Actualizado 24/10/2016 08:49 CET

Pavel Giroud, director de cine cubano: "El cine latinoamericano está mejor que nunca"

   MADRID, 24 Oct. (Notimérica) -

   La película 'El Acompañante' (The Companion), dirigida por Pavel Giroud, fue seleccionada el pasado mes de agosto para representar a Cuba en la próxima edición de los premios Óscar; además, la cinta representará al país caribeño en la gala de los Goya españoles.

   No será la primera vez que el realizador nacido en La Habana (1973) participe en esta ceremonia, ya que su primer largometraje 'La Edad de la peseta' (The Silly Age, 2006) participó en la categoría de mejor película extranjera de habla hispana en los premios Goya 2007.

   La historia de 'El Acompañante' está ambientada en la década de los 80, cuando Daniel (Armando Miguel Gómez) y Horacio (Yotuel Romero) entablan una relación de amistad que nace de la sanción por dopaje de éste, quien es destinado a trabajar como acompañante de portadores del virus VIH en un sanatorio de la capital.

   La cinta tiene el objetivo de reflejar la situación del país en esos años, haciendo apología de sus dos puntos más importantes bajo el régimen militar comunista: la salud y el deporte. Evaluada por el comité del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), el largometraje fue elegido por "su capacidad para comunicarse eficazmente por el espectador a partir de una trama tejida con notable eficacia narrativa, poder humanista y conmovedores personajes".

   Notimérica tuvo la oportunidad de conversar con el director cubano en su paso por la capital de España, promocionando 'El Acompañante'.

   PREGUNTA: La candidatura a los Goya y a los Óscar seguramente se haya visto favorecida en aspectos de distribución. ¿Cuáles son los otros puntos en los que se ha visto beneficiada?

RESPUESTA: La gran sorpresa está en que Cuba la haya elegido, ya que es una película bastante desafiante e independiente. Nunca imaginé que el ICAIC de Cuba la eligiera teniendo películas oficiales de producción propia. A nivel de premios, le ha ido muy bien porque ha sido muy bien acogida por diferentes públicos y galardones, en los festivales de La Habana y Nueva York, por ejemplo.

   Hoy en día los premios no garantizan la distribución de una película porque existe una gran diferencia entre cine de festivales y cine de taquilla, algo que los espectadores lo tienen muy claro. Mi película está en ese límite. No es cine de autor ni tampoco es comercial, pese a que conecta muy bien con el público, porque cuando se coloca en cartelera, el público opta por otra de producción americana. Ahora bien, cuando hablamos de Óscar quizás si facilite el camino, algo que no pasa con los Goya.

   P: ¿Le sorprende que su película sea la candidata del país para representarlo?

R: Sí porque es una historia que ya se creía enterrada y yo me atreví a desenterrar el 'cadáver' y hacerle la autopsia. Es un tema incómodo porque los portadores del VIH en Cuba eran prisioneros. Ahora bien, desde el punto de vista clínico fue muy efectivo porque hoy en día el país ostenta uno de los mejores índices de erradicación del virus en todo el mundo. En esa época no había mucha cultura de la prevención, teniendo en cuenta que existía una vida sexual bastante liberal y promiscua.

   Siento que el Gobierno dijo: "la única manera de parar esto es así, con mano dura y a la tremenda", como usualmente se solucionan los problemas en Cuba.

P: ¿Supone un impulso para que el resto de cineastas se centre en esta época tachada?

   R: Está ocurriendo, recientemente hay varias películas cubanas que apuntan a los años 80. El pasado mes se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián (España) la película de Carlos Lechuga 'Santa y Andrés', que apunta a los rezagos de la época más dura de los escritores cubanos. Esto se debe a que sufrieron una gran presión en los años 60 que tuvo sus consecuencias veinte años más tarde. Otra que se llama 'La Hora del Siglo' apunta al país en ese década.

   La idea es que justo esos años parecían ser la época de oro del cine cubano, parecía que todo estaba bien y resulta que no, que cuando cayó el campo socialista en Europa del Este se demostró que había que adoptar medidas extremas para que aquello no se desmantelara.

   P: ¿La película se basa en una historia real?

R: Podría decirse que sí porque todos los personajes han sido creados a partir de historias que les han ocurrido a otras personas. Están creados a golpe de inspiración pero muchos personajes secundarios de la película tienen inspiración directa en otros personajes.

P: A lo largo de la historia se datan distintos casos de hostilidad entre sus protagonistas. ¿Busca representar a través del conflicto las diferencias entre ellos?

