Actualizado 11/02/2015 11:35 CET

Muerte de Nisman: las hipótesis cambiantes del Gobierno argentino

Cartel de Todos somos nisman
Foto: REUTERS

BUENOS AIRES, 11 Feb. (Notimérica) -

   La misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman la noche del pasado 18 de enero ha dado lugar a numerosas hipótesis y especulaciones, no sólo por parte de los medios y la sociedad, sino incluso del Gobierno de la Nación. Primero sostuvieron la hipótesis del suicidio, poco después la del asesinato y ahora vuelven a abonar la teoría del suicidio.

   El fiscal apareció muerto con un disparo en la sien en el baño de su departamento de Buenos Aires, tan sólo unas horas antes de declarar ante la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados.

   En esa cita, Nisman debía informar de la denuncia que interpuso el día 14 de enero, en la cual acusaba a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, al canciller, Héctor Timerman, y a otros miembros cercanos al Gobierno, de haber encubierto a los culpables del atentado contra la AMIA en 1994.

   El Gobierno, durante las primeras horas del día 19, sostuvo que la muerte había sido un suicidio. El secretario de Seguridad, Sergio Berni --muy cuestionado por haber aparecido en la escena contra el protocolo--, dijo que "si hay un cuerpo, un arma y un casquillo, todos los caminos conducen al suicidio", al mismo tiempo que pedía esperar "a que la Justicia las corrobore [las pericias]" y solicitaba a los medios prudencia y evitar la especulación.

   El mismo día 19 por la tarde, la presidenta Fernández de Kirchner sostenía a través de una carta en su cuenta de Facebook que había sido un suicidio, si bien insinuaba que quizá la denuncia de Nisman respondía a órdenes del grupo Clarín y emitía una serie de opiniones sobre la escena de la muerte. Estas declaraciones estaban en la línea de las que horas antes había realizado el bloque de diputados del Frente Para la Victoria (el partido de Fernández de Kirchner).

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   Sin embargo, el día 22 publicó una carta en su sitio web en el que decía que estaba "convencida" de que "no fue suicidio". "No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas", aseguraba, y sembraba serias dudas sobre la catalogación como suicidios de una serie de muertes misteriosas en la historia reciente del país.

   Entre los días 19 y 22, es decir, entre las dos intervenciones de la presidenta, se publicaron diversas encuestas que mostraban que la mayoría de la población creía en la hipótesis del asesinato (algunas con cifras superiores al 70%).

VUELTA AL SUICIDIO.

   Sin embargo, el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, ha vuelto a apoyar la hipótesis del suicidio este martes e incluso se ha aventurado a señalar la causa: "Se nos está presentando un suicidio, provocado por ese bodoque (cosa mal hecha) que le dieron para presentar como denuncia, se dio cuenta de que un hombre de su talla no podía firmar eso", afirmó.

   Estas declaraciones han coincidido con la orden de un segundo barrido electrónico para comprobar si había pólvora en las manos de Nisman. Sin embargo, el resultado ha sido negativo, como ocurrió la primera vez que se realizó el examen semanas atrás. Las pericias balísticas, en cambio, son compatibles con una herida autoinfligida, como dijo la fiscal que investiga el caso, Viviana Fein.

   Ahora bien, todavía se esperan los resultados de los análisis toxicológicos e histopatológicos y ya corren versiones que apuntan al uso de algún anestésico. De confirmarse este rumor, la balanza se inclinaría en favor de la hipótesis del asesinato.

   A tres semanas de la muerte del fiscal y aún a falta de más pruebas, las especulaciones siguen nutriendo a una población que quiere respuestas, y el Gobierno se ha sumado a ese peligroso juego desde el primer día.

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