Publicado 22/06/2026 11:24

Los sensores microelectromecánicos como el sistema nervioso de los robots: Así aprenden a ver y a sentir en entorno

Robot humanoide sostiene en su mano una botella de plástico
Robot humanoide sostiene en su mano una botella de plástico - BOSCH

   MADRID, 22 Jun. (Portaltic/EP) -

   Los robots comienzan a percibir y adaptarse al entorno en tiempo real con los sensores microelectromecánicos (MEMS), con tamaños diez veces más pequeños que la pata de una hormiga, que les dotan de algo parecido a los sentidos humanos para que puedan tocar, ver y orientarse.

    La automatización ha entrado en una nueva etapa impulsada por la inteligencia artificial, que ha permitido dar el salto de la programación de cada movimiento a un enfoque con el que se enseña a una máquina cómo decidir lo que debe hacer.

    Este punto de inflexión que vive la robótica tiene en su centro los sensores MEMS, que actúan como el sistema nervioso de los robots modernos. Estos dispositivos -algunos con estructuras de apenas 4 micrómetros, diez veces más pequeñas que la pata de una hormiga- permiten medir en tiempo real variables como el movimiento, la orientación, la presión o las vibraciones.

   Con la información que obtienen de ellos, los robots no solo ejecutan órdenes, sino que perciben su entorno, lo interpretan y actúan en consecuencia, como explican desde Bosch, empresa que fabrica estos sensores para vehículos, dispositivos electrónicos y sistemas industriales, y que ahora traslada también a la robótica para dotarla de nuevas capacidades.

   Los sensores han permitido avanzar en dos pilares principales: el sentido del tacto y la visión. El primero de ellos es el que permite a un robot identificar un objeto, reconocer su forma y ubicarlo en el espacio, además de cogerlo con cuidado si detecta que es un elemento delicado, como una copa de cristal o un huevo.

    Con ayuda de algoritmos, y una combinación de mecánica y sensores, los sistemas avanzados basados en presión y unidades de medición inercial permiten detectar cuánta fuerza se está aplicando, cómo se distribuye sobre la superficie y si el objeto comienza a deslizarse. Todo se ajusta en tiempo real. El resultado es un movimiento preciso, dinámico y adaptativo, que reproduce los principios por los que se mueve la mano humana.

    Otro pilar es la visión, que los robots consiguen con la integración de cámaras en puntos estratégicos, que les permiten reconocer objetos e interactuar con el entorno. Al estar en movimiento constante, utilizan sensores que estabilizan la visión en tiempo real para evitar imágenes borrosas, y cuentan con tecnologías como LiDAR, cámaras 3D o sistemas de mapeo para construir representaciones tridimensionales del entorno, con el objetivo de moverse de forma autónoma y mantener el equilibrio en superficies irregulares.

   La nueva generación de robots aprende manipulando objetos, experimentando y corrigiendo errores; capacidades que ya están plenamente implantadas en entornos industriales y logísticos, donde los robots operan en condiciones controladas y aportan valor en tareas repetitivas o exigentes.

    Para Bosch, como indica en una nota de prensa, el siguiente paso es llevar estos sistemas al mundo real. Y hacerlo en un contexto en el que se estima que el mercado de sensores MEMS superará los 16.500 millones de euros en 2030, con un crecimiento sostenido en los próximos años.

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