Publicado 09/11/2021 12:04CET

Etiopía.- El TPLF asegura que seguirá su avance hacia Adís Abeba a menos que el primer ministro "acepte sus condiciones"

Archivo - El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed
Archivo - El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed - WANG PING / XINHUA NEWS / CONTACTOPHOTO - Archivo

La ONU alerta de que "el riesgo de que Etiopía se suma en una creciente guerra civil es muy real"

MADRID, 9 Nov. (EUROPA PRESS) -

El Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) ha asegurado este martes que continuará su avance hacia la capital de Etiopía, Adís Abeba, a menos que el primer ministro, Abiy Ahmed, "acepte sus condiciones" para poner fin al conflicto que sacude al país africano desde hace más de un año.

"El único obstáculo a la solución pacífica al conflicto es la obsesión de Abiy con la solución militar a lo que es esencialmente un problema político", ha dicho el portavoz del TPLF, Getachew Reda, en una entrevista concedida a la cadena de televisión británica BBC.

"Depende de Abiy decir 'sí' a nuestras demandas. Fue Abiy quien empezó la guerra y depende de él aceptar nuestras condiciones y poner fin al conflicto", ha señalado, al tiempo que ha resaltado que el avance hacia Adís Abeba "no es tanto por la capital sino por la intención de doblar el brazo de Abiy para que ponga fin al bloqueo" contra Tigray.

Así, ha manifestado que el TPLF quiere "reducir los temores" de la población de la capital y ha incidido en que el grupo "no busca aterrorizarla". Getachew ha denunciado además "un genocidio" contra la población tigriña y ha apuntado que el TPLF "combate porque las fuerzas de Abiy no se retiraron de la mayor parte de Tigray" tras el anuncio en junio de un alto el fuego por parte del primer ministro.

El TPLF ha logrado durante los últimos días avances territoriales en la región de Amhara (norte) ante una expansión del conflicto y tras su alianza con el grupo rebelde Ejército de Liberación de Oromía (OLA), escindido del Frente de Liberación Oromo (OLF) tras el acuerdo de paz de 2018.

Ante esta situación, el Parlamento etíope aprobó la semana pasada el estado de emergencia decretado por el Gobierno. Por su parte, las autoridades de Adís Abeba instaron a los ciudadanos a armarse y proteger los barrios ante el avance de los rebeldes.

La subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos y de Construcción de la Paz, Rosemary DiCarlo, alertó el lunes de que el conflicto en Tigray "ha alcanzado proporciones desastrosas" y afirmó que "los combates ponen en una situación de grave incertidumbre el futuro del país y su pueblo, así como la estabilidad de la región del Cuerno de África".

"En un país de más de 100 millones de personas, más de 90 grupos étnicos y 80 idiomas nadie puede predecir lo que los continuados combates y la inseguridad provocarán, pero dejen que sea clara. Lo que es seguro es que el riesgo de que Etiopía se suma en una creciente guerra civil es muy real", advirtió.

En este sentido, destacó que "esto crearía una catástrofe humanitaria y consumiría el futuro de un país importante" y añadió que "las repercusiones políticas en la región de la creciente violencia serían inmensas, agravando las muchas crisis que azotan al Cuerno de África".

DiCarlo recordó que más de siete millones de personas necesitan ayuda humanitaria en el norte de Etiopía, con 400.000 personas en situación similar a la hambruna y ante las dificultades de la comunidad internacional para entregar ayuda en esta zona a causa de los combates.

Por ello, reclamó un "fin inmediato de las hostilidades" y arguyó que las elecciones celebradas en junio en el país "demostraron el compromiso de la población con el proceso democrático", al tiempo que hizo hincapié en la necesidad "urgente" de un diálogo nacional inclusivo para poner fin al conflicto.

