Patricia Méndez, la hondureña que con su lucha por el cambio climático se hizo un hueco en un mundo de hombres

                           Líder Indígena Patricia Méndez
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Actualizado 03/07/2018 10:13:10 CET

MADRID, 3 Jul. (Notimérica) -

   Cuando Patricia Méndez descubrió que quería dedicarse a la gestión de riesgos medioambientales hace cerca de veinticinco años no la tomaron por loca pero casi. El cambio climático en los años ochenta no despertaba ni de lejos el interés que genera a día de hoy. Incluso en el año 2000, cuando Naciones Unidas estableció los Objetivos del Milenio, este era el patito feo, el que tenía menos importancia que erradicar el hambre, reducir la mortalidad infantil o combatir el sida. Además, las decisiones sobre qué hacer para mejorar el medio ambiente se tomaban en grandes despachos dentro de grandes cumbres y por supuesto lo hacían hombres.

   Una buena colección de factores contra los que luchar siendo mujer, hondureña, proveniente del ámbito rural y muy joven. Porque cuando Patty --como todo el mundo la conoce-- comenzó su trabajo con ONGs en comunidades rurales tenía apenas diecisiete años. Creció en Salamá, un pueblo "muy pobre" del departamento de Olancho, situado al noroeste del país y azotado por la mano del hombre. Wikipedia lo define como "un lugar que hoy ha perdido su natural caudal gracias a la incomprensión del hombre, quien se ha dedicado a diestra y siniestra a deforestar el bosque cimentado a orillas de dichas fuentes".

   Justo tras su paso por la universidad, donde estudió Desarrollo Social, el huracán Mitch arrasó en 1998 Honduras y Nicaragua. El desastre supuso un punto de inflexión para ambos países caribeños, puesto que no solo terminó con la vida de más de 11.000 personas y causó desperfectos por valor de más de ocho mil millones de dólares, sino que hizo retroceder su desarrollo en más de cincuenta años de un plumazo. Fue entonces cuando Patty entendió la importancia de la prevención en su país natal, y en toda la región centroamericana, frente a este tipo de fenómenos ambientales.

   Participó en todo el proceso de respuesta, acompañó a las víctimas en la reconstrucción de la producción y las viviendas y en la recuperación psicosocial y, a partir de este momento, retomó la formación en Gestión de Riesgos y la vinculó al cambio climático, tratando de entender cómo el clima estaba impactando en lo que estaba ocurriendo en esa región del mundo. Porque, explica a Notimérica, no bastaba con dar respuesta a los fenómenos naturales una vez que habían ocurrido, sino que la necesidad comenzaba a estar en orientar al país hacia un proceso preventivo. "Los fenómenos seguirán impactando, pero lo que hará la diferencia realmente es lo preparados que estemos", es su máxima.

   De ahí su interés por entrar de lleno a incidir en la política pública nacional, para que esta asumiera la obligación de capacitar a las comunidades y que las mismas pudieran fortalecerse. Creó, junto con varios compañeros y siempre de la mano de la sociedad civil, la Mesa Nacional de Gestión de Riesgos, embrión de lo que terminaría siendo una ley nacional para la prevención de catástrofes que hoy Patty recuerda como uno de sus grandes logros.

HONDURAS CAMBIO CLIMÁTICO

   Del mismo modo que recuerda con especial cariño su participación en el Marco de Sendai, una agenda global para la reducción de riesgos de desastres que se debe implementar entre 2015 y 2030, o todos los procesos regionales en los que se ha involucrado desde que se convirtió en una de las mujeres más influyentes en Centroamérica en cuestiones de cambio climático.

ENFOQUE DE GÉNERO

   A los pocos años de empezar a trabajar en este ámbito comenzó también a entender las implicaciones que tenía la desigualdad vinculada a cómo las mujeres sufren de manera diferente los impactos ante las situaciones de emergencia, de desastres o de participación en política pública. "Me di cuenta de que había grandes desafíos en ese aspecto", explica la activista, que desde hace cinco años es además la responsable regional de Cambio Climático de Ayuda en Acción.

   La experiencia le ha llevado a concluir que en materia de cambio climático son las mujeres las que se ven "mucho más cargadas" en su trabajo doméstico. Son ellas quienes deben ir a buscar agua a varios kilómetros de su casa con el riesgo de sufrir abusos que eso supone en países como Honduras; o quienes asumen el cuidado de los enfermos en un contexto en el que por el incremento de las temperaturas están surgiendo nuevas epidemias y nuevas enfermedades. "El cambio climático está acentuando los roles que generan la desigualdad", lamenta.

   Un informe de la ONG Global Witness desveló que Honduras es el país más peligroso del mundo para el activismo ambiental, con doce activistas medioambientales asesinados en 2014 y más de 120 desde 2010. Pese a ello, está orgullosa de comprobar cómo las mujeres participan cada vez de manera más activa en las políticas públicas, pese al riesgo que supone en muchas ocasiones alzar la voz frente a "los intereses oligopólicos y las grandes multinacionales mineras y petrolíferas que están arrasando nuestros recursos". El caso más conocido es el del asesinato de la activista Berta Cáceres, la líder indígena asesinada en marzo de 2016 cuyo caso se encuentra aún sin resolver.

