¿Desaparecer o consolidarse con un cambio de rumbo? Futuro incierto para las Cumbres Iberoamericanas

Actualizado 28/10/2016 12:39:48 CET

   CARTAGENA DE INDIAS, 27 Oct. (Notimérica) -

   Un pasado común, una identidad similar y dos lenguas compartidas (español y portugués) fueron el detonante en 1991 de la primera Cumbre Iberoamericana, que tuvo lugar en Guadalajara (México) con la participación de 21 de los 22 países que conforman esta comunidad. Pasaron 13 años hasta que en 2004 se sumó Andorra.

   Desde su inicio, cada año se ha celebrado en una ciudad diferente esta reunión de jefes de Estado y de Gobierno entre cuyos objetivos están "examinar de forma conjunta los grandes retos que confrontan las naciones iberoamericanas en un mundo en transformación" o "concertar la voluntad política de los gobiernos de Iberoamérica para propiciar soluciones a esos desafíos y convertir el conjunto de afinidades históricas y culturales que enlazan a las naciones iberoamericanas en un instrumento de unidad y desarrollo basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad".

   También está en el carácter fundacional de las Cumbres "contribuir a un futuro de paz, mayor bienestar e igualdad social" e "impulsar un proyecto de cooperación iberoamericana sustentado en el diálogo, la solidaridad y la adopción de acciones concertadas".

   Durante cada una de sus ediciones este encuentro ha tenido como propósito trabajar sobre un tema concreto que se acuerda en la reunión anterior. En este caso, la Cumbre de Colombia, que se celebra estos 28 y 29 de octubre en la ciudad de Cartagena de Indias, se desarrollará bajo el lema de 'Juventud, Emprendimiento y Educación'.

   Además, los jefes de Estado y de Gobierno han aprovechado tradicionalmente esta cita para mantener reuniones bilaterales y privadas en las que tratar temas que afecten a las relaciones entre países concretos, ya sea con carácter político o económico.

   2014 fue un punto de inflexión. Fue en aquel momento cuando se decidió modificar la frecuencia de las Cumbres para que su periodicidad pasase de ser anual a bienal.

   En un informe presentado por la Secretaría General Iberoamericana (Segib) en 2013 que fue realizado por el expresidente chileno Ricardo Lagos, la exsecretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, y el exsecretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, se afirma que la idea es celebrar las Cumbres "en forma alternada con las de la Cumbre CELAC-UE" ya que "hoy en día son muchas las instancias que convocan a los mandatarios y comprometen buena parte de su agenda".

   Sin embargo, son muchas las voces que apuntan a que esta modificación responde a que varios de los países integrantes no se sienten identificados con el proyecto en una época en la que la región está claramente dividida en dos corrientes políticas: la conocida como 'bolivariana' o 'chavista' y la liberal.

   Tanto es así que el esperado XXV aniversario de la Cumbre, el año de la bautizada como 'Cumbre de la paz' en honor a las negociaciones entre el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC, será la cumbre (junto con la de Panamá en 2013) con menos jefes de Estado desde que se crease esta reunión. En concreto, tan solo 12 de los 22 mandatarios estarán presentes en Cartagena de Indias, aunque todos los integrantes estarán representados por medio de vicepresidentes, cancilleres, o ministros.

FUTURO INCIERTO

   Las Cumbres fueron un éxito en la década de los noventa y gozaron de buena salud durante los dos mil, pero en esta última década su utilidad no deja de estar en entredicho.

   La ausencia de mandatarios como Nicolás Maduro, Evo Morales, Mauricio Macri o Michel Temer, entre otros, plantea una cuestión clara: ¿Están las Cumbres Iberoamericanas destinadas a desaparecer? La pregunta, a priori radical, está desde hace años sobre el tablero y la sombra de la duda planea en cada nuevo encuentro de naciones iberoamericanas.

   El investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT) de la Universidad de Alcalá, Rogelio Núñez, considera que "las Cumbres están de capa caída, pero el proyecto iberoamericano todavía tiene enormes fortalezas que hay que desarrollar".

