Publicado 20/07/2021 10:29CET

El Niño transformó un sector de la Amazonia en gran emisor de carbono

La Dra. Erika Berenguer, en un bosque amazónico recien quemado durante El Niño de 2015
La Dra. Erika Berenguer, en un bosque amazónico recien quemado durante El Niño de 2015 - JOS BARLOW; ERIKA BERENGUER

   MADRID, 20 Jul. (EUROPA PRESS) -

   La sequía e incendios desatados por El Niño 2015-16 en la Amazonia acabaron con 2.500 millones de árboles y plantas y convirtieron uno de los mayores sumideros de carbono en fuente emisora.

   Según una nueva investigación publicada en Proceedings of National Academy of Sciences, los fuegos produjeron la emisión 495 millones de toneladas de CO2 en una zona que representa solo el 1,2% de toda la selva amazónica brasileña y el 1% de todo el bioma.

   Estos hallazgos, descubiertos por un equipo internacional de científicos que ha trabajado durante más de ocho años en un estudio a largo plazo en la Amazonia antes, durante y después de El Niño, tienen importantes implicaciones para los esfuerzos mundiales por controlar el equilibrio del carbono atmosférico.

   En circunstancias normales, debido a los altos niveles de humedad, la selva amazónica no arde. Sin embargo, la sequía extrema hace que el bosque sea temporalmente inflamable. Las hogueras iniciadas por los agricultores pueden escapar de sus tierras y desencadenar incendios forestales.

   Según las predicciones climáticas, las sequías extremas serán cada vez más frecuentes y, hasta ahora, se desconocían en gran medida los efectos a largo plazo de la sequía y los incendios en la selva amazónica, y en particular dentro de los bosques alterados por el hombre mediante actividades como la tala selectiva o ilegal.

   El equipo de investigación, dirigido por científicos de la Universidad de Lancaster, la Universidad de Oxford y la Corporación Brasileña de Investigación Agrícola, examinó el epicentro amazónico de El Niño -el Bajo Tapajós brasileño, una zona de la Amazonia oriental que tiene aproximadamente el doble de superficie que Bélgica- y descubrió que los daños duran varios años.

   El estudio reveló que los árboles y las plantas de los bosques afectados por la sequía, así como los bosques quemados, siguieron muriendo a un ritmo superior al normal hasta tres años después de la sequía de El Niño, liberando más CO2 a la atmósfera.

   El total de las emisiones de carbono derivadas de la sequía y los incendios en la región del Bajo Tapajós fue superior a la deforestación de todo un año en la Amazonia. Y, como resultado de la sequía y los incendios, la región liberó tanto en un período de tres años como las emisiones anuales de carbono de algunos de los países más contaminantes del mundo, superando las emisiones de países desarrollados como el Reino Unido y Australia.

   Al cabo de tres años, sólo un tercio (37%) de las emisiones fueron reabsorbidas por el crecimiento de las plantas en el bosque. Esto demuestra que la función vital del Amazonas como sumidero de carbono puede verse obstaculizada durante años después de estos eventos de sequía.

   La doctora Erika Berenguer, autora principal del informe de la Universidad de Lancaster y de la Universidad de Oxford, señala en un comunicado que estos resultados "ponen de manifiesto los efectos enormemente perjudiciales y duraderos que pueden causar los incendios en los bosques amazónicos, un ecosistema que no coevolucionó con los incendios como presión habitual".

   Los científicos recopilaron datos volviendo a visitar periódicamente 21 parcelas en una mezcla de bosque primario, bosque secundario de repoblación y bosques en los que la población ha realizado una tala selectiva. Los resultados de estas parcelas se extrapolaron a la región.

   Aunque investigaciones anteriores han demostrado que los bosques alterados por el hombre son más susceptibles a los incendios, se desconocía si había alguna diferencia en la vulnerabilidad y resistencia de los árboles y plantas de estos bosques cuando se producen sequías e incendios.

   El estudio demostró que, si bien muchos árboles morían en los bosques primarios afectados por la sequía, la pérdida de árboles era mucho peor en los bosques secundarios y otros bosques alterados por el hombre. Los investigadores descubrieron que los árboles y plantas con menor densidad de madera y cortezas más finas eran más propensos a morir por la sequía y los incendios. Estos árboles más pequeños son más comunes en los bosques alterados por el hombre.

   Los investigadores calculan que murieron unos 447 millones de árboles grandes (de más de 10 cm de diámetro a la altura del pecho) y unos 2.500 millones de árboles más pequeños (de menos de 10 cm de diámetro a la altura del pecho) en toda la región del Bajo Tapajós.

   Los investigadores también compararon el efecto de la sequía en los distintos tipos de bosque, así como el estrés combinado de la sequía y el fuego.

   La mortalidad de los árboles y las plantas fue mayor en los bosques secundarios debido a la sequía, en comparación con los bosques primarios. El impacto de la sequía no fue mayor en los bosques modificados por el hombre, pero fue significativamente mayor en aquellos bosques modificados por el hombre que experimentaron una combinación de sequía e incendio.

   Las emisiones de carbono de los bosques quemados por incendios forestales fueron casi seis veces mayores que las de los bosques afectados únicamente por la sequía.

   Estos resultados ponen de manifiesto cómo la interferencia de las personas puede hacer que los bosques amazónicos sean más vulnerables y subrayan la necesidad de reducir la tala ilegal y otras perturbaciones humanas a gran escala de los bosques de la Amazonia, así como de invertir en la capacidad de lucha contra los incendios en la Amazonia.

   El profesor Jos Barlow, de la Universidad de Lancaster y de la Universidad Federal de Lavras, e investigador principal de la investigación, añade que "los resultados ponen de manifiesto la necesidad de actuar a diferentes escalas. A nivel internacional, necesitamos actuar para hacer frente al cambio climático, que está aumentando la probabilidad de sequías e incendios extremos. A nivel local, los bosques sufrirán menos consecuencias negativas de los incendios si se protegen de la degradación".

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