¿Cuál es el origen del belén navideño y cómo llegó a Iberoamérica?

BELÉN
PIXABAY
Publicado 26/12/2018 14:29:31CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 26 Dic. (Notimérica) -

   Para la población católica, la celebración de la Navidad responde a una festividad totalmente religiosa. El nacimiento del Niño Jesús y la llegada de los tres Reyes Magos son los dos motivos principales de estas fiestas, y ambas están representadas también de forma plástica y física en la mayor parte de los hogares y ciudades.

   Esta conmemoración se realiza a través del Belén de Navidad --también conocido como nacimiento, pesebre o portal--, la tradicional reconstrucción del lugar y del ambiente en el que nació Jesucristo durante la noche que hoy denominamos Nochebuena. Según cuenta la historia cristiana, Jesús fue alumbrado por la Virgen María en un portal junto a una mula y un buey, y fue depositado en un viejo pesebre.

   Así, el Belén tradicional muestra un portal y un viejo pesebre de paja, junto al que se colocan las figuras de la mula y el buey, así como las de José y María, quienes admiran al niño, el cual se coloca el día de Navidad en conmemoración a la jornada de su nacimiento. Además, aparecen las imágenes de los tres Reyes Magos, llegados de Oriente y guiados por una estrella fugaz, los cuales se van acercando al portal conforme se acerca el día 6 de enero, día de la adoración.

   Pero, ¿cuál es el origen de esta costumbre navideña? La historia dicta que la primera celebración navideña en la que se montó un Belén fue en la Nochebuena de 1223 y por parte de San Francisco de Asís, quien lo hizo en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia). La escena del nacimiento de Cristo no fue representada con figuras y miniaturas, sino que en la celebración de la misa nocturna, hubo una representación simbólica mediante un pesebre (sin niño), el buey y la mula, basándose en la tradición cristiana y los Evangelios apócrifos.

   La tradición comenzó a popularizarse tras esta primera ocasión, y comenzaron a instalarse belenes en las iglesias durante la Navidad, para los que hacían figuras de terracota, cera o madera en vez de seres vivos. A partir del siglo XIV, el montaje de los belenes por Navidad se consolidó como tradición en la península itálica, pasando al resto de Europa --al principio como práctica eclesiástica, después aristocrática y finalmente popular--.

   Y así fue como esta tradición llegó a España, cuando a mediados del siglo XVIII el rey de Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España y promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia ibérica, llegando la práctica popular posteriormente a América. De hecho, los franciscanos utilizaron los belenes como método de evangelización de los pueblos originarios en el territorio americano.

   Así, en territorio americano es habitual la presencia de anacrónicos, como animales y plantas americanas que en Palestina no se conocían en tiempos de Jesús: guajolotes, magüeyes y nopales, pero que en cualquier caso recuerdan el carácter rural de la escena. Pero este hecho también responde a que en el Hemisferio Sur, donde se encuentra gran parte del territorio de América Latina, la Navidad se celebra durante el solsticio de verano, por lo que el clima y los productos agrícolas sudamericanos son muy diferentes a los europeos y palestinos.