Publicado 16/11/2015 21:54:43 +01:00CET

ADN de un niño inca sacrificado revela expansión humana en Sudamérica

   MADRID, 16 Nov. (Notimérica) -

   Científicos de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, y el Equipo de Antropología Forense de Argentina han conseguido extraer y secuenciar el ADN mitocondrial de un niño inca sacrificado hace 500 años para mostrar como se produjo la expansión humana en América del Sur.

   El cuerpo momificado del niño fue encontrado en la montaña Cerro Aconcagua, en Argentina, por un grupo de excursionistas en 1985. Según los estudios arqueológicos, el cuerpo pertenecía a un niño de siete años sacrificado en un ritual durante la civilización Inca, que prosperó en Sudamérica antes de la llegada de los europeos.

   Los científicos reconstruyeron el genoma mitocondrial, el material genético de las mitocóndrias, del niño utilizando una pequeña muestra de su pulmón. El ADN mitocondrial sólo contiene 37 genes que se transfieren, prácticamente invariables, de madres a hijos. Los autores de la investigación dijeron que era la primera vez que los científicos han decodificado todo el ADN mitocondrial de una momia indígena.

   Los resultados del estudio, publicados en la revista Scientific Reports, muestran que el niño sacrificado se encuentra dentro de una población genética típica de los nativos americanos, sin embargo, el ADN del chico tenía 10 mutaciones diferentes que no se habían visto juntas antes en otro ADN antiguo o moderno. Esta información ayudó a los investigadores a situar al chico en la época de la civilización Inca.

   Según establece el estudio, lo más probable es que sus antepasados hubieran estado en América del Sur durante mucho tiempo, originarios de cerca de los Andes hace unos 14.000 años.

   Para obtener la muestra, los investigadores extremaron las precauciones para asegurarse de que el ADN del niño inca no estaba contaminado por ningún material genético moderno. Todo el equipo utilizado se limpió en un autoclave y se irradió con rayos UVA para destruir cualquier ADN contemporáneo que pudiera estar presente.

   Los investigadores analizaron de nuevo el ADN de antepasados comunes de otros grupos genéticos, y observaron que sus edades y lugares encajaban con lo que los historiadores sabían sobre cómo se propagó la civilización Inca.