Publicado 02/02/2019 09:36

El ex alcalde de San Salvador luchará este domingo por acabar con tres décadas de bipartidismo

Imagen del candidato presidencial de El Salvador Nayib Bukele
REUTERS / JOSE CABEZAS

   Bukele procede de la izquierda y compite por la derecha pero ha apostado por el limbo ideológico

   MADRID, 2 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Nayib Bukele, ex alcalde de San Salvador, es el mejor posicionado para ganar las elecciones presidenciales que se celebran este domingo en El Salvador, un resultado que pondría fin a tres décadas de bipartidismo en las que el izquierdista FMLN y el conservador ARENA se han alternado en el poder.

   La irrupción de Bukele en el escenario político brinda la primera oportunidad de romper el turnismo que ha llevado a la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) a gobernar durante 20 años de forma ininterrumpida desde 1989 y al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) a hacerlo en la última década.

   Los sondeos sobre intención de voto auguran que Bukele se impondrá en las urnas hasta con 20 puntos porcentuales de ventaja sobre su principal competidor, Carlos Calleja, de ARENA, mientras que el candidato oficialista, el ex ministro de Exteriores Hugo Martínez, ha sido relegado a un lejano tercer puesto.

   Una medición elaborada por el Centro de Estudios Ciudadanos de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), basándose en el porcentaje de votos válidos obtenidos por cada candidato en ocho encuestas realizadas desde agosto, sitúa a Bukele al filo del 50 por ciento, lo que le permitiría eludir la segunda vuelta del 10 de marzo.

   La tercera vía que propone Bukele es un fenómeno extraño en la política salvadoreña que los expertos explican por el creciente descontento con los partidos tradicionales, que en todos estos años no han sabido dar respuesta a los problemas estructurales del país: la violencia y la pobreza.

   La gota que ha colmado el vaso han sido los escándalos de corrupción que han azotado al FMLN y a ARENA. Aunque la Gran Alianza para la Unidad Nacional (GANA), partido de nueva creación que abandera Bukele, también ha protagonizado los suyos, parece que el tirón del ex alcalde capitalino es más fuerte. "El dinero alcanza cuando nadie roba", es su lema.

SIN IDEOLOGÍA

   Bukele, de 37 años y origen palestino, es una figura conocida a nivel nacional gracias a los tres años que pasó como jefe de Gobierno de la capital salvadoreña, aunque su carrera política arrancó en 2012 como alcalde de una pequeña localidad, Nuevo Cuscatlán.

   Empezó bajo las siglas del FMLN pero en 2017 fue expulsado de la formación izquierdista por lanzar una manzana y llamar "bruja" a Xótchil Marchelli, líder de una comuna capitalina, durante una sesión del concejo municipal de San Salvador. "Si no me aparto, me da en la cara", contó ella.

   El Tribunal de Ética del FMLN aplicó la máxima sanción a Bukele acusándole de "irrespetar los Derechos Humanos de la mujer, en clara violación de los principios y estatutos del partido", aunque también le reprochó una "conducta personalista", que difamara a compañeros y su excesivo criticismo con el presidente, Salvador Sánchez-Cerén.

   En respuesta, Bukele formó su propio partido, Nuevas Ideas, y anunció una alianza con Cambio Democrático para las elecciones presidenciales de 2019, pero la Justicia electoral inhabilitó a este último, lo que le obligó a buscar una alternativa. Así, acabó sumándose a GANA, tan solo tres días antes de sus comicios primarios.

   Desde su abrupta salida del FMLN, Bukele se ha esforzado por no desvelar sus ideas. Forma parte de GANA, un partido conservador, pero tiene un discurso propio que se asienta casi por completo en la lucha contra la corrupción. En los demás temas se mantiene en un limbo que le ha permitido sumar apoyos a izquierda y derecha, según los analistas.

