Publicado 03/11/2020 17:22CET

Georgia.- La oposición georgiana rechaza tomar posesión de sus escaños y pide nuevas elecciones

Elecciones parlamentarias en Georgia
Elecciones parlamentarias en Georgia - KULUMBEGASHVILI TAMUNA / XINHUA NEWS / CONTACTOPHO

MADRID, 3 Nov. (EUROPA PRESS) -

Los partidos de la oposición de Georgia han anunciado que no ocuparán los escaños obtenidos en las elecciones parlamentarias de la semana pasada, por entender que hubo una "falsificación" de los resultados, a pesar de que los observadores internacionales consideran que no hubo irregularidades graves en dicho proceso.

El partido gobernante, Sueño Georgiano, dominador de la política nacional durante los últimos ocho años, se ha hecho con la victoria en los comicios del 31 de octubre --ha obtenido casi la mitad de los sufragios--, pero la oposición considera que la violencia no ha permitido a la ciudadanía expresar su voluntad de forma democrática.

Las formaciones opositoras, encabezadas por Movimiento Nacional, del expresidente Mijail Saakashvili, han denunciado "violencia contra votantes, intimidación y presión coordinada por parte de las fuerzas de seguridad y de organizaciones criminales", a lo que se sumaría una "manipulación" de los protocolos electorales que habrían "distorsionado" los resultados, según una nota recogida por medios estatales.

"Los resultados publicados por la Comisión Electoral central no reflejan la libre voluntad de los ciudadanos georgianos", han dicho estos partidos, que han puesto en duda la legitimidad de Sueño Georgiano para seguir en el poder. Así, han prometido seguir luchando "por un mejor futuro democrático", lo que pasa por anular los resultados de las últimas elecciones y repetir la votación.

La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que ha supervisado el proceso, ha planteado en cambio que, "en términos generales, se respetaron las libertades fundamentales" en Georgia.

Sin embargo, también ha advertido de "persistentes denuncias de presión sobre los votantes" y de que ha habido una "difusa línea" entre la actividad del partido gobernante y la del propio Estado, lo que "ha reducido la confianza pública en algunos aspectos del proceso".

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