Publicado 17/04/2021 13:19CET

África.- Las filiales del Estado Islámico en África, principal fuente de propaganda del grupo terrorista

Aunque hay contactos entre la matriz y las franquicias, no está claro que haya un control central

MADRID, 17 Abr. (EUROPA PRESS) -

Estado Islámico perdió su 'califato' físico hace ahora dos años y a su califa unos meses más tarde, pero el grupo terrorista no fue en ningún caso derrotado. Su núcleo central sigue activo en Irak y Siria, donde lleva a cabo frecuentes ataques, pero son sus filiales, en particular las de África, las que se han convertido en su principal fuente de propaganda.

El reciente ataque contra la localidad de Palma, situada en el norte de Mozambique y a unos pocos kilómetros de un importante proyecto de Total, ha vuelto a poner el foco sobre la presencia de Estado Islámico en África y sobre el control que el grupo que ahora comanda Abú Ibrahim al Hashimi al Quraishi, alias que correspondería a Amir Muhamad Said Abdelrahman al Mawla, tiene sobre sus filiales.

Dicho suceso, que se ha saldado con un número indeterminado aún de muertos entre los que se sabe que hay algunos occidentales, vino precedido días antes por la inclusión de las filiales de Estado Islámico en Mozambique y en República Democrática del Congo (RDC) --que operan bajo la bandera de Estado Islámico en África Central (ISCA) desde 2019-- en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos.

Ambos sucesos han reabierto el debate de hasta qué punto Estado Islámico 'central' controla a las varias franquicias de que dispone en el continente, en particular a las subsaharianas, mucho más activas que las de Egipto o Libia. Y aunque no hay consenso en el mundo académico y de los expertos en yihadismo, en generan priman los que consideran que se trata más bien de un "matrimonio de conveniencia" en el que tanto unos como otros salen ganando.

En todos los casos, las filiales eran grupos armados locales que luchaban principalmente movidas por razones de índole local --en general relacionadas con la falta de oportunidades, el abandono del gobierno central o la discriminación de determinados grupos-- y que en un momento dado optaron por jurar lealtad a Estado Islámico, por la publicidad que esto conllevaba.

El caso más notorio fue el de Boko Haram. Su líder, Abubakar Shekau, juró lealtad a Abú Bakr al Baghdadi en 2015, en el punto álgido del grupo terrorista y movido por la popularidad del mismo, para verse luego apartado del cargo y ver nacer a continuación una escisión, Estado Islámico en África Occidental (ISWA), que opera en la cuenca del lago Chad y que es de las más activas del continente.

También otra potente filial, Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) --desde hace un tiempo a efectos organizativos dependiente de ISWA--, tiene como líder a un veterano yihadista, Adnan Abú Walid al Saharaui, quien fue portavoz Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), uno de los grupos yihadistas que lucharon en el conflicto de 2012 en Malí.

ACTUAR EN NOMBRE DE ESTADO ISLÁMICO

Pero actuar con el nombre de Estado Islámico es una cosa y recibir órdenes es otra. Hasta el momento no es mucha la información que permita asegurar que el nuevo líder de Estado Islámico tiene realmente una estrategia en África y que sus filiales están actuando conforme a sus instrucciones.

No obstante, en los últimos años los expertos sí han podido constatar algunos contactos, principalmente en el caso de ISWA, así como también transferencias de fondos, su principal contribución habría sido la relativa al trasvase de conocimientos en lo que a cometer atentados y llevar a cabo operaciones armadas se refiere.

Algo similar estaría ocurriendo ahora en el caso de RDC y de Mozambique, donde ISCA ha surgido sobre la base de grupos ya existentes. En el caso congoleño se trata de las Fuerzas Aliadas Democráticas (ADF), que comenzaron luchando contra Uganda en los años 1990 y posteriormente se asentaron en el este de RDC.