UN NUEVO NICHO

   Síntoma de su carácter apolítico es el modo en que ha dirigido la campaña electoral. Bukele ha optado por las redes sociales, donde publica todo tipo de vídeos y fotografías sobre su día a día, incluida una ecografía. Llegó a ausentarse del tradicional debate televisado entre los candidatos para hacer su propia transmisión en Facebook.

   Su mensaje parece enfocado a los jóvenes, en quienes centró muchas de sus políticas en la Alcaldía de San Salvador, por ejemplo, con programas culturales para alejarlos de las pandillas. "El 'Diario de Hoy' dice que los mayores de 40 años decidirán la elección. Eso es lo que ellos quieren, que los jóvenes no voten", ha escrito en Instagram.

   La movilización de este grupo de votantes podría ser la clave para levantar la participación electoral. En las últimas elecciones presidenciales, celebradas en 2014, la abstención batió récord al situarse en el 48 por ciento.

VIOLENCIA, POBREZA Y MIGRACIÓN

   Las autoridades salvadoreñas temen que la votación del 3 de febrero vuelva a estar marcada por la infiltración del crimen organizado. Hace cinco años, ARENA denunció que las pandillas impidieron que sus seguidores salieran a votar en algunas comunas o les amenazaron para que lo hicieran por el FMLN.

   En 2015, El Salvador tuvo el dudoso honor de convertirse en el país más violento del mundo sin que hubiera un conflicto armado en marcha. Alcanzó la tasa récord de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes, un nivel inédito desde la guerra civil (1980-1992).

   En los tres años siguientes ha logrado reducir la violencia, si bien sigue siendo alta. El ministro de Justicia y Seguridad, Mauricio Ramírez, ha indicado que 2018 cerró con 3.340 homicidios, lo que arroja una media de 51 muertes por cada 100.000 habitantes.

   A ello se añade que casi el 30 por ciento de los hogares salvadoreños sufren una "pobreza multidimensional", de acuerdo con la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) referida al año 2017, el último disponible, que elabora anualmente la Dirección de Estadística y Censos (DIGESTYC) del Ministerio de Economía.

   Este tándem de violencia y pobreza ha empujado a miles de salvadoreños fuera del país. Muchos se han sumado a la caravana de migrantes que partió de Honduras en octubre y que ha ido sumando centroamericanos a su paso por la región hasta toparse con una despliegue militar sin precedentes en la frontera de Estados Unidos con México.

   Estados Unidos y México han propuesto diseñar un Plan Marshall para Centroamérica con el propósito de cortar el incesante flujo migratorio. Sin embargo, no está claro cómo se hará, ya que el Gobierno de Donald Trump ha amenazado con cancelar todas las ayudas a la región si sus autoridades no frenan el éxodo.

ADIÓS AL EJE BOLIVARIANO

   Si triunfa este domingo, además de hacer frente a estos males endémicos, Bukele tendrá que fijar la posición de El Salvador en la crisis política de Venezuela, donde el Gobierno de Nicolás Maduro y el autoproclamado "presidente encargado", Juan Guaidó, pelean por el reconocimiento internacional.

   El presidente saliente, Salvador Sánchez-Cerén, forma parte de la corriente bolivariana que apoya a Maduro y que se ha visto debilitada por el vuelco del mapa político que ha provocado el ciclo electoral experimentado por América Latina en los últimos años.

   Bukele ya ha avanzado que, bajo su Gobierno, El Salvador, también abandonará el bando bolivariano. En su opinión, Maduro es un "dictador" que "jamás tendrá ninguna legitimidad porque se mantiene en el poder por la fuerza". "No respeta la voluntad de su pueblo", ha lamentado.

   Si se cumplen los pronósticos, a partir del 1 de junio, cuando tomaría posesión del cargo, este 'outsider' salvadoreño tendrá que ir tomando posiciones en otros muchos temas para granjearse la simpatía del Congreso, donde GANA solo cuenta con once de los 84 escaños que lo componen, siendo ARENA la formación mayoritaria.