MADRID 29 Ago. (EUROPA PRESS) -
Las autoridades de Kenia han cifrado en más de 30 los cuerpos exhumados en una localidad costera ubicada en el condado de Kilifi, cerca de unos terrenos utilizados por una secta cristiana en la que hace dos años hallaron los restos de más de 430 personas.
Los detectives han exhumado los restos de 32 individuos en el bosque de Shakahola, en Kwa Binzaro, en la última semana, pero se teme que más de 60 personas hayan fallecido tras unirse a la secta. Las autoridades sospechan que pudieron haber sido enterrados hace menos de un mes.
La Policía Nacional keniana ha reconocido deficiencias en el manejo de la tragedia, admitiendo que las lagunas en Inteligencia y coordinación durante las investigaciones entre las agencias de seguridad habrían contribuido a lo ocurrido.
El portavoz policial Michael Muchiri ha admitido en declaraciones a medios recogidas por el portal de noticias Citizen que a pesar de las "lecciones aprendidas" de lo ocurrido en Shakahola "una situación similar se ha repetido una vez más". "Es un hecho lamentable", ha agregado.
En este sentido, se ha comprometido a realizar una revisión exhaustiva "para establecer por qué se ha repetido una tragedia así". Además, las autoridades han pedido paciencia mientras continúan las investigaciones y han asegurado que tomarán medidas correctivas.
En el caso de Shakahola, los líderes de la secta instaron a los adeptos a practicar el ayuno hasta la muerte bajo la promesa de que se encontrarían con Jesucristo en una nueva vida. Durante meses, las autoridades realizaron excavaciones y exhumaciones en grandes extensiones de bosque.
El presidente de Kenia, William Ruto, describió a Paul Mackenzie, autoproclomaado líder de la secta, como un "terrible criminal", mientras que su Gobierno anunció que convertirá el bosque en un "memorial nacional" para las víctimas. Por su parte, el ministro del Interior, Kithure Kindiki, consideró la masacre como "la peor brecha de seguridad en la historia del país".