfre.

   Cambiar las trágicas estadísticas citadas anteriormente pasaría por                                                                                                                                                       el establecimiento de leyes de seguridad vial más restrictivas que reduzcan o igualen a 50 km/h la velocidad a alcanzar en zonas urbanas. La OMS es clara con esto: únicamente el 7 por ciento de la población mundial está cubierta por leyes integrales a este respecto. De ese 7 por ciento, únicamente cinco países latinoamericanos cumplen esta condición con leyes integrales modificables por las autoridades locales.

   Más alentadoras son las estadísticas en lo que a las leyes concernientes a la conducción bajo los efectos del alcohol y las del uso de casco y cinturón, que cumple casi toda Latinoamérica en su totalidad, aunque destacan las lagunas existentes en Bolivia en ambos casos.

   El Fondo Económico Mundial publicó en 2012 un informe sobre Infraestructura y Tecnología en América Latina en el cual calificaba el estado de las carreteras de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Panamá, Brasil, México, Venezuela y Perú. De los países auditados, sólo Chile supera el 5, con un 5,6 sobre 10. Colombia y Venezuela son los que peor calificación obtienen, con un 2,6 ambos.

   Cabe destacar que una mala gestión de la seguridad vial en todas sus vertientes tiene, además, una influencia negativa sobre el Producto Interior Bruto (PIB) de los países afectados. El Informe Mundial sobre la Prevención de Traumatismos (IMPTCT) indica que las pérdidas anuales por estos sucesos suponen el 1 por ciento del PIB y el 1,5 por ciento en los países con ingresos medianos.

   Pero las políticas no han de afectar únicamente a la ciudadanía y las infraestructuras. Se sabe que, en sentido general, los gobiernos no han interiorizado la magnitud del problema y no se incluye en los presupuestos generales la financiación del estado de las vías y la instalación de medios y equipos de señalización.

   La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) considera insuficiente la gestión efectuada en el proceso de datos y ha denunciado la ausencia de estadísticas sobre los principales indicadores de la accidentalidad y la falta de planes para frenar el fenómeno. Únicamente 75 países en todo el mundo ofrecen datos anuales sobre traumatismos causados en accidentes y los demás no disponen de información sanitaria que puedan generar dichos datos.

LAS CARRETERAS MÁS PELIGROSAS DEL MUNDO

   Según datos del Banco Mundial, en lugares como Perú o Ecuador, las carreteras regionales en buen estado no superan el 15 por ciento del total, mientras que en Brasil, Colombia o México, no existen datos al respecto. Aunque con las carreteras nacionales en buen estado los datos mejoran sensiblemente, ningún país excepto Guatemala y Argentina superan el 30 por ciento. Pero los datos pueden ser más preocupantes aún si se compara el elevado número de carreteras regionales existentes frente al de carreteras nacionales.    

   Una de las carreteras consideradas más peligrosas del Planeta se encuentra en Bolivia, se trata de la carretera que conecta La Paz con Yungas, cuenta con unos senderos muy angostos y sin asfaltar, unos barrancos de 800 metros de profundidad y se sitúa a una altitud de 3600 metros sobre el nivel del mar. Aunque ha sido sustituida por una carretera más segura, en 2011 se cobró 42 vidas en más de 100 accidentes.

   El llamado Espinazo del Diablo es la carretera 40 de México y une Mazatlán con Durango. Es estrecha, está mal asfaltada y posee una configuración geológica similar a la de Yunga, atravesando barrancos y estando situada a 2000 metros de altura, que, acompañados de una profunda niebla, dificultan tremendamente su tránsito.

   Otra de las carreteras a tener en cuenta en Latinoamérica es la que transcurre por el desierto de Atacama, en Chile, y une Arice e Iquique. No se trata esta de una carretera cuyas curvas y angostura sean un problema. Todo lo contrario, porque en este caso es la monotonía de su rectitud y paisajes lo que eleva su peligrosidad.

   Claro que no todas las carreteras más peligrosas y espectaculares se encuentran en Latinoamérica y, de hecho, las carreteras presentadas sobre estas líneas son acaso una anécdota respecto del resto de la infraestructura vial de la región y reciben un porcentaje mínimo de tráfico. Sin embargo y, como muestran los datos del Banco Mundial, el mayor peligro está en todas aquellas carreteras rurales, locales y urbanas que no se publican y que se llevan cientos de vidas al año.