Publicado 24/08/2015 14:49CET

Alexandre Ciconello (AI): "La Policía en Brasil está fuera de control"

   RÍO DE JANEIRO, 24 Ago. (Notimérica) -

   Alexandre Ciconello es uno de los autores del informe 'Mataste a mi hijo', que Amnistía Internacional Brasil divulgó recientemente para alertar de la violencia policial en Río de Janeiro. Según el informe, en la última década la Policía Militar mató a 8.466 personas en todo el estado de Río, la mayoría de ellas -5.132- en la capital. Para Ciconello, la 'Ciudad Maravillosa' es una zona en guerra.

   ¿Cómo evalúan que todo esto ocurra en una ciudad que dentro de un año va a ser el centro del mundo, cuando acoja los Juegos Olímpicos? ¿La ciudad está preparada?

   Las Olimpiadas tienen algunos valores, entre ellos la paz, que es el origen de las propias Olimpiadas. Pero los Juegos tendrán lugar donde muchas personas mueren a manos de la Policía, donde hay muchos abusos, principalmente en zonas muy concretas de la ciudad y afectando a personas negras y pobres.

   ¿Estamos preparados para recibir unas Olimpiadas con una ciudad viviendo esas contradicciones? Aunque se ha hecho mucho en los últimos años en algunos lugares la situación es insostenible. Hay mucha violencia en general, pero aún es más grave cuando es el Estado, sus agentes, los que cometen crímenes y abusos. Hay una inversión de valores terrible.

   ¿Por qué Amnistía Internacional se fija en la muerte que provocan los policías y no en las que causan los traficantes?

   Antes de presentar este informe el año pasado Amnistía lanzó la campaña 'Joven negro vivo'. Cada año mueren 56.000 personas asesinadas en Brasil. Lo que pedimos es que haya una política pública de reducción de homicidios dirigida a esa juventud que está muriendo más.

   Hoy el foco ha sido la política de la guerra a las drogas. Queremos que ese no sea el foco, sino la reducción de homicidios. Para conseguirlo necesitamos que el propio Estado pare de matar, es un número muy significativo.

   En Río, las muertes provocadas por la Policía son las más numerosas, aunque desde 2007 se ha reducido mucho, antes eran escandalosos, pero continúan siendo unos índices altísimos: en 2014 ha vuelto a subir y en lo que va 2015 han aumentado un 22% los homicidios cometidos por la Policía. Y todo ello en un escenario de impunidad que no ha cambiado, poquísimas muertes son debidamente investigadas.

   ¿Qué es lo que hace que Río de Janeiro sea más violenta que otras ciudades?

   La percepción de la violencia es subjetiva a veces. Río hace diez años era el estado con una tasa mayor de homicidios, eso ha caído en los últimos años. En términos de violencia letal tiene una tasa de 29 muertes por cada 100.000 habitantes. Es similar a la media nacional y aún así es muy alta (En Alemania, por ejemplo, es 0,3). Eso ha ido bajando y el Gobierno ha puesto en marcha políticas para que eso ocurriese.

   Lo que pasa en Río es que la violencia es mucho más visible, por la presencia de la prensa internacional y por la propia configuración de la ciudad: hay barrios muy ricos al lado de favelas. Además hay varias facciones de criminales, con tráfico armado. La sensación de violencia es mayor que en otras ciudades. Además es una ciudad turística, quizá aquí tienes ese 'shock de realidad'. Hay lugares, como los estados de Alagoas o Paraíba, que son más violentos pero están fuera del foco.

   Una de las conclusiones del informe es la impunidad con la que actúa la Policía. ¿Qué pasa para que haya un mínimo de casos que son investigados? Hay casos concretos de policías que han matado a 20 personas y continúan trabajando sin que se depuren responsabilidades.

   Siempre se presupone la legítima defensa del policía. La mayoría de veces en los registros explican que encontraron un cadáver o que un intercambio de tiros llevó a alguien al hospital. Normalmente los relatos son de policías que entran en una favela y son recibidos con tiros; hablan de una "injusta agresión", ellos reaccionan y una persona muere.

   Después los testigos no quieren hablar porque están amenazados, los policías en muchas ocasiones modifican la escena del crimen: retiran el cuerpo, intentan poner armas en sus manos. La tendencia es criminalizar a la víctima. Después es prácticamente imposible comprobar si el policía usó la fuerza de modo correcto.

   Parece que si un joven es sospechoso de ser traficante ya hay vía libre para matarle. Los familiares de las víctimas lamentan que la policía dispara cuando podría sencillamente detenerles.

   La Policía está totalmente fuera de control. Se mata de forma indiscriminada, varias personas que no tienen nada que ver acaban muriendo también, como el niño Eduardo Jesús, en el Complexo do Alemão, que estaba jugando con el móvil en la puerta de su casa. No había ningún conflicto en ese momento. [Un policía le disparó a quemarropa y cuando su madre salió de casa para ver qué había pasado el agente amenazó con matarla a ella también].

   En el fondo lo que pasa es que se criminaliza la favela como un todo. La Policía cree que es un territorio enemigo, es la lógica de la guerra: disparan a cualquier cosa. Cuando se dice 'guerra a las drogas' es porque hay un territorio enemigo, que es la favela. Y además hay una cuestión racial evidente; el joven negro que está en la favela ya es sospechoso, ya es considerado automáticamente traficante.

   ¿La herencia de la dictadura tiene que ver con la violencia de la Policía Militar?

   Ya viene de antes, pero en la dictadura las desapariciones y las torturas fueron incorporadas como una política de Estado. Eso deja marcas profundas. Otra marca es la propia impunidad del pasado. Los crímenes cometidos por el Estado en la dictadura no fueron responsabilizados adecuadamente, hay una sensación de que eso continúa.

   Desde la redemocratización del país, se han hecho muchas cosas, pero la seguridad pública permaneció congelada. Ha habido poco debate. Es una Policía que mata mucho y que muere mucho también. Nosotros criticamos a la institución como un todo, porque tampoco protege a sus propios policías.

   ¿Qué pasa en Brasil para que haya tanta indiferencia hacia esas muertes?

   Es el otro el que está muriendo, es el negro, el pobre, el 'favelado'. Es como si el destino de esos jóvenes fuese morir asesinado. El enemigo número uno de Brasil es el traficante, aunque sea un chaval que nunca ha cogido un arma. Los medios y la política han fabricado ese enemigo.