Un dios extranjero en Chichén Itzá reescribe la historia del famoso santuario maya

Un dios extranjero en Chichén Itzá reescribe la historia del famoso santuario ma
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Actualizado 06/03/2019 22:51:38 CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 6 Mar. (Notimérica) -

   Cuatro campesinos caminaban por una zona selvática cercana a las ruinas de Chichén Itzá en 1966, cuando se sorprendieron al encontrar la entrada a una cueva. Vasijas y figuras prehispánicas fueron encontradas en la primera parte del interior de la cueva, y los entonces estudiosos de los restos arqueológicos decidieron cerrala al considerar que se trataba de un recinto sagrado.

   Sin embargo, cinco décadas más tarde el sitio --denominado Balamkú o 'la cueva del Dios Jaguar'-- fue reabierto y, en la actualidad, se considera uno de los principales descubrimientos de la antigua civilización maya, con cientos de objetos arqueológicos de más de mil años que debido a que la cueva permaneció cerrada, se encuentran en muy buen estado de preservación.

   "Cuando uno encuentra una cueva no alterada tiene ante sí un tesoro invaluable de información", indica a 'BBC Mundo' el investigador Guillermo de Anda, director del programa Gran Acuífero Maya del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). De esta manera, el hallazgo supone una fuente de valor arqueológico e histórico incalculabla.

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   Entre los descubrimientos, la cueva alberga muchas respuestas sobre el intercambio cultural de los mayas con otras civilizaciones mesoamericanas, en especial en los 200 incensarios con la imagen de Tláloc, el Dios de la Lluvia de los aztecas. Este hecho permite saber que el culto a esta deidad se expandió desde el centro del territorio hoy mexicano, hasta la península de Yucatán.

   La presencia de Tláloc, una deidad para pueblos ubicados a más de 1.300 kilómetros de Chichén Itzá "nos habla de un intercambio e influencia importante de grupos del centro de México", explica al citado medio De Anda.

   Pero, además, se ha descubierto que la entrada a dicha cueva por parte de los mayas tuvo que ver con una sequía. La necesidad de agua de lluvia llevó a que los pobladores rogaran a Tláloc y entraran en las cuevas, consideradas por las civilizaciones prehispánicas como "el inframundo", donde se encuentran además las deidades de la fertilidad.

   De este hecho se expone: "El que una deidad digamos extranjera (para los mayas) esté en el sitio más sagrado para ellos como una cueva, es extraordinario", indica De Anda. Asimismo, este hecho explica la gran cantidad de ofrendas encontradas en la cueva, como piedras de molienda, malacates y metates en miniatura, cajetes o tapas de incensarios con representaciones de jaguar (especie animal de mayor respeto para los mayas).

   'BBC Mundo' indica que algunos incensarios y vasijas hallados aún conservan restos carbonizados de alimentos, semillas, jade, conchas y huesos, los cuales servirán para establecer la fecha en que fueron depositados. "Puede ayudar a entender el colapso de la ciudad, cuando pudo haber dejado de florecer y por qué. Es reescribir la historia de Chichén Itzá", indica De Anda.

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