La Junta de Quito, el primer grito de Independencia Americana

Actualizado 10/08/2016 9:39:33 CET
PÍO MONTÚFAR
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   MADRID, 10 Ago. (Notimérica) -

   Han pasado más de dos siglos de la instalación de la primera Junta de Gobierno Autónoma creada en la Presidencia de Quito. Este territorio ultramarino bajo el poder del Imperio Español es la actual República de Ecuador y supuso el denominado 'Primer Grito de Independencia Hispanoamericana', ya que inició el proceso de emancipación en Latinoamérica.

   Por aquellos momentos, los quiteños no se encontraban en las mejores condiciones bajo el mandato de los españoles, que mostraban signos de debilidad económica y social. Las élites criollas quitenses veían afectados sus intereses económicos por el Gobierno colonial español. Además, tenían muy en cuenta los ideales de la Ilustración y la Revolución Francesa.

   En apoyo a estas tendencias, intelectuales como José Mejía Lequerica o Eugenio Espejo propagaron ambiciones independentistas entre las distintas clases sociales que componían la población. Así, la decadencia del régimen español con el monarca Fernando VII cautivo y la presencia de logias masónicas entre los criollos ricos fueron los detonantes para comenzar dicha insurgencia.

   Cabe destacar las llamadas 'máscaras de Fernando VII', un término adoptado por los historiadores que se refiere a un tipo de estrategia escogida por los independentistas hispanohablantes durante las revueltas autodeterministas. Su método se fundamentaba en jurarle fidelidad al rey absolutista exiliado por obligación de Napoleón Bonaparte, sin reconocer al, por entonces, gobernador en España, José I Bonaparte.

   Con este juramento, las colonias bajo dominio español mostraban su lealtad a un rey impedido de reinar y eso equivalía a gobernar en forma autónoma. Así, bajo este maquillaje, los nobles criollos y pensadores se reunieron la noche del 9 al 10 de agosto en casa de una dama quiteña comprometida con la causa independentista, Manuela Cañizares, donde plantear la futura insurgencia.

   En este grupo se encontraban algunos de los grandes militares y terratenientes de la zona como Pedro de Montúfar, Juan Larrea y Juan José de Salinas y Zenitagoya, entre otros componentes. De esta forma, los ideales independentistas de Espejo junto con las máscaras de fidelidad a Fernando VII fueron la mejor forma de encabezar la insurrección.

   En la madrugada del 10 de agosto, los patriotas quiteños sitiaron el Palacio Real--actual Palacio de Carondelet-- obligando al conde de Ruiz de Castilla, Manuel de Urriés, a capitular. No se produjeron enfrentamientos bélicos, ya que se exigió la formación de gobiernos provisionales para la seguridad del monarca español, en busca de derrotar a un enemigo común.

   De esta forma, se creó la Junta Soberana de Quito con Juan Pío de Montúfar como líder de la misma. Por entonces, éste era marqués de Selva Alegre, un título nobiliario español que había creado Fernando VI en 1747. Montúfar renunció a su cargo en el mes de septiembre debido a diferencias entre los políticos que formaron la audiencia sobre el rumbo que tomarían sus actuaciones.

   A pesar de ese trágico final que le llevó casi a la ruina cuando le confiscaron territorios por considerarle traidor a la Junta, durante su gobierno se establecieron los primeros planes que llevarían a la futura República ecuatoriana. Se trata del Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial y las Fuerzas Armadas.

   Además, se nombraron a los primeros diputados y ministros de la formación. También se creó la Orden Nacional de San Lorenzo, que sigue vigente en la actualidad, y el Senado. Se estableció la bandera de la Junta Autónoma de Quito, con aspas blancas sobre fondo rojo.

   En cuanto a los apoyos por cercanía a esta forma de autogobierno, las ciudades de Ibarra, Amato y Riobamba se sumaron al movimiento quiteño, mientras que Guayaquil hizo todo lo contrario y pidieron el bloqueo de la costa ecuatoriana por parte de Perú para frenar el proceso.

   Pero la personalidad de Montúfar no jugó en favor al desarrollo independentista, de forma que con su renuncia en octubre, se tambaleó la Junta y tuvieron que devolver el mando al conde Ruiz de Castilla, quien volvió a establecer la Real Audiencia de Quito. Con ello, persiguió y encarceló a los cabecillas del movimiento.

   Esta decisión desembocó en la famosa masacre del 2 de agosto de 1810, un motín popular que tenía la intención de liberar a los presos recientemente encerrados. Así, los ataques de los quiteños a dos cuarteles se saldaron con la vida de cientos de personas en una matanza ordenada por Ruiz de Castilla.

   Este primero 'grito de independencia iberoamericano' tuvo especial trascendencia en Chile, en la Junta de Santiago celebrada en septiembre del año 1810. De hecho, muchos militantes ecuatorianos participaron en esta formación.

   El 10 de agosto de ese año es recordado como la fecha fundacional de la República de Ecuador y en su primer centenario se colocó en el centro de la Plaza Grande el monumento que se refiere al Movimiento a la Independencia.