Chile.- Estudiantes chilenos ahogados por los créditos universitarios protestan contra el Gobierno de Piñera

Publicado 09/11/2019 16:13:42CET
Chile.- Estudiantes chilenos ahogados por los créditos universitarios protestan
Chile.- Estudiantes chilenos ahogados por los créditos universitarios protestan - EUROPA PRESS
Un joven endeudado en Chile Un joven endeudado en Chile

Los estudiantes denuncian que no tienen "para vivir" y que "hay que tratar de no enfermar" por el coste de la sanidad

SANTIAGO, 9 Nov. (EUROPA PRESS) -

Centenares de miles de universitarios chilenos se han endeudado con créditos equivalentes, incluso, a una hipoteca, para poder cursar sus estudios superiores. Muchos se han puesto a la vanguardia de las masivas protestas contra el Gobierno del presidente Sebastián Piñera, iniciadas a mediados de octubre.

"La educación en Chile fue dejada a manos de los bancos, ocasionando que se haya matado financieramente a toda una generación de jóvenes, que hoy en día tenemos deudas de miles de euros a las espaldas", lamenta Juan Pablo Rojas, portavoz de Deuda Educativa, una organización que presiona para el cambio de las políticas educativas.

"Es una condena, porque salimos al campo laboral a buscar trabajo ya con un crédito millonario que pagar. La problemática afecta a dos millones de jóvenes", añade el activista.

Estudiar en Chile es caro, incluso en los centros públicos, que deben autofinanciarse. Cursar biología en una universidad pública cuesta, por ejemplo, unos 23.000 euros. Un grado de magisterio en Educación Infantil, unos 22.000 euros al cambio. Otra carrera, Odontología, 46.000 euros, o hasta 57.000 euros si se cursa en un centro privado, según un estudio de la Fundación Sol, que analiza la educación en Chile.

Por eso, centenares de miles de estudiantes se ven obligados a pedir un crédito para estudiar. "Dedico un 50% de mis ingresos para pagar la deuda. No es un gasto menor. Hay que afrontar, al mismo tiempo, pagar ese préstamo, la salud, que también está precarizada, y todo lo demás. Vivir en este país es complicado", asegura Tomás Ahumada, un joven con estudios de Arte Dramático que debe el equivalente a más de 9.000 euros en créditos de estudio.

"Hay que tratar de no enfermarse, porque una consulta te puede salir hasta por 50.000 pesos (unos 50 euros al cambio)", añade el actor. Es uno de los más de 870.000 beneficiarios del Crédito con Aval del Estado (CAE), el préstamo más popular en Chile, creado durante el Gobierno de Ricardo Lagos y establecido durante la administración de Michelle Bachelet, a partir de 2006.

Es un crédito que nació con un interés del 6 por ciento. Después de grandes protestas universitarias, se redujo esa tasa al 2 por ciento, pero las entidades financieras siguen cobrando lo mismo. El Estado chileno paga la diferencia con dinero de los contribuyentes.

HASTA 30 AÑOS DE DEUDAS

Las grandes deudas afectan especialmente a personas que han cursado estudios con pocas oportunidades laborales, como es el caso de Ahumada. "Mi sector, el de la actuación y la cultura, está precarizado. No hay contratos. No hay remuneraciones regulares. Entonces tengo que trabajar en otras cosas, y en la medida que puedo, voy pagando. Voy a tardar 30 años en desembolsarlo todo. Terminaré de para a los 50, y entonces ya tendré que estar pendiente de la jubilación, pero el sistema de pensiones privado también está podrido. No hay por dónde afrontar este país", lamenta.

Unas 397.000 personas están estudiando actualmente con el CAE. De ellas, el 40% están morosas, según la Fundación Sol. Sebastián Figueroa no está pagando su CAE. Estudió magisterio de educación física entre 2009 y 2014 y debe el equivalente a unos 19.300 euros, que no puede desembolsar.

"No me da para vivir. Tengo mi familia, otros gastos, y no la puedo desembolsar. Me estaban cobrando 150.000 pesos al mes (unos 181 euros) y yo estaba en una situación muy irregular. No tenía trabajo estable", señala el joven, que además dice estar en rebeldía con el sistema.

No pagar la deuda universitaria supone ingresar en una lista de morosos, conocido como Dicom, que supone, según sus detractores, una muerte civil. "Si yo quiero alquilar una casa, por ejemplo, no puedo hacerlo por estar en Dicom. Estoy obligado a vivir de prestado con amigos, o vivir con mis padres, que es lo que estoy haciendo en estos momentos", desvela Figueroa.

Asegura que es muy difícil encontrar un trabajo estable en su sector. "Acceder a un colegio o a una institución privada es muy complicado. La meritocracia no existe en este país, aunque seas muy bueno en lo que haces. Eso no sirve de mucho si no tienes buenos contactos. Si no eres de un apellido bonito, que suene bonito en barrio alto, o no conoces a alguien, vas a tener menos posibilidades".

ALTO COSTE DE LA VIDA

Daniela Monsalve estudió Administración Pública, debe el equivalente a unos 17.000 euros, y tampoco está abonando el crédito. Gana el equivalente a 529 euros líquidos al mes, y asegura que, si pagase la deuda, no podría llegar a fin de mes.

"El costo de vida en Chile es tan caro que los sueldos no dan ni siquiera para pagar lo que nos comprometimos. Además, tenemos que pagar aparte la salud, porque no tenemos previsión social. Tampoco seguro de traslado, ni derecho a vacaciones", asegura.

Las entidades bancarias suelen amenazar con embargos a quienes no pagan el crédito. "Hoy en día, lamentablemente, debido a las altas tasas de endeudamiento, hay mucho joven que se está enfermando. Hay enfermos de depresión. Gente que ha pensado, incluso, en suicidarse. Gente que se ha quitado la vida por algo que se ha vendido como un beneficio social, pero que se trata de negocios, inventados por los mismos políticos para los bancos donde ellos después se van a trabajar. Es vergonzoso", critica el activista Juan Pablo Rojas.

"Proponemos que se detengan esos créditos, que nos condonen las deudas y que Chile tenga una política pública que apunte a la gratuidad total del sistema educacional, tal y como se ha comprometido en varios tratados internacionales", pide.

La expresidenta de centro-izquierda, Michelle Bachelet, permitió en 2015 que el 60 por ciento de los más pobres del país pudieran acceder a los estudios universitarios. El Estado paga la factura. La deuda universitaria afecta, sobre todo, a hijos de familias con ingresos medios del país sudamericano.

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