Actualizado 19/06/2018 11:35

151 años del fusilamiento de Maximiliano I, el último rey de México

MAXIMILIANO I
WIKIMEDIA

   CIUDAD DE MÉXICO, 19 Jun. (Notimérica) -

   Un 19 de junio de 1867, el que fuera Emperador de México y rey del Segundo Imperio Mexicano, Maximiliano I, fue fusilado en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro.

   Era el año 1867 cuando un tribunal compuesto por un coronel y seis capitanes, ante el que no tuvo derecho a realizar apelaciones, le condenó a muerte tras ser derrotado en la guerra civil por las fuerzas liberales.

   Maximilano I nació en 1832 en Viena, Austria. Fue hijo de Francisco Carlos de Austria y Sofía de Baviera, hermano pequeño del emperador austriaco Francisco José y yerno del rey belga Leopoldo I. Perteneciente al linaje de los Habsburgo, desde su nacimiento ostentó el título de Archiduque de Austria.

   Por orden de nacimiento, era el segundo en la línea de sucesión a la corona imperial de Austria-Hungría, derechos a los que renunció al aceptar el trono de México.

   A temprana edad comenzó su formación militar y sirvió a la Armada del país, llegando con tan solo 22 años al cargo de Comandante en Jefe de la Armada de Austria en el 1854.

   Dos años antes, Maximiliano se había prometido con la princesa de Brasil, Amalia de Portugal, con quien no pudo contraer matrimonio tras la muerte de ésta por tuberculosis.

   Después de lo sucedido, era necesario encontrar una nueva esposa para el archiduque y, en 1857, se casó con Carlota Amalia de Bélgica, hija de Leopoldo I de Bélgica --el monarca más rico de Europa por aquel entonces--, conformándose así la unión dos poderosas dinastías del viejo continente.

   Gracias a dicho enlace, a partir del 1857 Maximiliano ostentó un nuevo título: virrey del Reino Lombardo-Véneto en Italia. Sin embargo, su nuevo cargo apenas le duraría dos años, después de que su hermano Francisco José le destituyera del cargo tras la derrota austriaca en la Batalla de Solferino contra los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino de Cerdeña.

   Este fracaso del imperio austriaco supuso la pérdida de los territorios lombardos y venecianos, tras lo que Maximiliano partió junto a su esposa a la ciudad de Trieste, a orillas del mar Adriático.

REY DE MÉXICO

   Con la independencia mexicana del Imperio español en 1821, el país americano suspiraba por establecer una monarquía independiente, algo que iba en contra los intereses expansionistas de Estados Unidos.

   Varios años de conflicto interno desembocaron en la Guerra de la Reforma (1857-1861) entre conservadores --que querían establecer la monarquía-- y liberales --que clamaban por un gobierno Federalista-- saldándose con la victoria de estos últimos y el ascenso a la presidencia mexicana de Benito Juárez.

   Los altos costes de la guerra dejaron a México en una delicada situación económica, lo que, sumado a la creciente oposición al Gobierno de Juárez por parte de la Iglesia católica y de los terranientes mexicanos, produjo una inestable situación en el país.

   Los contrarios a Juárez solicitaron ayuda a Europa y en 1861, España, Francia e Inglaterra acordaron intervenir aprovechando que Estados Unidos estaba inmerso en la Guerra de Secesión (1861-1865) y apenas podía ofrecer ayuda a las fuerzas de Juárez.

   Pero gracias al Tratado de Soledad de Doblado, Inglaterra y España se retiraron, decisión que no fue compartida por el emperador francés Napoleón III, quien quería establecer en América una potencia que pudiera hacer frente a Estados Unidos.

   Fue el propio Napoleón quien ofreció a Maximiliano la corona del recién proclamado Segundo Imperio Mexicano (1863/1867) para así reconciliarse con Austria y compensarle por la pérdida del Piamonte.

   Maximiliano aceptó en 1864 y se convirtió en emperador de México, apoyándose en el apoyo militar y económico de Francia y en la opinión católica y conservadora frente a los liberales de Juárez, que contaban con el apoyo popular.

CAÍDA DEL IMPERIO

   Sin embargo, las políticas liberales que adoptó Maximiliano como emperador de México contrarrestaron con los intereses de Napoleón y de las fuerzas conservadoras, por lo que pronto el emperador francés retiró su apoyo.

   Paralelamente, los seguidores liberales, junto con los fieles republicanos de Benito de Juárez, contaban con el apoyo de los Estados Unidos e hicieron todo lo posible por derrotar al Imperio de Maximiliano para recuperar al país de un gobierno monárquico.

   Sin las tropas y el dinero francés, la fuerza de Maximiliano se debilitó, lo que favoreció que Juárez fuera incrementando su control en algunos territorios mexicanos gracias al apoyo estadounidense.

   Por ello, la emperatriz viajó a Europa buscando, sin éxito, refuerzos para combatir a los liberales. El propio Napoleón ofreció a su homólogo en México que abdicara y regresara a su hogar, propuesta que rechazó.

Sus fieles generales como Miguel Miramón, Márquez, Leonardo, y Tomás Mejía se comprometieron a levantar un ejército que pondría en entredicho la ofensiva de los republicanos mexicanos.

   Las fuerzas liberales, comandadas por los generales Ramón Corona y Mariano Escobedo, avanzaron hasta Querétaro --donde se refugió Maximilino-- y se enfrentaron a las tropas del emperador y de los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

   La ciudad de Querétaro cayó el 15 de mayo de 1867, y Maximiliano de Habsburgo fue capturado la mañana siguiente. El emperador y los generales fueron sentenciados a muerte y, finalmente, el 19 de junio de 1867 fueron fusilados en el Cerro de las Campanas.

   Los restos del emperador fueron enviados a Austria y enterrados allí. Era el fin del Segundo Imperio Mexicano.