Publicado 15/02/2020 9:53:04CET

Iberoamérica.- La crisis política en El Salvador resucita el fantasma del militarismo en América Latina

Iberoamérica.- La crisis política en El Salvador resucita el fantasma del milita
Iberoamérica.- La crisis política en El Salvador resucita el fantasma del milita - GETTY IMAGES / MARIO TAMA - Archivo

Ciudadanos cada vez más decepcionados con la democracia vuelven su mirada a las Fuerzas Armadas

MADRID, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -

El Salvador escribió la semana pasada su propio capítulo sobre la inestabilidad política en América Latina. Nayib Bukele irrumpió en la Asamblea Legislativa rodeado de soldados para que se aprobara una ley. La imagen, aunque insólita, se ha repetido en los últimos meses a raíz de las protestas sociales, lo que hace temer una vuelta al militarismo del siglo pasado.

"Históricamente, los militares latinoamericanos han jugado un rol dominante en los asuntos públicos de varios países", recuerda Frank Mora, director del Kimberly Green Latin American and Caribbean Center y miembro del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos durante la Administración Obama, en un reciente artículo para 'Americas Quarterly'.

Mora identifica una primera fase que arranca en los años 60 con la Escuela Superior de Guerra de Brasil en la que se establece la "doctrina de seguridad nacional", por la cual "los militares deben gobernar directamente" cuando haya amenazas domésticas o internacionales. Con ello, "hacia 1977 todos menos cuatro países latinoamericanos eran dictaduras".

"Las violaciones masivas de los Derechos Humanos, sociedades polarizadas y frecuentes fallos políticos" caracterizaron los regímenes castrenses de los años 70 y 80 hasta hacerlos caer, de modo que en la década siguiente Cuba era el único superviviente. La región emprendió un proceso inverso en el que se crearon barreras para blindar a las restauradas democracias frente a la injerencia castrense. "Ese momento fue histórico en muchos sentidos", destaca Mora.

En los años siguientes, los gobiernos civiles de América Latina han redefinido el papel de las Fuerzas Armadas. En algunos casos, les han dado una vocación internacionalista mediante la participación en las misiones de paz de la ONU, mientras que en otros se han adentrado en tareas originalmente civiles. Por ejemplo, en Brasil y México han ayudado a la reforestación o salvar tortugas y en Ecuador o Perú han combatido la pesca ilegal.

De esta forma se han generado dos tipos de relaciones entre el poder civil y los militares, señala Mora. Por un lado, el "modelo revolucionario" de Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde constituyen el "bastión" del gobierno, por lo que es "muy improbable" que haya un "divorcio". Y, por otro, una "variante consultiva" que se aprecia en Guatemala y Brasil, donde se han convertido en importantes asesores de las altas esferas.

Lo cierto es que, gracias a las nuevas funciones que han asumido tras un periodo oscuro en el que ellos mismos prefirieron adoptar un perfil bajo por "temor a las consecuencias", sobre todo a las judiciales, en las últimas décadas los uniformados "han cultivado una imagen que contrasta ampliamente con los excesos del pasado", comenta el experto estadounidense.

"CRISIS DE DEMOCRACIA"

La actual coyuntura, en la que varios países han sido escenario de fuertes protestas por diversas razones tales como la desigualdad, la corrupción o la inseguridad, ha propiciado una especie de resurgimiento de las Fuerzas Armadas que hace plantearse si "su relativa ausencia de la política es un rasgo permanente o una anomalía que está empezando a revertirse".

Bukele no ha sido un caso aislado. En estos meses, el presidente peruano, Martín Vizcarra, también hizo valer el apoyo de las Fuerzas Armadas y la Policía para ganar su pulso con el Congreso a cuenta de la reforma política. En Chile, Sebastián Piñera, sacó a los militares a las calles con un saldo de más de 20 muertos para aplacar la protesta social. Y, en Bolivia, Evo Morales se declara víctima de un "golpe de Estado" porque dimitió después de que militares y policías así se lo sugirieran.

"En los años 60 y 70 los militares tomaron la iniciativa de asumir el poder en periodos de protesta social, pero lo que estamos viendo ahora es diferente. De alguna manera están siendo arrastrados a jugar un mayor papel", estima Mora en un coloquio con 'Americas Quarterly'.

Roberta Jacobson, asesora senior del Albright Stonebridge Group y otro alto cargo diplomático con Obama que ha participado en esta misma charla, coincide en que el problema es "cómo los militares están siendo usados por los civiles".

Para Mora, el trasfondo es la "crisis de democracia" en la que ha entrado la región. Según el último Latinobarómetro, solo el 37 por ciento de sus ciudadanos se siente satisfecho con el nivel de democracia, un "significativo descenso" desde el 57 por ciento de 2012 que se debe en buena parte a los escándalos de corrupción, la desenfrenada violencia y las brechas sociales que la restauración democrática no ha cerrado.

"Están siendo arrastrados, en muchos casos en contra de su voluntad, porque sus líderes civiles son incapaces o no están dispuestos a gobernar y satisfacer las expectativas de sus pueblos", sostiene el director del Kimberly Green Latin American and Caribbean Center.

¿"CALLEJÓN SIN SALIDA"?

"El peligro", en opinión de Mora, "es que pueda convertirse en un callejón sin salida". "Si las democracias no pueden hacer las reformas que son necesarias, entonces se podría esperar que los militares jueguen un papel mayor", avisa.

Jacobson añade que el irremediable cambio generacional podría abonar el terreno. Los más mayores recuerdan lo sufrido con las dictaduras militares, pero los jóvenes que solo han vivido en democracia se muestran cada vez más "desilusionados" con esta y "buscan una institución que parece demostrar disciplina, jerarquía y eficacia".

"El problema podría empeorar con el tiempo porque las generaciones que han vivido los gobiernos militares cada vez son menos numerosas porque van envejeciendo y muriendo", apostilla la que fuera subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental.

Los números parecen apoyar la teoría de Jacobson. Según el Latinobarómetro, el 39 por ciento de los ciudadanos de la región apoyaría un golpe militar si lograra acabar con el crimen organizado y un 37 por ciento, si lo hiciera con la corrupción.

Mora defiende que "aún" no hay motivos para afirmar que estamos ante un retorno del militarismo en América Latina, si bien considera que si el poder civil sigue decepcionando "esto podría abrir la puerta a que los líderes militares vuelvan". De momento, "prefieren mantenerse al margen, pero no son ciegos a la opinión pública", subraya.

Jacobson, que se declara "pesimista" salvo en casos excepcionales, entre los que menciona Chile, vislumbra una posible solución: Los gobiernos "deben mostrar voluntad de limpiar su propia casa, las instituciones civiles", para "inspirar confianza" en sus conciudadanos. "No es fácil pero está claro", concluye.

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