Cuba.- "Ojalá hubiera tenido al Ministerio de Exteriores de hoy", lamenta el periodista que pasó preso 18 meses en Cuba

Sebastián Martínez Ferraté
EUROPA PRESS
Actualizado 16/10/2012 17:13:27 CET

El libro 'Prisionero en Cuba' relata el infierno que Sebastián Martínez vivió en la isla en represalia por un documental que molestó al régimen

MADRID, 16 Oct. (EUROPA PRESS) -

El periodista y empresario español Sebastián Martínez Ferraté, que pasó 18 meses preso en Cuba en represalia por un reportaje que grabó con cámara oculta sobre la prostitución infantil en la isla en 2008, lamenta no haber tenido al equipo actual que dirige el Ministerio de Exteriores, y que logró su liberación, trabajando en su caso desde el principio.

"Ojalá hubiera tenido desde el principio al Ministerio de Exteriores de hoy", reconoce en una entrevista a Europa Press con motivo de la publicación del libro 'Prisionero en Cuba' (editado por LibrosLibres) en el que su amigo y también periodista Javier Algarra narra los 555 días de infierno que Martínez Ferraté pasó en la isla hasta que el actual jefe de la diplomacia, José Manuel García-Margallo, logró su liberación al poco de acceder al cargo.

Martínez Ferraté guarda aún secuelas psicológicas de su paso por el centro de detención '100 y Aldabó', el mismo en el que ha estado detenido el dirigente de Nuevas Generaciones (NNGG) Angel Carromero, y su posterior paso por la cárcel para extranjeros de La Condesa, a unos 60 kilómetros de La Habana.

En el primero permaneció 27 días tras su detención en el aeropuerto de La Habana en condiciones muy diferentes a las que las autoridades cubanas han dispensado a Carromero.

Si el joven dirigente de NNGG ha estado recluido en una especie de apartamento sin tener que compartir celda ni comida con otros presos, Martínez Ferraté permaneció en una celda con otros tres hombres, incomunicado y en unas condiciones higiénicas lamentables. "Cogí sarna dos veces", recuerda.

Ferraté espera que Carromero no sea trasladado ahora, tras su condena a cuatro años de privación de libertad por el homicidio imprudente de dos destacados disidentes en un accidente de tráfico, a la prisión de La Condesa.

El periodista español pasó dos meses en el pabellón de máxima severidad de esa cárcel, donde convivía con un "hedor espantoso" y otros 90 presos que dormían repartidos en literas y compartían únicamente dos duchas de las que solo salía, y no siempre, agua fría, "tanto en invierno como en verano".

La depresión en la que cayó permitió a Ferraté pasar el resto de los meses que permaneció preso en el pabellón donde se encontraba la enfermería, en la que solo compartía habitación con otros tres reclusos.

AMENAZAS DE LA FISCAL

Una de las peores imágenes que aún se le vienen a la cabeza es la de la fiscal que, en el centro de detención '100 y Aldabó', le amenazaba con no volver a ver nunca a su hija, que entonces tenía unos cinco años, porque se moriría antes en la cárcel. "Me decía que me iban a caer 25 años", rememora el periodista.

La Fiscalía pidió finalmente 15 años de prisión por dos presuntos delitos de proxenetismo y corrupción de menores, que se quedaron en siete. Martínez Ferraté, que siempre defendió su inocencia, denunció desde el principio que su caso era una represalia por el documental que grabó con cámara oculta sobre la prostitución infantil en la isla en 2008 y que emitió la cadena de televisión Telecinco.

Martínez Ferraté fue detenido en el aeropuerto de La Habana en julio de 2010, cuando trabajaba como director gerente de la empresa turística mallorquina Marina Hotels, en respuesta a una invitación de empresas propiedad del Gobierno cubano que demostró ser una "trampa".

De hecho, en los primeros interrogatorios a los que fue sometido nada más ser detenido en el aeropuerto de La Habana, los instructores de Policía le confirmaron que su detención se debía al "daño irreparable" que había causado al pueblo de Cuba con su documental, que había molestado sobremanera al comandante Fidel Castro.

En el posterior auto de procesamiento, el fiscal consideraba que el documental ofrecía "una imagen distorsionada acerca de la juventud, los estudiantes y las instituciones cubanas" y contenía escenas "de corte contrarrevolucionario mostrando la intención de los autores de desmentir y denigrar la Revolución Cubana".

Tras pasar 18 meses preso, el régimen castrista accedió a expulsar a Ferraté de Cuba --con lo que su condena quedó extinguida-- en enero pasado, tras las gestiones emprendidas por el Ejecutivo de Mariano Rajoy al poco de llegar a La Moncloa.

CRÍTICAS A MORATINOS Y TRINIDAD JIMÉNEZ

Ferraté está convencido de que su liberación no llegó antes porque ni Miguel Angel Moratinos ni Trinidad Jiménez --antecesores socialistas de Margallo-- se implicaron en el caso.

"Ninguno de ellos habló conmigo o con mi mujer", se queja el periodista, quien sí agradece el trato recibido por los distintos cónsules que se ocuparon de su caso desde Cuba, del exembajador Manuel Cacho y de la ahora vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, a los que llamaba cuando estaba "desesperado".

Para Ferraté supuso un nuevo "derrumbe" la victoria del PP en las generales de noviembre. Si los socialistas no habían conseguido nada teniendo en teoría mejores relaciones con Cuba, ¿qué cabía esperar con los 'populares'?.

Ferraté recuperó la esperanza después de que el periodista de 'El Mundo' Antonio Rubio, con el que se mantenía en contacto, hablara con el nuevo ministro de su situación y le contara después que García-Margallo se había comprometido a ocuparse personalmente del caso.

Una de las primeras cosas que hizo el ministro fue llamar a la mujer de Ferraté, María Angeles Solá, ante la que "daba la cara", algo que no hicieron sus antecesores. "Se puso manos a la obra y en 22 días me soltaron", relata.

Margallo acudió a recibir a Ferraté a su llegada al aeropuerto de Barajas y le reveló que tuvo que dar "un puñetazo encima de la mesa" ante las autoridades cubanas, a las que advirtió de que tendrían "problemas" con el Ejecutivo de Rajoy si no solucionaban el caso del español.

El autor de 'Prisionero en Cuba', Javier Algarra, cree que Cuba quiso tener un "gesto" con el Gobierno de Rajoy liberando a Ferraté, una vez constatado que era un tema que interesaba al nuevo Ejecutivo 'popular'.

Pocos días después de la expulsión de Ferraté, moría tras una huelga de hambre el disidente cubano Wilman Villar. El Gobierno español, por boca de varios de sus representantes, expresó su "consternación" por el trágico desenlace y pidió al Ejecutivo cubano que liberara a todos los presos políticos, respetara los Derechos Humanos y garantizara la libertad de expresión de aquellos que manifiestan su disconformidad con el régimen.

Cuba consideró "inaceptable" esta reacción a la muerte de Villar y el propio Fidel Castro acusó al Gobierno de Rajoy de representar a la "derecha fascista". Según Algarra, si la muerte de Villar y la posterior reacción del Gobierno español se hubieran producido con Ferraté aún entre rejas, el periodista no habría conseguido la libertad.