Iberoamérica, la región con más agua dulce del mundo y su grave sequía

Sequía
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Publicado 12/05/2018 7:29:36CET

   MADRID, 12 May. (Notimérica) -

   A pesar de ser la región con más agua dulce de la tierra, Iberoamérica sufre graves problemas de abastecimiento de agua, un problema que se agudiza en las zonas centrales y rurales del subcontinente. Más de 50 millones de iberoamericanos no tiene acceso a agua a pesar de que la región contiene una tercera parte del 2,5 por ciento de agua dulce total del planeta.

   Las precipitaciones tampoco son un problema en una zona en la que la media anual de lluvias alcanza los 1.600 milímetros, cifra que alcanza los 2.000 en la cuenca del río Amazonas. Es la gestión de estos recursos la que falla, un problema más político que geográfico.

   El presidente del Tribunal Latinoamericano del Agua, Javier Bogantes, explica que esta "es una escasez inducida. Tiene que ver sobre todo con la falta de un ordenamiento territorial eficaz, el diseño de políticas erróneas y la monopolización del acceso al agua, que están provocando una gran vulnerabilidad hídrica".

   La problemática del agua, como en todos los conflictos, es más aguda en las zonas más pobres. Ejemplo perfecto de este fenómeno es Nicaragua, país en el que el acceso a agua potable alcanza al 99 por ciento de la población en las zonas urbanas pero que no supera el 69 en las zonas rurales. Esta inmensa brecha se traslada a otros países, como son Colombia, Bolivia o Perú.

   "Las comunidades campesinas e indígenas son las más castigadas por las llamadas guerras por el agua. Sin embargo, en algunas zonas urbanas la escasez hídrica es más notoria por la alta concentración de gente y la vulnerabilidad de algunas grandes ciudades como Santiago, La Paz o Lima. Nuestros países logran atenuar las consecuencias de la escasez hídrica desprotegiendo las zonas rurales", ha explicado el director del Obsevatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), Lucio Cuenca, según ha publicado 'Esglobal'.

   Los problemas de acceso al agua se traducen, por ejemplo, en que a día de hoy 107 millones de personas dependen de sistemas de eliminación de residuos presenciales, como letrinas o fosas sépticas. Esto se convierte en el aumento de vertidos a aguas, lo que termina por convertir los ríos en basureros, algo que agrava más el problema de escasez.

   Estos problemas arrastran externalidades negativas muy graves. En Iberoamérica fallecen unas 150.000 personas al año por enfermedades relacionadas con el agua, el 85 por ciento de los cuales son niños y niñas menores de cinco años. La soberanía alimentaria de los pueblos también se ve amenazada por la escasez de agua potable. Otro de los problemas añadidos a la escasez de agua son los desplazamientos ambientales forzosos.

   Además de ser un bien limitado y escaso, el agua sufre de una mala gestión. Actividades como la agroindustria, los monocultivos forestales y de alimentos o la ganadería consumen una gran cantidad de agua, lo que ha supuesto que "en las últimas décadas (...) muchos países de la región se sumen a la lista de escasez hídrica y sufran sus consecuencias".

   Si bien la solución al problema del agua en la región no es sencilla, si lo es el diagnóstico del problema: la gestión humana. La búsqueda de una mayor eficiencia en aguas es vital para el desarrollo de estos países, una eficiencia inexistente si tenemos en cuenta que de toda el agua producida aproximadamente la mitad se pierde, sobre todo debido a fugas físicas. Solo mediante una gestión responsable se podrá revertir la grave crisis del agua que sufre la región.