Latinoamérica y Europa: Regiones hermanas a un océano de distancia

Actualizado 07/06/2015 14:30:57 CET
People walk near the beach front along the Atlantic Ocean coast during sunset in
Foto: REGIS DUVIGNAU / REUTERS

MADRID, 7 Jun. (Notimérica) -

   Entre Latinoamérica y Europa hay un océano de distancia, pero en lo que se refiere a la proximidad de ideas e historias comunes, están más cerca que físicamente. Por eso, los próximos 10 y 11 de junio, con motivo de la cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (UE-CELAC), abordarán objetivos comunes.

   La reunión entre los máximos representantes de los 28 estados miembros de la Unión Europea y los de los 33 países que conforman la CELAC tendrá lugar en Bruselas. Entre lo que entreteje las relaciones entre ambas regiones, se pueden citar los lazos culturales, las lenguas vehiculares y, sobre todo, un conjunto de valores compartidos por sus respectivas sociedades.

   La economía es un lugar común también entre las regiones. El informe de la consultora 'Llorente & Cuenca' ha revelado que la Unión Europea es el primer inversor extranjero en la CELAC y su segundo socio comercial.

   Esta relación económica no se basa en la extracción del máximo beneficio a corto plazo, sino que se articula en torno a la calidad, la responsabilidad social, la creación de puestos de trabajo, la transferencia de tecnología y la promoción de la investigación y la innovación, todo ello con un enfoque de permanencia en el tiempo.

   Precisamente, dos importantes acuerdos que ocupan actualmente el espacio negociador entre océanos, están llamados a cambiar los equilibrios del comercio mundial: El 'Transatlantic Trade and Investment Partnership' (TTIP) entre la UE y Estados Unidos; y el 'TransPacific Partnership' (TPP) entre EEUU y los países caribeños del Pacífico.

   De una forma u otra forma, estos acuerdos afectarán a las relaciones UE-CELAC, así como a los propios procesos internos de regionalización en Latinoamérica.

CAMINAR HACIA EL FUTURO.

   China en particular y Asia en general, son ya una realidad que ha venido para quedarse y que desequilibra y condiciona la relación euro-latinoamericana. Sin embargo, ese vínculo contiene, en sí mismo, unas fortalezas propias que "no son ni coyunturales ni creadas de forma artificial", según ha explicado la consultora.

   Frente a esa emergencia de China con todo su potencial comercial y de inversiones financieras, la relación de Europa y América Latina y el Caribe se sostiene, en primer lugar, en "su pertenencia a una misma área cultural y a una idéntica matriz identitaria, la Occidental", añade el informe.

   Ese es uno de los rasgos más singulares de su identidad y en donde se apoya su legitimidad para convertirse en un actor internacional con fuertes aspiraciones a tener influencia mundial. La historia en común y esos valores compartidos son el pilar de una relación que no se ha quedado estancada, ni mucho menos, sino que ha ido evolucionando.

   Una historia en común y unos valores compartidos son motivos suficientes para luchar y esforzarse por mantener viva la relación, así como para profundizarla. Para alentar esta relación, hay que dar una serie de pasos hacia el futuro deseado.

   En primer lugar, hay que transformar el formato de las cumbres: El objetivo es que las reuniones Unión Europea-CELAC tengan un formato más eficiente, con menos protocolo, más profundidad en los contenidos y den a luz documentos breves, concisos y dedicados a un tema concreto.

   También es necesario construir con voluntad política una relación basada en la claridad y con fuerte liderazgo: "La relación adolece en estos momentos de capital político y de continuidad", según ha revelado el informe.

   La sociedad civil también debe ser una parte importante: La relación entre América Latina y el Caribe y Europa va mucho más allá de lo económico, lo comercial, lo histórico y lo cultural. Es en la actualidad un cruce de relaciones y de redes a ambos lados del Océano.

   Por eso, hay que gestionar la crisis de los modelos democráticos en Latinoamérica, fundamentalmente producida por la creciente desafección de la ciudadanía hacia los partidos, sus representantes y las instituciones.

   Otro de los retos a enfrentar es el grave déficit en la actual matriz productiva latinoamericana, que "no se basa en la innovación ni ha ganado en productividad, eficiencia y competitividad", según ha revelado el informe. Además, la región no ha diversificado ni sus mercados ni los productos de exportación.

   Por último, hay que "combatir la desigualdad", que es "un problema histórico en América Latina y emergente en Europa", por lo que se convierte en sí mismo en un espacio sobre el que ambas regiones pueden colaborar. El futuro pasará por "construir una relación en la que ambas partes se vean como socios estratégicos a partir de los valores compartidos en temas globales".