La falta de frenos de la Policía brasileña frente a la presunta violencia civil

Publicado 30/05/2019 17:45:55CET
REUTERS / ADRIANO MACHADO

   BRASILIA, 30 May. (Notimérica) -

   "Paren de matarnos" ha sido el lema de la protesta contra la violencia que ejerce la Policía sobre el pueblo brasileño. Esta ha tenido lugar esta semana en las calles de Río de Janeiro y han alzado la voz para frenar las alarmantes cifras registradas este 2019.

   De acuerdo con el Instituto de Seguridad Pública de Brasil, en los tres primeros meses de este año se han producido 434 asesinatos por parte de la Policía en una de las principales ciudades del país. Sin embargo, esta cifra no se ha estancado, y en tan solo un mes más, los oficiales de la policía han abatido a 128 más.

   Hace dos décadas que comenzaron a registrarse estos datos y los de este periódo han marcado, desafortunadamente, un récord histórico.

   Además, a esta cifra habría que sumar el crecimiento generalizado de la violencia en el país desde el año 2014 --cuando el Estado se hundió en una profunda crisis política y económica--. El número de bandas de delincuencia también se ha visto incrementado y, según cifras proporcionadas por el monitor de violencia del portal de noticias brasileño 'G1', el año pasado murieron 51.589 personas por crímenes violentos.

   Los barrios donde se ubican las favelas son, sin duda, los más afectados por esta ola de violencia. Pero, ¿por qué el Gobierno de Jair Bolsonaro no ha reaccionado aún ante estos datos?

MASACRE DE FEBRERO

   Entre los casos de muertes que involucran a este organismo policial destaca un tiroteo que se produjo el pasado mes de febrero y que dejó 13 fallecidos en la favela de Fallet-Fogueteiro, en el barrio de Santa Teresa, uno de los más turísticos de la ciudad de Río.

   Portavoces de la policía alegaron en su momento que agentes participaban en una operación de incautación de drogas cuando fueron recibidos a tiros por los narcotraficantes, lo que les obligó a disparar en defensa propia.

   Sin embargo, testimonios de los vecinos recogidos por la Defensoría Pública de Río de Janeiro incluyen relatos de ejecución, tortura y mutilación de cuerpos.

   Por su parte, la Secretaría de Seguridad del Gobierno de Río también remarcó que en marzo los homicidios dolosos (cuando hay intención de matar) cayeron un 32 por ciento, y la letalidad violenta en general (que incluye asesinatos y robos seguidos de muerte, entre otras categorías) disminuyó un 24 por ciento respecto al mismo mes de 2018.

   El gobernador del estado de Rio de Janeiro, William Witzel, se ha refugiado en esta cifra de marzo para sustentar que la estrategia del nuevo Gobierno en esta materia está funcionando. En esta línea, Witzel escribió en la red social Twitter que "vamos en la dirección correcta".

   Desde que el mandatario ultraderechista tomó posesión a principios de este año, ha otorgado más flexibilidad a las autoridades policiales y sostiene el refrán de que "el delincuente bueno es el delincuente muerto".

   Pero sus palabras han sido llevadas a la práctica y, el pasado mes de marzo, Witzel anunció que habían desplegado por todo el Estado a francotiradores encubiertos para acabar con delincuentes sospechosos que, según el gobernados, tienen que ser "neutralizados de manera letal".

   Por su parte, la representante estatal Renata Souza ha hecho una llamada de alerta a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y a la Organización de Estados Americanos (OEA) porque "en las favelas y otras zonas de la periferia se están realizando ejecuciones sumarias". Además, esta sostiene y condena sobre la política del Gobierno que esta "equivale al genocidio".

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