   "Parece claro a día de hoy que el proyecto creado en 1991 ha entrado en un proceso de decadencia, pero lo que no ha muerto y goza de muy buena salud y lo va a seguir haciendo es lo iberoamericano, por lo que es importante encontrar la manera de articularlo e impulsar los proyectos de otro modo, no a base de macro reuniones", afirma Núñez.

   Además, el investigador expresa que sería necesario un país de la región "que asuma el liderazgo y acompañe a España", principal impulsor de los encuentros desde su inicio, aunque reconoce que en ninguno se dan actualmente las condiciones para ello, pues los países más fuertes (México, Brasil o Colombia) están inmersos en procesos prioritarios de índole nacional.

   Sin embargo, para el investigador principal de América Latina de Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, "las cumbres van a continuar porque no hay elementos que impliquen una crisis del sistema y se han tomado medidas que han permitido que el proyecto iberoamericano siga vivo".

   "Los cambios que se están produciendo en la región van a favorecer más la continuidad que su desaparición", afirma Malamud, que considera que "la pérdida de protagonismo de Venezuela, del eje Cuba-Venezuela y del propio ALBA harán que el proyecto iberoamericano pueda tener un largo recorrido".

   Para que eso ocurra, asegura, "le corresponde a la SEGIB trasladar el mensaje a los gobiernos de que entiendan que para mejorar su presencia internacional el proyecto iberoamericano es importante".

   Además, "centrar el mensaje en temas de cultura y cooperación hace que el conflicto político sea menor". "Hay que aprovechar los años de trabajo entre una Cumbre y otra y si eso se consigue habrá sistema iberoamericano para rato", concluye.

   En cualquier caso, ambos historiadores recuerdan que la organización de esta Cumbre concreta ha estado marcada por dos factores adversos importantes. Por un lado Colombia, el país organizador, ha volcado sus esfuerzos desde 2012 en lograr una paz con las FARC que no termina de materializarse. Y por otro España, el país impulsor y el que tradicionalmente ha llevado las riendas, lleva un año con un Gobierno en funciones que también se encontraba inmerso en asuntos nacionales, lo que complicó su implicación en asegurar la presencia de mandatarios de otros países.

De cualquier modo, el desarrollo de las últimas citas, las importantes ausencias de figuras clave de la región y la menor implicación de España hacen como mínimo presagiar que las Cumbres Iberoamericanas no gozan de la mejor salud posible. Habrá que esperar para saber si se consolidan nuevamente como el referente de proyecto integrador o si se disuelven en favor de alianzas más pequeñas y específicas.

ASISTENTES A LA CUMBRE

   A la Cumbre de Cartagena asistirán los presidentes de Perú, Pedro Pablo Kuczynski; México, Enrique Peña Nieto; Chile, Michelle Bachelet; Ecuador, Rafael Correa; Guatemala, Jimmy Morales; Honduras, Juan Orlando Hernández; Panamá, Juan Carlos Varela; Portugal, Marcelo Rebelo De Sousa (que lo hará acompañado del primer ministro, António Luís Santos da Costa); República Dominicana, Danilo Medina Sánchez, y Andorra, Antoni Martí, así como el presidente Santos, al ser Colombia el país anfitrión y ostentar la secretaría pro-témpore de la Cumbre. Este último estará acompañado por su canciller, María Ángela Holguín.

   En representación de España acudirá el rey, Felipe VI; de Bolivia lo hará el viceministro de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Alurralde; por parte de Venezuela estará el viceministro para América Latina y el Caribe, Alexander Gabriel Yánez; y representando a Nicaragua estará su vicepresidente, Omar Halleslevens. Ana Helena Chacón y Raúl Sendic, vicepresidentes de Costa Rica y Uruguay respectivamente, estarán en Cartagena.

   También asistirán a la Cumbre los cancilleres de Argentina, Susana Malcorra; el de Brasil, José Serra; el de Cuba, Bruno Rodríguez; el de Paraguay, Eladio Loizaga; y el canciller de El Salvador, Hugo Martínez.