Tenerife Japanese Head Spa - Tenerife Japanese Head Spa
(Información remitida por la empresa firmante)
Madrid, 29 de septiembre de 2026.- La trayectoria de Yaisy Ferrera no nació de un plan empresarial trazado de antemano. Antes de convertirse en franquiciada oficial y responsable de la primera apertura de un Japanese Head Spa en Tenerife, en Puerto de la Cruz, hubo años de búsqueda profesional, distintos trabajos, formación en bienestar y una primera experiencia como autónoma que estuvo lejos de resultar sencilla. Su historia empresarial se ha construido entre cambios de rumbo, dificultades económicas y una pérdida familiar que coincidió con uno de los momentos más importantes de su carrera.
Nacida en Cuba y criada en una familia humilde, Ferrera creció sin imaginar que algún día dirigiría su propio negocio. Sus aspiraciones profesionales eran entonces mucho más sencillas: encontrar estabilidad laboral y disponer de un salario fijo. Sin embargo, había algo que permanecía constante entre las dudas sobre su futuro: la satisfacción que encontraba al atender a otras personas y contribuir a que se sintieran mejor.
Antes de descubrir el sector del bienestar pasó por ocupaciones muy diferentes. Trabajó doblando camisetas, sirviendo copas y como auxiliar de enfermería, además de realizar voluntariado en granjas de Irlanda para aprender inglés. Ferrera recuerda aquella etapa como una “búsqueda desesperada”, una sucesión de experiencias con las que trataba de encontrar su lugar profesional.
En ese recorrido, su madre acabó desempeñando un papel decisivo. “Cariño, debe haber algo que sea para ti. No te rindas”, le dijo antes de acompañarla a una formación de Reiki. Ambas se formaron y comenzaron a descubrir disciplinas relacionadas con la estética, los masajes y las terapias. Para Ferrera, aquel universo terminó convirtiéndose en el espacio profesional que llevaba años buscando.
Del trabajo por cuenta propia al proyecto que cambió su trayectoria
El salto al emprendimiento llegó cuando se dio de alta como autónoma. La experiencia, sin embargo, desmontó rápidamente algunas de las ideas con las que había iniciado aquella etapa.
“Sentía una mezcla entre la valentía del ignorante y la ilusión de una soñadora”, recuerda Ferrera sobre aquellos primeros pasos. Con el tiempo reconocería que se había “lanzado sin paracaídas”, sin conocer realmente todo lo que implicaba emprender y llegando a un punto en el que continuar resultaba menos difícil que retroceder.
El negocio funcionaba entonces desde dos cabinas situadas en un espacio de coworking. La confianza en el trabajo realizado era alta, pero los clientes no llegaban al ritmo esperado y, después de más de un año, los ingresos apenas permitían cubrir los gastos. La vocación sostuvo una etapa que también sirvió para conocer de cerca las dificultades de mantener una actividad propia.
Tiempo después apareció la posibilidad de poner en marcha el primer Japanese Head Spa en Tenerife. Ferrera decidió apostar por el proyecto pese a las dudas iniciales de su entorno. Su familia terminó respaldando la iniciativa y destinó a ella los ahorros acumulados durante años.
El camino hasta la apertura estuvo marcado por locales que no reunían las condiciones necesarias, obras que se prolongaban, ausencia de ingresos y pagos que continuaban acumulándose. La presión económica convivía, sin embargo, con una implicación familiar cada vez mayor.
Su padre, inicialmente uno de los más escépticos ante el proyecto, acabó participando en su preparación. Entre los recuerdos que Ferrera conserva de aquellos meses figura el montaje conjunto de una de las camillas y la ilusión con la que él enseñó posteriormente el establecimiento a un amigo de la infancia.
Una inauguración marcada por la pérdida y la necesidad de continuar
La apertura del establecimiento coincidió con el episodio más doloroso de toda la trayectoria. El mismo día de la inauguración, el padre de Ferrera ingresó en el hospital y falleció tres días después.
El negocio abrió sus puertas sin celebración y en pleno duelo. Al mismo tiempo, las obligaciones económicas continuaban y los clientes comenzaban a llegar. Ferrera tuvo que afrontar simultáneamente la pérdida familiar y el inicio de una actividad en la que se habían depositado los recursos y las expectativas de toda la familia.
En aquellos días cobró especial significado una promesa que había hecho a su padre: “Voy a ser la primera empresaria de la familia y voy a tener éxito”.
La apertura tampoco eliminó las dificultades. Una de las primeras reseñas negativas que recibió el establecimiento cuestionaba tanto el precio como el propio concepto del servicio y lo reducía a un simple lavado de cabeza. La crítica tuvo un fuerte impacto personal en Ferrera y abrió dudas sobre el trabajo que estaba desarrollando.
Una experiencia ocurrida poco después cambió esa percepción.
Una clienta inglesa acudió al establecimiento junto a su marido durante sus primeras vacaciones después de haber dedicado años al cuidado de su madre, que padecía una enfermedad terminal. Durante la conversación explicó el sentimiento de culpa que le producía estar disfrutando de aquellos días. Ferrera se reconoció en parte de aquel dolor y trató de acompañarla durante la experiencia.
Al finalizar el ritual, la mujer pidió abrazarla y le dijo: “Gracias por hacerme sentir un ser humano otra vez”.
Aquel momento permitió a Ferrera comprender desde otra perspectiva el sentido que quería dar al negocio. El Japanese Head Spa dejaba de ser únicamente un espacio dedicado al cuidado capilar y al bienestar para convertirse, desde su visión profesional, en un lugar donde la atención y el tiempo dedicado a cada persona también formaban parte de la experiencia.
Un negocio convertido en símbolo de una historia familiar
Hoy, Ferrera define su establecimiento como “un templo”. La expresión no está relacionada con el tamaño del negocio ni con una determinada idea de éxito económico, sino con todo lo que representa después del camino recorrido.
La empresaria ha pasado de una infancia humilde en Cuba y una larga búsqueda profesional a dirigir en Puerto de la Cruz un proyecto vinculado al bienestar. Entre ambos puntos aparecen su formación, los primeros intentos de emprendimiento, las dificultades económicas, el respaldo de su familia y una pérdida que transformó para siempre el significado de la apertura.
Su trayectoria también ha modificado su manera de entender a quienes acuden al establecimiento. Más allá del propio tratamiento, Ferrera concede especial importancia a la atención individual, al cuidado y a la posibilidad de crear durante una hora un espacio apartado de las preocupaciones cotidianas.
El Japanese Head Spa de Tenerife representa así algo más que el resultado de una decisión empresarial. Para Yaisy Ferrera también conserva la memoria del esfuerzo familiar que permitió ponerlo en marcha y, especialmente, la promesa realizada a su padre. Una promesa que comenzó a cumplirse precisamente en el momento más difícil de su historia.
Emisor: Tenerife Japanese Head Spa
Contacto: Tenerife Japanese Head Spa
Teléfono: +34 647455713