La Conquista del Desierto o cómo Argentina arrebató La Pampa a los indios

Actualizado 29/03/2017 16:02:19 CET

    BUENOS AIRES, 11 Oct. (Notimérica) -

   La Pampa y la Patagonia argentina está marcada por un importante acontecimiento ocurrido el 11 de octubre de 1878 cuando se emprendió la llamada 'Campaña del desierto' o 'Guerra contra el Indio', una estrategia militar por la que la República Argentina ingresó en dicho territorio y derrotó a las tribus sureñas.

   La Patagonia --denominada Puelmapu por los mapuches-- estaba dominada por los pueblos indígenas, entre los que se encontraban las tribus mapuche, ranquel y tehuelche. No fue la primera vez que esta zona sufría un etnocidio de gran calado histórico, ya que anteriormente se habían sucedido gran cantidad de invasiones territoriales en las regiones pampeanas y patagónicas.

   Es así como varios países se confrontaron por la posesión de la zona, aunque fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando Argentina y Chile se plantearon establecer su poder sobre los territorios indígenas autónomos, de manera que el primero realizó la Conquista del Desierto y el segundo llevó a cabo la Ocupación o Pacificación de la Araucanía.

   Desde el siglo XVII, las relaciones entre el Virreinato del Río de la Plata y los pueblos aborígenes eran puramente comerciales, ya que se especializaron en el tratamiento de un conjunto de salares ubicados al sudoeste de la actual provincia de Buenos Aires, que recibían el nombre de Salinas Grandes.

   La sal fue un ingrediente fundamental en la era preindustrial debido a sus cualidades para la conservación de alimentos, de manera que ya en la segunda mitad del siglo XIX su importancia económica comenzó a decaer debido a la navegación a vapor, el descubrimiento de la máquina frigorífica y la inclusión de Argentina como proveedor principal de carne para Inglaterra.

   A pesar de estos antecedentes económicos, también juegan un papel fundamental los culturales, ya que, para algunos políticos del siglo XIX, existía la necesidad fundamental de exterminar o reducir a las tribus aborígenes para poder explotar económicamente el territorio, como es el caso de Lucio V. Mansilla, quien escribió un gran éxito para la sociedad argentina de la época denominado 'Una excursión a los indios ranqueles'.

CAMPAÑAS CONTRA LAS TRIBUS

   Hacia la década de 1870, el conflicto entre argentinos e indígenas se hizo más agudo, ya que Argentina se había convertido en un país clave para la exportación a Inglaterra y consideraban que había que ocupar el desierto para aumentar su producción.

    Además, por aquel entonces el general Julio Argentino Roca fue nombrado nuevo ministro de Guerra por el presidente Nicolás Avellaneda, quien sería el mentor de la Conquista del desierto a finales de esa década porque creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas con expandir sus fronteras sería la subyugación o la expulsión.

   De esta manera, Roca presentó un proyecto basado en una serie de incursiones militares que se llevarían a cabo con una unión entre fuerzas militares nacionales, de la mano de un conjunto de sacerdotes, periodistas y naturalistas; y los guerreros de las tribus aliadas, como los tehuelches septentrionales, los araucanizados o los boroganos.

   De esta manera, a finales de 1878 comenzó la primera ola para el dominio de la zona entre la Zanja de Alsina y el río Negro, cometiendose crímenes de lesa humanidad que han suscitado críticas a lo largo de la historia hasta estos días. Aun así, en abril del siguiente año empezó la segunda oleada que quedó marcada con la muerte de cerca de 1.200 indígenas y la captura de más de 15.000.

   Julio Argentino Roca siguió a Nicolás Avellaneda como presidente del país y continuó la conquista del territorio al sur del río Negro, ordenando la campaña de 1881 bajo el mando del coronel Conrado Villegas, tomando el territorio de la actual provincia del Neunquén y llegando hasta el río Limay.

   Con la siguiente campaña a los Andes, ubicada entre noviembre de 1882 y abril de 1883, Villegas consiguió controlar por completo la actual localidad de Neuquén. Además, sus fuerzas argentinas lograron la rendición de varias tribus indígenas, que estaban apoyadas por soldados chilenos.

MUERTES Y DESPLAZAMIENTOS

   Las cifras de indígenas que resultaron muertos o heridos durante estas campañas rondan las 14.000 personas, según el Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino. Asimismo, una parte de los sobrevivientes fueron desplazados a las zonas más lejanas y estériles de la Patagonia.

   Muchos de esos prisioneros fueron obligados a trabajar en las cosechas de uva y caña de azúcar en los campos productores de la región de Cuyo, mientras que otros fueron enviados a campos de concentración en la localidad de Chichinales (en Río Negro) y Malargüe, la ciudad situada en la provincia de Mendoza.

   También hubo segregación de sexos: mientras que los niños y las mujeres fueron obligados a trabajar como sirvientes de las familias ricas, los hombres fueron trasladados a la isla Martín García, en el Río de la Plata, donde permanecieron prisioneros hasta su muerte realizando actividades esclavistas para la élite porteña.

   Todos estos horrores fueron recogidos por dicho informe oficial, sin embargo, la República Argentina llevó adelante sus planes de expansión territorial para catapultarse como una de las potencias sudamericanas más importantes, junto con Chile. De esta forma, las extensiones conquistadas fueron adjudicas a bajo precio o como recompensa a los terratenientes argentinos.

   La expansión sobre el sur continental procuró el enorme aumento del comercio exterior argentino, donde tuvo especial importancia el gran incremento del ganado ovino y la exportación de lana que demandaba la Segunda Revolución Industrial, con Gran Bretaña a la cabeza de la lista de países importadores de dichos productos.

GENOCIDIO

A mediados del pasado siglo XX, se estableció el concepto de 'genocidio' para determinar los "actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso", un concepto que muchos negaron debido a que apareció años después de la Conquista del Desierto que dejó miles de muertos de diferentes tribus indígenas.

   Es así como se desarrollaron diferentes argumentos a favor y en contra de la condena a Argentina por tales hechos, de manera que, entre las manifestaciones en contra destaca que la aplicación de conceptos actuales para calificar hechos del pasado no es posible, debido a un marco ético y político fundamentado en ideas propias de la época. Además, esgrimen que muchos de los prisioneros --principalmente las mujeres y los niños-- fueron bien tratados y vacunados para evitar sus muertes.

   Sin embargo, entre los argumentos que afirman el genocidio, destaca la construcción de los campos de trabajo en la isla Martín García, la separación de las familias que impiden la reconstrucción familiar de sus descendientes y las partidas forzosas de prisioneros hasta la ciudad austral de Carmen de Patagones, donde se asesinaron a miles de indígenas que no soportaban estas largas caminatas, que podían llegar a los 1000 kilómetros.

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