Lujo, exceso y poder: la escandalosa vida del hijo ilegítimo del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo

Ramfis Trujillo
YOUTUBE
Publicado 28/12/2017 10:10:37CET

   SANTO DOMINGO, 28 Dic. (Notimérica) -

   El 28 de diciembre de 1969 murió Rafael Leónidas Trujillo Martínez, hijo del dictador dominicano de mismo nombre, en Madrid (España). Ramfis, nombre con el que era conocido por la mayoría, murió a los 40 años a consecuencia de un accidente de tráfico que sufrió cuando se dirigía a su casa situada en la exclusiva urbanización madrileña de La Moraleja.

   En el momento del accidente, su Ferrari 330 GT colisionó contra el coche conducido por la duquesa de Alburquerque, Teresa Betrán de Lis, quien falleció ese mismo día. Aunque el dominicano pudo ser trasladado hasta una clínica cercana, su situación se complicó con el paso de los días a causa de una neumonía y falleció la madrugada del 28.

   Hijo ilegítimo del dictador y de una inmigrante española, de quien se cuenta que podría haber tenido al niño con un hombre cubano, tuvo una vida llena de curiosidades desde pequeño. Cuando aún no había cumplido los seis años, su padre le nombró coronel, otorgándole un salario y los privilegios propios de ese cargo. A los nueve ya había conseguido el sueño de muchos durante toda una vida: obtuvo un ascenso que le valió el título de general de la brigada.

   A pesar de su escaso interés por la vida política, luchó por complacer a su padre, quien le envió a estudiar en la Escuela de Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos en los años cincuenta. Allí comenzó su vida de desenfreno, escapándose a Hollywood con frecuencia junto a su amigo Porfirio Rubirosa, un chico dominicano de alta sociedad con quien compartió muchas anécdotas en vida y en muerte. Rubirosa sufrió la misma suerte que su colega cuando, en 1965, su Ferrari se estrelló en Paris.

   Durante sus años en Hollywood, Ramfis no dudó en despilfarrar la fortuna de su padre en coches, joyas y ropa de lujo. Muchas de aquellas adquisiciones eran regalos para las mujeres a las que pretendía. Sus relaciones con diversas estrellas del cine de la época son bastante sonadas, llegando incluso a popularizarse la frase "este automóvil no es un regalo de Ramfis Trujillo" entre las chicas de la época.

   Su comportamiento derrochador, le causó más de un problema a su padre ya que el Congreso de los Estados Unidos terminó cuestionando la ayuda exterior que estaba aportando a la República Dominicana. Además, tampoco logró obtener el titulo al acabar el curso en la escuela.

   Tras su vuelta a la República Dominicana las cosas no mejoraron para el hijo del dictador y, tanto su comportamiento como las actividades delictivas en las que estaba involucrado, provocaron que su padre le enviara a un sanatorio en Bélgica primero, y a otras instituciones mentales posteriormente.

   Según fue diagnosticado, el joven sufría trastornos psicológicos que fueron tratados, como era costumbre por la época, mediante la técnica del electroshock. Pasado un tiempo, Ramfis se trasladó a Paris para retomar su estilo de vida libre de las preocupaciones del poder y de la responsabilidad y se casó con la actriz Lita Milán, con la que tuvo dos hijos.

   Sin embargo, tras el asesinato de su padre en el año 1961, Ramfis tuvo que asumir de inmediato el poder al mando de la República Dominicana. Después de 31 años de dictadura, una conspiración había conseguido acabar con su padre y Ramfis se proponía descubrir a los culpables.

   A pesar de que su intención era quedarse al mando del país hasta que la situación se asentase, se ocupó personalmente de la ejecución de todos aquellos implicados en el complot. Aquel período fue uno de los más oscuros de la historia del Estado iberoamenicano, en el que se sucedieron detenciones y torturas.

   Debido a las grandes presiones, Ramfis tuvo que exiliarse junto a su familia en 1961, no sin antes asegurarse de enviar un yate hasta Francia con el cadáver del dictador y una fortuna, estimada en 24 millones de dólares, que les permitiera seguir viviendo a lo grande.

   Más tarde Ramfis se trasladó a España. Allí continuó con su vida de lujo y fundó varias empresas hasta su muerte. Los restos de Ramfis Trujillo se encuentran junto a los de su padre en el cementerio de El Pardo, en Madrid.