Según un estudio de la Universidad George Washington, Estado Islámico ha dado asistencia financiera a este grupo y ha habido comunicaciones. Sin embargo, no ha encontrado "pruebas de órdenes de mando directo y control" desde la cúpula del grupo terrorista.

En el caso de Mozambique, donde a los yihadistas que comenzaron a actuar en el norte en 2017 se les conoce popularmente como Al Shabaab --aunque sin ninguna relación con el grupo somalí del mismo nombre--, hay pruebas de algunos contactos pero no está claro cómo de significativos son, según el 'think tank' International Crisis Group.

APROVECHAR LOS ATAQUES PARA PROPAGANDA

Así pues, con unos lazos tan tenues entre la matriz y sus franquicias, en los que el núcleo central principalmente lo que hace es usar los ataques de los segundos como herramienta de propaganda de sus actividades ¿se puede realmente aseverar que las 'provincias' forman parte de Estado Islámico? Aquí es donde los expertos no se ponen de acuerdo.

Para Sim Nasr, experto francés en yihadismo, "África se ha convertido en el epicentro de Estado Islámico, ya no lo es el Levante". "Para darse cuenta de ello solo hay que leer su periódico, donde es el continente africano el que aparece más a menudo en portada", subraya en una entrevista en 'Le Point', resaltando sobre todo las acciones de ISWA e ISGS, y en menor medida ISCA. "Estado Islámico sigue estando presente en Siria e Irak, pero ya no consigue organizar operaciones de envergadura", subraya.

Por contra, Haroro J. Ingram, investigador del Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington; Craig Whiteside, profesor asociado del U.S. Naval War College; y Charlie Winter, investigador del International Centre for the Study of Radicalisation, sostienen que Estado Islámico se ha convertido en una "insurgencia global adhocrática" es decir "en una colección de grupos milicianos diversos y dispersos geográficamente gestionados de forma irregular".

En un artículo publicado en Hudson Institute, estos tres expertos sostienen que "mientras que proyecta una imagen de un califato unificado y monolítico que se extiende mundialmente, todo lo que cohesiona la mayoría de sus distintas partes es una promesa a su califa y un compromiso declarado" de aplicar su credo y su metodología.

Gracias a ello, el grupo terrorista ha podido adaptarse e innovar a la hora de responder al cambio de sus condiciones estratégicas de los últimos años, subrayan. Pero, advierten, aunque sean resilientes, las adhocracias "también son proclives a la debilidad".

En este contexto, las operaciones de las filiales y la propaganda que desde el núcleo central se hace de las mismas "son un multiplicador de fuerzas para Estado Islámico".

APRENDIENDO DEL PASADO

Pero al mismo tiempo, la matriz también ha sabido aprender de sus errores del pasado y compartir esas lecciones, así como su experiencia operativa adquirida, con las filiales, destacan en su artículo. Esto explicaría el hecho de que ISWA primero, y también ISGS, y ahora ISCA, hayan evolucionado en su modus operandi y lleven a cabo acciones mucho más complejas que las que perpetraban en sus inicios.

En todo caso, el riesgo de este debate es que se pierda el foco sobre la amenaza que representa Estado Islámico. "Los países occidentales se han vuelto complacientes con la amenaza que suponen los grupos yihadistas en África porque, en su mayoría, estos grupos se han visto consumidos por las rivalidades locales y tienen su foco limitado a cuestiones parroquiales", destacan Colin P. Clarke, investigador de The Soufan Center, y Jacob Zenn, editor del Observatorio de Terrorismo de la Jamestown Foundation, en un artículo para el Foreign Policy Research Institute.

Aunque "no se han lanzado ataques más allá de las regiones inmediatas en las que operan", "el cálculo de algunos de estos grupos podría cambiar" y llevar a cabo operaciones externas. "Entonces, Estados Unidos y sus aliados lamentarán su creciente indiferencia a la naturaleza duradera de la amenaza" que plantean los grupos yihadistas en África, advierten.

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