Publicado 31/03/2021 11:14CET

Un temible asesino del Cretácico descubierto en Patagonia

Impresión artística de Llukalkan aliocranianus.
Impresión artística de Llukalkan aliocranianus. - JORGE BLANCO Y JOURNAL OF VERTEBRATE PALEONTOLOGY

   MADRID, 31 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Restos fósiles de una nueva especie de dinosaurio en la Patagonia argentina corresponden probablmente a uno de los principales depredadores de la región durante el Cretácico Superior.

   Llamado "el que causa miedo", o Llukalkan aliocranianus, el nuevo especimen clasificado como abelisaúrido se presenta en el Journal of Vertebrate Paleontology. Vivió hace unos 80 millones de años, y sus restos denotan un formidable tamaño (hasta cinco metros de largo), mordida extremadamente poderosa, dientes muy afilados, enormes garras en sus patas, y agudo sentido del olfato.

   Tenía un extraño cráneo corto con huesos ásperos, por lo que en vida su cabeza presentaba protuberancias y prominencias como algunos reptiles actuales como el monstruo de Gila o algunas iguanas. Su audición también era diferente a la de otros abelisáuridos. La composición de su cráneo sugiere que esto era mejor que la mayoría de los otros abelisáuridos y similar al de los cocodrilos de hoy en día.

   Su nombre completo proviene del nativo mapuche para 'el que causa miedo', Llukalkan, y el latín para 'cráneo diferente', aliocranianus.

   Vivió en la misma pequeña área y período de tiempo que otra especie de abelisáurido furileusauriano (lagarto de lomo rígido), Viavenator exxoni, solo unos pocos millones de años antes del final de la era de los dinosaurios.

   Los restos fósiles de Llukalkan y Viavenator se encontraron a solo 700 metros de distancia en la Formación Bajo de la Carpa, cerca del mismo sitio famoso de fósiles en La Invernada, en Argentina.

   "Este es un descubrimiento particularmente importante porque sugiere que la diversidad y abundancia de abelisáuridos fueron notables, no solo en la Patagonia, sino también en áreas más locales durante el período crepuscular de los dinosaurios", dice el autor principal, el doctor Federico Gianechini, paleontólogo de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina.

   Los abelisáuridos eran una llamativa familia de dinosaurios terópodos con un promedio de cinco a nueve metros de largo que merodeaban principalmente en la Patagonia y otras áreas del antiguo subcontinente sur de Gondwana, reconocido hoy como África, India, Antártida, Australia y América del Sur. Hasta la fecha, se han desenterrado casi 10 especies de este temible depredador en la Patagonia. Si bien los abelisáuridos se parecían a T-Rex en apariencia general con pequeños brazos rechonchos, tenían cráneos inusualmente cortos y profundos que a menudo tenían crestas, protuberancias y cuernos, y eran únicos.

   Moviéndose erguido sobre sus extremidades traseras con enormes garras que pueden haber usado para apuñalar a su presa, Llukalkan tenía mordidas extremadamente poderosas y dientes muy afilados con los que derribar a su presa mientras se movía rápido gracias a sus poderosas patas traseras.

   Los restos fosilizados de Llukalkan incluyen un cráneo magníficamente conservado y sin triturar. Esta nueva especie es similar en muchos aspectos a Viavenator, excepto que es más pequeña, los orificios en el cráneo por donde pasan las venas son más grandes y están más separados de la cresta supraoccipital (uno de los huesos que forma la caja cerebral), entre otros. diferencias. Pero la característica más distintiva del nuevo dinosaurio es un pequeño seno posterior lleno de aire en la zona del oído medio que no se ha visto en ningún otro abelisáurido encontrado hasta ahora.

   Significa que Llukalkan probablemente escuchó de manera diferente a otros abelisáuridos, probablemente mejor y similar al de un cocodrilo moderno, explica el coautor doctor Ariel Méndez del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología, Argentina.

   "Este hallazgo implica una adaptación auditiva diferente de otros abelisáuridos, y probablemente un sentido del oído más agudo", dice el doctor Méndez.

   Independientemente de cómo haya vivido, la evidencia fósil de las adaptaciones de Llukalkan sugiere que los abelisáuridos florecían justo antes de que los dinosaurios se extinguieran.

   "Estos dinosaurios todavía estaban probando nuevas vías evolutivas y se diversificaron rápidamente justo antes de que se extinguieran por completo", agrega Méndez.

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