Los niños soldado de Sudán del Sur necesitan ayuda para romper "el cordón umbilical" con los grupos armados

Publicado 12/02/2020 13:17:52CET
Sudán del Sur.- UNICEF pide fondos con los que desmovilizar a los niños soldado
Sudán del Sur.- UNICEF pide fondos con los que desmovilizar a los niños soldado - UNICEF/KATE HOLT - Archivo
Antiguos niños soldado en Sudán del Sur Antiguo niño soldado en Sudán del Sur Antiguas niñas soldado en Sudán del Sur

El proceso de desmovilización y reinserción no está exento de desafíos, empezando por el estigma que les acompaña

MADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -

El camino que lleva a los niños y niñas a quedar vinculados en los grupos armados no siempre es el mismo, si bien en la mayoría de los casos se ven atrapados por la fuerza. El proceso para su desarme, desmovilización y reinserción tampoco es igual en todos los casos pero tiene el mismo objetivo final, romper el "cordón umbilical" por el que han estado unidos a los comandantes de dichos grupos.

Sudán del Sur es uno de los catorce países en todo el mundo en los que en 2019 en los que se constató la existencia de "niños soldado" o, como el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) prefiere llamarlos, "niños vinculados con grupos armados" porque no siempre participan en los combates sino que realizan labores de cocineros, lavan la ropa o realizan tareas de espionaje, entre otros. En lo que se refiere a las niñas, suelen ser empleadas como esclavas sexuales.

El proceso para lograr su liberación no es sencillo, reconoce el jefe de protección de UNICEF en el país africano, Jean Lieby. Lo primero que hace falta es saber dónde están y cuántos son, para lo cual UNICEF recaba información tanto de su personal como de ONG nacionales e internacionales o de otras fuentes como las iglesias.

Tras verificar la información, se negocia desde Yuba, la capital, el acceso al lugar dónde se encuentran los niños soldados y una vez logrado, el personal de UNICEF se desplaza al terreno para comenzar la negociación propiamente dicha con los comandantes de los grupos armados, a quienes se explican los derechos de los niños para hacerles ver que deben liberar a los menores.

En declaraciones a Europa Press, Lieby reconoce la paradoja que resulta para él el "tener buenas relaciones con esos comandantes que son responsables de matar a miles de personas". "Les tengo que dar la mano para hacer mi trabajo", subraya, precisando que es más difícil negociar con las "jefas que con los jefes" de los grupos armados.

CEREMONIA DE DESMOVILIZACIÓN

Completada la negociación, se produce el momento clave en el proceso: la ceremonia en la que se oficializa que los niños soldados abandonan el grupo armado. Los que portan armas las entregan y los que llevan uniforme "se ponen ropa civil", explica el responsable de UNICEF: "es como cambiar de piel".

Otro momento crucial, según Lieby, es cuando el comandante les dice que "su relación se termina". Estos niños tienen una gran dependencia de sus superiores, como suele ocurrir normalmente entre padres e hijos, por lo que este gesto "corta el cordón umbilical" invisible que les une, ilustra.

Pero sin lugar a dudas, la fase más difícil de todo el proceso es la siguiente, la de la reinserción. Los niños necesitan apoyo psicológico para superar el "trauma emocional" de la experiencia vivida, destaca el responsable de UNICEF, que incide en que "no pueden olvidar el tiempo en los grupos armados, pero tienen que aprender a vivir con ello".

El 30 por ciento de los niños soldado liberados estaban armados, en muchos casos portaban un arma desde los 10 años, con lo cual les cuesta más "volver a ser un niño y acatar los que les dicen sus padres" ya que antes eran ellos los que tenían la autoridad ya hacían lo que querían al ir armados.

Otra buena parte de ellos presentan "secuelas físicas", principalmente mutilaciones o desnutrición por lo haberse alimentado de forma adecuada durante el tiempo que han pasado enrolados. En el caso de las niñas, muchas de ellas presentan "problemas ginecológicos" resultado de haber mantenido relaciones sexuales a edad temprana y de haber dado a luz. "El cuerpo de una niña de 12 años no está preparado", recalca.

El responsable de UNICEF reconoce que la reinserción de las niñas "es más difícil" porque muchas de ellas tienen un bebé y sus familias no aceptan que vuelvan. En general, añade, superar el estigma que rodea a los menores desmovilizados constituye todo un desafío, ya que no siempre son bien aceptados por sus comunidades e incluso por sus propias familias.

TRABAJO DE SENSIBILIZACIÓN CON LAS COMUNIDADES

Para superarlo, la clave está en el trabajo con las comunidades. UNICEF cuenta con 1.600 voluntarios que se dedican a "explicar que los niños son víctimas de la situación" y que en realidad solo muy pocos de ellos se enrolaron de forma voluntaria y lo hicieron en general por la falta de recursos y para garantizar su supervivencia. "Estos niños no son criminales, necesitan una oportunidad para volver a ser niños", subraya.

Lieby sostiene que es muy importante "escuchar a las comunidades para conocer cuáles son sus preocupaciones y miedos y ver cómo poder afrontarlos". Muchas de las veces, son las propias comunidades o las familias las que ofrecen soluciones, añade.

La agencia de la ONU también trabaja para localizar a las familias y conseguir que los acepten de vuelta, algo que no siempre es fácil en un país tan pobre como es Sudán del Sur y que lleva prácticamente 20 años en guerra, entre la de independencia de Sudán y la que estalló a finales de 2013.

"El objetivo final de todo el proceso es que los niños vuelvan a la escuela", todo un desafío en un país donde solo la mitad de los menores lo hacen, o al menos que reciban formación que les capacite para poder ejercer un oficio en el futuro y que no terminen en las calles o ejerciendo la prostitución, señala Lieby.

UNICEF NECESITA MÁS FONDOS

Y para lograrlo, hacen falta fondos. El programa de reintegración tiene una duración de tres años y un coste de 2.000 dólares por niño (1.815 euros) con los que se cubren las necesidades más urgentes como apoyo psicosocial, acceso a servicios de ayuda de trabajadores sociales, búsqueda y reunificación con sus familias, educación y otros servicios básicos esenciales.

Sin embargo, el programa recibió fondos insuficientes en el último año. "Hay muy pocos fondos y no podemos dar a esos niños la oportunidad que se merecen de salir de los grupos armados y llevar una vida normal", lamenta la responsable de programas de UNICEF España, Blanca Carazo.

Un pesar que comparte Lieby. "Es un conflicto totalmente olvidado, no hay interés por ningún país", señala, advirtiendo además del complicado contexto político, habida cuenta de que el plazo para la formación de un gobierno de unidad entre el presidente, Salva Kiir, y los grupos armados firmantes del acuerdo de paz de 2018 aún no parece garantizada y además están emergiendo nuevos grupos armados.

En este sentido, plantea qué ocurriría si "fuera tu hijo, tu hermano o tu sobrino" y recalca que todos estos niños "necesitan disfrutar de sus derechos básicos" y lo que quieren es lo que todos los niños en el mundo, "sentirse amados, seguros y protegidos".

Actualmente, UNICEF tiene una lista de 900 menores vinculados con grupos armados en Sudán del Sur que espera poder desmovilizar próximamente y el objetivo que se ha fijado para 2020, si las condiciones y los fondos lo permiten, es desmovilizar a un total de 2.100. Desde 2013, la agencia de la ONU ha apoyado la liberación de 3.677 niños y niñas en esta situación.

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