   Pese a las dificultades, "entenderme a mí misma desde mi perspectiva de mujer me ha cambiado la vida", asegura Patty, que cree que pese a la carga de trabajo y la desigualdad "las mujeres hondureñas son brillantes en la lucha por la defensa de sus recursos y por la vida". Por ellas precisamente es por quienes no quiere subir a las altas esferas y olvidar el trabajo de campo, porque "me recargo de energía cada vez que vuelvo a las comunidades y hablo con todas estas mujeres".

REFUGIADOS CLIMÁTICOS

   El debate sobre si se deberían aceptar las migraciones climáticas como motivo para solicitar asilo en terceros países ha generado mucha controversia en los últimos años, pues el Estatuto de Refugiados aceptaba hasta el momento la concesión de asilo por motivo de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas; pero últimamente ha comenzado a incluirse también a quienes abandonan sus hogares por motivos climáticos. Tanto es así, que ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, estima que en 2050 el mayor porcentaje de migraciones será por ese motivo.

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   Esta es la nueva batalla también para Patty, que considera que las personas están saliendo de sus comunidades porque sus recursos están siendo gravemente afectados por el cambio climático, algo que se siente especialmente en el Corredor Seco, una franja que abarca territorios de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras y que se ha convertido en una de las áreas más pobres de América Latina. "Si la gente se queda sin comida en sus lugares de origen se moverá inevitablemente", expresa.

   Es el caso de las familias de la localidad de Guachipilín, que salen en el mes de octubre a trabajar en el café a otros departamentos y no regresan hasta marzo, dejando durante meses comunidades fantasma. Este hecho no solo afecta a la economía familiar, sino que perjudica del mismo modo a los niños, que pierden en muchas ocasiones más de medio curso escolar. Por esta razón, junto con un grupo de trabajo, Patty ha promovido medidas con la Secretaría de Educación para que se cree un plan de estudios para estos niños que sea compatible con la situación de sus padres.

   Además, muchas de estas familias se han tenido que desplazar de las zonas rurales a las ciudades, donde se ven obligados a vivir en suburbios, en condiciones de extrema pobreza y donde el riesgo de exclusión es mucho mayor. Por no hablar, cuenta la activista, del riesgo para los jóvenes de ser reclutado por las maras, tan presentes en los barrios que son en muchos casos quienes tienen el control absoluto de los mismos, o del peligro que supone esto para las niñas y mujeres, que nuevamente se verán más expuestas.

RESILIENCIA

   Pero en los últimos años, gracias a la inversión pública y la ayuda económica de organismos como Ayuda en Acción --presente en el terreno desde hace décadas--, la comunidad de Guachipilín, afectada por la escasez de agua, ha comenzado a gestionar sus bienes hídricos, a saber dónde perforar y a tomar medidas para racionar el agua cuando el tiempo es más crítico. Del mismo modo, han instalado un sistema de monitoreo para saber en qué fechas habrá más escasez de agua y están haciendo un estudio sobre cómo el cambio climático impacta en sus principales medios de vida, que son los frijoles, el arroz y el maíz, así como la cría de gallinas y cerdos. "Ahora tienen medidas muy claras de qué hacer con todo ello pese al incremento de la temperatura y eso es muy gratificante", dice una Patty sonriente al recordarlo.

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   A sus 41 años, sigue trabajando con las comunidades, dándoles a conocer su entorno y los riesgos a los que se enfrentan, poniéndolas en contexto y enseñándolas a entender cómo el cambio climático está afectando a sus vidas diarias. Sigue trabajando en fortalecer la gobernanza, porque considera que los Estados deben cumplir con su rol de garantes de la seguridad de sus ciudadanos y considerar la prevención frente al cambio climático como una de sus líneas políticas "en lugar de tirar dinero en invertir en una reconstrucción superficial para que llegue un fenómeno y se retroceda cincuenta años otra vez".

   Porque, cree, si hay menos vulnerabilidad habrá menos emergencias y menos desastres, ya que "lo que genera el caos no es el fenómeno en sí, sino la situación de vulnerabilidad". Patty tiene claro que lo que son naturales son los fenómenos, pero los desastres son el resultado de riesgos mal gestionados que se dan porque hay pobreza, porque las personas se ven obligadas a vivir a la orilla de los ríos o bajo la ladera de volcanes.

   Sus inicios fueron complicados. "Era muy joven y no me tomaban en serio en un mundo de hombres en el que les descuadraba que yo opinase y que a veces lo hiciera de forma distinta". Ahora, cuando se relaciona de tú a tú con las Secretarías del Gobierno y forma parte de la mayoría de los procesos y las consultas en este ámbito, reconoce que en el último tiempo no ha tenido problemas. Y saca su garra campesina: "Tampoco lo consentiría".

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