Por su parte, Alice Wairimu Nderitu, asesora especial de la Secretaría General de la ONU sobre el genocidio, mostró su "grave preocupación" por "el deterioro de la situación de la violencia" en Etiopía, incluidos un aumento de la violencia, "un aumento de la incidencia del discurso de odio con motivos étnicos y religiosos", el desplazamiento de población y la destrucción de propiedades.

Nderitu sostuvo que estos hechos "suponen graves indicadores del riesgo de la comisión de atrocidades" y pidió un diálogo. "Es esencial que todas las partes den pasos serios y urgentes para rebajar la situación y que adopten medidas activas para mitigar el riesgo de una violencia sistemática y generalizada, incluida en líneas étnicas".

En este sentido, explicó que "un mayor deterioro podría tener consecuencias muy graves no sólo para el futuro del país, sino para la región en general, incluidos conflictos transfronterizos", por lo que pidió a los actores regionales "aprovechar cualquier iniciativa posible para fortalecer el diálogo y poner fin al conflicto armado".

"Desafortunadamente, las dinámicas que llevan a legitimar la violencia por fines políticos y nacionalistas étnicos preceden al conflicto, que podría aumentar este legado negativo. Este ciclo debe romperse para que surja una paz sostenible", argumentó.

"A través del diálogo, los etíopes pueden encontrar soluciones compartidas e intereses y construir un sentido común de pertenencia a través de la constante interacción y las experiencias compartidas", dijo Nderitu, quien apostó por "ver de nuevo que hay más cosas en común que diferencias".

DISCUSIONES "CONSTRUCTIVAS"

Por su parte, el coordinador de Ayuda de Emergencia de Naciones Unidas, Martin Griffiths, concluyó el lunes una visita de cuatro días a Etiopía en la que mantuvo discusiones "constructivas" con Abiy y otros altos cargos etíopes sobre la situación humanitaria en el país.

Griffiths realizó además una visita a la capital de Tigray, Mekelle, donde se reunión con actores humanitarios y con las autoridades del TPLF en la región, según un comunicado publicado por su oficina.

Durante su visita, Griffiths destacó que "la ONU, junto a sus socios humanitarios, seguirá trabajando con el Gobierno de Etiopía y con socios locales e internacionales para apoyar a los millones de personas que necesitan ayuda urgente en el país".

"Todas las partes deben facilitar un movimiento sin restricciones de los suministros y los trabajadores humanitarios para que todas las personas en situación de necesidad puedan recibir la ayuda que necesitan desesperadamente", dijo.

Sin embargo, incidió en que "la única forma de detener un mayor deterioro de la situación humanitaria es la paz" e insistió en que "el conflicto en el norte de Etiopía ha causado ya un enorme sufrimiento a millones de civiles inocentes". "Imploro a todas las partes que escuchen el llamamiento del secretario general (de la ONU, António Guterres) para poner fin de forma inmediata a las hostilidades sin condiciones previas", remachó.

El 3 de noviembre se publicó una investigación conjunta de Naciones Unidas y la Comisión de Etiopía para los Derechos Humanos (EHRC) que presentó "motivos razonables" para creer que todas las partes implicadas en el conflicto en Tigray han cometido violaciones de los Derechos Humanos y contra la ley de refugiados, algunos de los cuales podrían equivaler a crímenes de guerra y contra la humanidad.

El conflicto comenzó el 4 de noviembre de 2020 cuando Abiy ordenó una ofensiva militar en represalia por el ataque a la base del Ejército en Mekelle tras meses de tensiones entre el TPLF y el Gobierno central en torno al aplazamiento de las parlamentarias, finalmente celebradas en junio y en las que Abiy logró una victoria aplastante ante los llamamientos al boicot y la falta de votación en varias zonas --entre ellas Tigray-- por la inseguridad.

Sin embargo, el TPLF logró importantes avances en junio que le permitieron recuperar Mekelle, tras lo que Abiy anunció un alto el fuego unilateral citando motivos humanitarios, rechazado por el grupo, que expandió su ofensiva a las adyacentes regiones de Amhara y Afar, haciendo temer una propagación de la guerra al resto del país.

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