Publicado 07/11/2020 09:30CET

Birmania.- Birmania acude a las urnas tras perder sus ilusiones democráticas

La líder 'de facto' del Gobierno de Birmania, Aung San Suu Kyi
La líder 'de facto' del Gobierno de Birmania, Aung San Suu Kyi - Michaela íhová/CTK/dpa - Archivo

La mandataria Aung San Suu Kyi, desprovista ya de su aura de idealismo, parte como favorita

MADRID, 7 Nov. (EUROPA PRESS) -

Una representación insuficiente de birmanos acuden este domingo a las urnas para unas elecciones generales "fallidas de antemano" y marcadas por los "abusos a los Derechos Humanos", según ONG y expertos que coinciden a la hora de lamentar el resquebrajamiento de la esperanza democrática representada hace cinco años en la figura de la activista y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, ahora convertida en un títere político.

Insuficiente, porque el mes pasado las autoridades birmanas decidieron impedir el derecho a votar a un millón y medio de residentes en grandes áreas del estado de Rajine, escenario durante años de una persecución sistemática -- y posiblemente genocida, según los informes que baraja Naciones Unidas -- a la minoría de los musulmanes rohingya, que desembocó en el éxodo de esta población a la vecina Bangladesh en 2017.

Quien ha ignorado las múltiples y contrastadas acusaciones de genocidio ha sido precisamente la última persona que se esperaba: la "Dama Suu", actual Consejera de Estado -- cargo equivalente a presidenta o primera ministra, y específicamente creado para ella --, antiguo icono de la resistencia contra el Ejército nacional y su absoluto dominio histórico sobre la política del país.

Desde el partido de la Liga Nacional para la Democracia (LND) que lidera Suu Kyi se asegura que la premio Nobel trabaja con las manos atadas porque la represión de los rohingya es consecuencia de una operación militar antiseparatista que no entra dentro de sus competencias de Gobierno. Sus críticos lamentan, como poco, su incapacidad para usar siquiera el ligero margen de maniobra del que dispone para desvincular al Ejército al menos de la política cotidiana.

Sin embargo, las acusaciones más graves señalan directamente a la mandataria como responsable de arrestos a disidentes. Amnistía Internacional, sin ir más lejos, denunció en abril de este año "el continuo hostigamiento, la intimidación y los arrestos" a los que tienen que hacer frente los defensores y los activistas por los Derechos Humanos" en Birmania desde que Suu Kyi asumiera el poder en 2016.

Las personas que han sido arrestadas y procesadas por mostrar sus opiniones son activistas medioambientales, periodistas, poetas, sindicalistas o estudiantes, según Amnistía, que ha recalcado la "sorpresa" que supone la deriva de Aung San Suu Kyi; una mujer que, tras "décadas" defendiendo los Derechos Humanos, ahora se cobija junto al Gobierno en las leyes militares para "reprimir y castigar a los críticos".

Por si fuera poco, los partidos de oposición, con el Partido Unión, Solidaridad y Desarrollo apoyado por el Ejército a la cabeza, han solicitado esta semana a la Comisión Electoral que aplace los comicios por el rebrote de coronavirus, argumentando que temen que los mítines y otros actos de campaña puedan provocar más contagios y que muchos electores no puedan acudir a votar.

FAVORITA ENTRE EL DESENCANTO, LA VIOLENCIA Y LA PANDEMIA

Aung San Suu Kyi parte como favorita absoluta dada la "veneración", como la describe el grupo de expertos en política internacional International Crisis Group, que despierta entre la mayoría budista birmana gracias a su defensa de las acciones del Ejército birmano ante el Tribunal Penal Internacional (TPI).

Ante la corte, la mandataria aseguró que los rohingya eran, en realidad, víctimas colaterales de los ataques perpetrados contra los militares por el grupo separatista del Ejército de Salvación del Arakán Rohingya (ARSA), y defendió que la respuesta había sido proporcionada, y que el genocidio del que acusan al Ejército no era más que "un gran iceberg de desinformación" para "crear problemas" y "beneficiar los intereses de los terroristas".

Sea como fuere, más de un millón y medio de rohingyas no podrán votar en estos comicios: el millón exiliado y los aproximadamente 600.000 que quedan todavía en el país, acobardados por la presencia militar, atrapados en un escenario de violencia entre partidarios de la oposición y del Gobierno -- se tiene constancia de un simpatizante de la LND fallecido el mes pasado tras un ataque de partidarios de la oposición en la región septentrional de Sagaing -- y asolados por la pandemia, que ha dejado ya casi 60.000 contagios y casi 1.400 muertos.

Y, en lo que a política doméstica se refiere, la ONG Human Rights Watch describe un cuadro enormemente decepcionante para las aspiraciones democráticas del país. El grupo, concretamente, acusa al partido de Aung San Suu Kyi de castigar a disidentes como Htay Aung, un candidato independiente, con cargos de sedición tras acusar a la mandataria de malversación de fondos públicos para hacer campaña.

El grupo también asegura que las restricciones a la información están impidiendo a la oposición que difunda sus mensajes políticos, que los periodistas de medios étnicos están siendo perseguidos y que todas las promesas de la LND para cambiar la Constitución del país, redactada por los militares, han caído en saco roto.

Por todo ello, HRW describe un futuro aciago para el país, por mucho que estas elecciones multipartidistas, las segundas en toda su historia, supongan "un hito" nacional. "Estas elecciones contienen defectos fundamentales", lamenta el director para Asia de HRW, Brad Adams.

"Y es imposible que sean libres y justas mientras una cuarta parte de los escaños estén reservados a los militares, exista un desequilibrio en el acceso a los medios de información, los críticos del Gobierno se enfrenten a la censura o al arresto, y a los rohingya se les niegue el derecho a voto", recalca.

LA ONU PIDE ELECCIONES "CREÍBLES Y PACÍFICAS"

Por último, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha señalado que "la celebración de elecciones pacíficas, ordenadas y creíbles (en Birmania) es una oportunidad importante para ayudar a promover el desarrollo sostenible inclusivo, la acción humanitaria, los derechos humanos y las reformas democráticas".

Asimismo, Guterres ha expresado su deseo de que estas elecciones "contribuyan a allanar el camino para que los refugiados regresen con seguridad y dignidad".

Además, el secretario general de la ONU ha reiterado su llamamiento a un alto el fuego en todo el país, en especial en los estados de Rajine y Chin, como parte de su petición para un cese de hostilidades en todo el mundo, con objeto de centrar los esfuerzos en la lucha contra la pandemia.

"El Secretario General insta a todas las partes en el conflicto armado a respetar sus obligaciones y reafirma el apoyo de las Naciones Unidas en su búsqueda de una vida digna y en paz", concluye el comunicado de la ONU.

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