   R: Ocurre una cosa tremenda porque, en un principio, era un hospital militar. Allí, se comenzaron diferentes estudios y pruebas con médicos especializados en VIH. Cuando se empezaron a ver casos de la enfermedad en la sociedad civil, este era el único lugar donde podían ser tratados. Para los militares, estar en un sanatorio militar no suponía ninguna rareza. Sin embargo, para una persona normal suponía una doble condena: saber que eras portador de una enfermedad mortal y que te iban a encerrar en un sitio así. Este hospital es un símbolo de lo que era Cuba, una microsociedad: en lugar de estar rodeada de mar, era tierra lo que había a su alrededor.

   P: Boris, el antagonista, es uno de los personajes mejor construidos a pesar de su poca aparición en pantalla. También ocurre con la jefa del hospital. ¿Cómo trasladó sus historias al guión?

R: Es un personaje inspirado en muchas personas a la vez. Para ponerlo en contexto, conocí la historia de muchos pacientes que fueron violados en estos centros, algo que me llamó especialmente la atención porque los trabajadores de estos emplazamientos sabían cuales eran las vías de contagio y les daba igual solo por tener un momento de placer. Por eso contaminé su personaje con casos aislados que fui conociendo a lo largo de un año, ocurriendo lo mismo con la superiora.

   P: ¿Cuál fue el mayor reto a la hora de crear este largometraje?

   R: Lo que más me costó de la película fue justo ver qué dejaba fuera, qué no incluía en su historia, para poder centrarme en sus dos protagonistas, Horacio y Daniel. Había muchos casos muy interesantes a nivel documental pero me ensuciaban la evolución dramática de ellos dos. La película debía crecer, no engordar.

   P: En temática, podría compararse con producciones norteamericanas como 'Dallas Buyers Club', 'Vivir hasta el fin', 'Philadelphia'...

   R: Sí, en cuanto a que llega la amistad en un momento difícil, a que estos sentimientos alivian la dureza de cualquier acontecimiento. El factor novedoso de 'El Acompañante' dentro del subgénero del SIDA es que, mientras en el mundo entero se culpaba a la comunidad homosexual masculina de la propagación del VIH, en Cuba se vio de una manera diferente, porque sus portadores eran "machos" habían hecho el servicio militar en África.

   Imagínate lo que supone para un país tan machista como este que la propagación del virus sea de sus héroes de guerra, mientras que en el resto del mundo era "cosa de maricones", como dicen los protagonistas de la cinta. Por eso había muchas cosas nuevas que contar y, a la vez, servían de pretexto para lograr una conexión universal porque el VIH fue y es un conflicto universal.

   P: Por la calidad de la historia y el trabajo que ha realizado con 'El Acompañante', ¿Cuáles son sus expectativas?

R: En películas como esta, es muy importante que lo que se narra trascienda en el marco del hecho fílmico. Yo soy defensor del cine como entretenimiento pero también del cine que es algo más que eso. 'El Acompañante' entra en ese rango porque es una película dinámica que conecta bien con el espectador. Siento que la gente sale de la película con más preguntas que respuestas. Incluso, mucha gente me ha escrito a través de las redes sociales comentándome sus percepciones y es algo que te hace sentir que no lo has hecho mal. Ha motivado a la gente más allá de haber pasado un par de horas en el cine.

   P: Aprovechando esa conexión universal, cabe destacar la reciente apertura de fronteras de Cuba con EEUU, ¿De qué forma ha afectado a la industria cinematográfica?

R: Esa unión es un espejismo, no hay resultados sino pinceladas. Por ejemplo, cuando Obama se fue de Cuba tras su visita oficial, se realizaron algunas producciones norteamericanas en el país como 'Fast & Furious' o 'Transformers', pero nada más. Solo sirvió de plató barato y cercano para hacer sus películas. La reacción del gobierno cubano ante esta apertura es nula, ya que las autoridades siguen convencidas de que las relaciones con el otro país son meramente económicas siempre y cuando ambos se vean beneficiados.

   P: El cine latinoamericano goza en la actualidad de una gran recepción por parte del mundo internacional. Muchos realizadores coinciden en que se trata de historias de denuncia. ¿Continúa esta tendencia?

R: Eso pasó en los años 60. El cine latinoamericano comenzó a crecer cuando dejó de ser cine de denuncia, cuando dejó de tener esa misión sobre todas las cosas. A partir de que alcanzó esa pluralidad, ha logrado llegar a todos los festivales porque es el lugar donde se están diciendo más cosas. Estas películas te sumergen en un mundo completamente nuevo porque anteriormente habían formado parte de un repertorio hermético. El cine latinoamericano está mejor que nunca.

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