Publicado 09/04/2016 10:59CET

Acabar con la desigualdad educativa de género, el reto de Iberoamérica

A student writes down in her note book on the first day of school in Managua
OSWALDO RIVAS / REUTERS

   MADRID, 9 Abr. (Notimérica) -

   Con el fin de dar cuenta de la calidad de la educación en Iberoamérica y guiar la toma de decisiones en políticas públicas educativas, la UNESCO ha analizado la brecha de género en materia educativa en base al Tercer Estudio Regional Comparativo y Educativo (TERCE).

   Con él se concluye que la desigualdad de género en la educación que impacta en los logros del aprendizaje por áreas de estudio es un gran reto en América Latina.

   En primer lugar, se pudo observar que los estudiantes varones tienen mejores resultados en matemáticas, mientras que las mujeres dominan sobre el área de la lectura y la escritura, lo que puede acarrear negativas consecuencias.

   En el caso de los hombres, un bajo nivel de competencia en lectura incrementa la probabilidad de repetición o abandono escolar, lo que se traduce en una reducción en la participación educativa a nivel terciario.

   Mientras que un bajo rendimiento en matemáticas y ciencias puede reducir su interés en carreras que, por lo general, ofrecen más oportunidades de obtener altos ingresos, como las ingenierías.

   Sin embargo, la magnitud de esta ventaja por parte de uno y otro género según el área específica difiere por grado y por países. Así, las estudiantes obtienen mayor puntuación que ellos en la mitad de los países considerados y viceversa en la otra mitad.

   En el área de matemáticas en sexto grado hay una clara ventaja para los varones, mientras que las mujeres tienen mayor nivel en lectura y escritura tanto en el tercero como en el sexto grado, habiendo en éste ultimo una mayor diferencia.

   Este incremento en el sexto grado respecto al tercero sugiere que las brechas pueden estar vinculadas con la progresión en el sistema educativo. Es decir, a mayor grado, mayor es la diferencia.

   Aunque en ciencias no se percibe un patrón claro. La ventaja por género se encuentra dividida y la brecha entre ambos es poco significativa.

   Comparando los resultados del TERCE (2013) con el estudio anterior (SERCE, 2006), se percibe que estas diferencias no suponen ninguna novedad. En aquella ocasión, la ventaja en cada área era igual por cada género.

   Eso sí, se han visto algunos cambios en el periodo, durante el cual la ventaja de las estudiantes de tercero se generalizó en toda la región, al contrario que en el caso de las de sexto grado, donde la magnitud de la brecha se redujo en casi todos los países analizados.

   Del mismo modo, la cantidad de países donde hay una gran inequidad de género en tercer grado en matemáticas también se redujo, así como en sexto grado, donde se redujo la diferencia entre chicos y chicas.

VARIABLES

   Este fenómeno social hace cuestionarse cuáles son las variables que inciden en esta brecha. A nivel de escuela, el estudio señala que el nivel socioeconómico de la institución, la región, la dependencia administrativa y las prácticas docentes, influyen.

   Analizando al estudiante se observa que afectan más variables. El nivel socioeconómico del mismo, su sexo, el nivel educativo y las expectativas educativas de los padres, así como su supervisión, son algunos de ellos.

   Aunque cada una de estas variables dependen también del país. Así, en Paraguay y Colombia, las premisas anteriormente citadas inciden en la diferencia de género en tercer grado en lectura; mientras que en Costa Rica, República Dominicana, Paraguay, México, Uruguay y Nuevo León, marcan la brecha en sexto grado en lectura.

RECOMENDACIONES

   Para paliar este problema, la UNESCO elabora una serie de recomendaciones que podrían rebajar la brecha de género. Los primeros que tienen que actuar son las autoridades nacionales y locales, quienes tienen que considerar la desigualdad entre hombres y mujeres como un tema prioritario en materia política.

   Esto implica reforzar en los discursos y orientaciones al sistema escolar la necesidad de ofrecer oportunidades para que cada género se refuerce en aquel área donde sufra más carencias, así como monitorear constantemente la inequidad en términos de acceso, trayectoria educativa y logros de aprendizajes.

   En segundo lugar, hay que revisar el currículum y los materiales educativos para eliminar sesgos de género. Además, hay que reformar la formación inicial y continua docente con un enfoque de género.

   Finalmente, es necesario desarrollar estudios que ayuden a comprender los fenómenos educativos que se encuentran detrás de las desigualdades de género.