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MADRID 4 Feb. (EUROPA PRESS) -
A medida que los vuelos espaciales comerciales se acercan cada vez más y el tiempo que se pasa en el espacio continúa extendiéndose, la cuestión de la salud reproductiva más allá de los límites del planeta Tierra ya no es teórica, sino ahora "urgentemente práctica", según se plantea en un nuevo estudio de investigadores internacionales de la NASA.
El trabajo está realizado por nueve autores y publicado en la revista revisada por pares 'Reproductive Biomedicine Online'. Estos incluyen expertos en salud reproductiva, medicina aeroespacial y bioética, y proponen un marco de colaboración para guiar la próxima generación de investigación reproductiva en el espacio.
"Hace más de 50 años", explica el embriólogo clínico Giles Palmer de International IVF Initiative Inc, "dos avances científicos transformaron lo que se creía biológica y físicamente posible: el primer alunizaje y la primera prueba de fertilización humana in vitro.
Ahora, más de medio siglo después, argumentamos en este informe que estas revoluciones, una vez separadas, están colisionando en una realidad práctica y poco explorada: el espacio se está convirtiendo en un lugar de trabajo y un destino, mientras que las tecnologías de reproducción asistida se han vuelto altamente avanzadas, cada vez más automatizadas y ampliamente accesibles".
Pero a pesar de estos avances, todavía no existen estándares ampliamente aceptados en toda la industria para gestionar los riesgos para la salud reproductiva en el espacio, incluidos los riesgos de un embarazo temprano involuntario durante los viajes espaciales, los impactos en la fertilidad de la radiación y la microgravedad, y los límites éticos en torno a cualquier investigación futura relacionada con la reproducción.
El informe, elaborado por un grupo internacional de expertos, no pretende promover la concepción en el espacio, sino destacar los riesgos reproductivos previsibles para los viajeros espaciales e identificar las lagunas científicas y éticas que deben cerrarse antes de que se produzcan daños irreversibles.
Lo que se sabe hasta ahora a partir de estudios limitados de laboratorio y humanos de misiones anteriores es que el espacio, "un lugar de trabajo cada vez más rutinario" hoy en día, es "un entorno hostil" para que la biología humana prospere. Esto se manifiesta en varias condiciones que se sabe que son perjudiciales para los procesos reproductivos saludables, en particular la gravedad alterada, la radiación cósmica y la alteración circadiana.
Por ejemplo, si bien los estudios en modelos animales han demostrado que la exposición a la radiación a corto plazo altera negativamente los ciclos menstruales femeninos y aumenta el riesgo de cáncer, esta revisión encontró datos fiables limitados de astronautas masculinos o femeninos tras misiones espaciales más largas. El efecto de la exposición acumulada a la radiación sobre la fertilidad masculina sigue siendo una "brecha crítica de conocimiento".
Lo que hace que la necesidad de evidencia sea más crucial es el mayor tiempo que ahora pasa un mayor número de personas en el espacio. Los datos registrados hasta la fecha de astronautas mujeres en las misiones del transbordador indican de forma tranquilizadora que las tasas de embarazo y complicaciones posteriores son comparables a las de mujeres de la misma edad en la Tierra, pero hasta ahora se ha informado poco de misiones de mayor duración, tanto en hombres como en mujeres.
Esto, escriben los autores, requerirá nueva evidencia para guiar las estrategias diagnósticas, preventivas y terapéuticas en entornos extraterrestres.
Si bien el embarazo sigue siendo una contraindicación para los vuelos espaciales y la menstruación suele evitarse mediante métodos hormonales, algunas tecnologías en técnicas automatizadas de laboratorio para la fertilización y la criopreservación pueden alinearse con las demandas operativas de la investigación y la práctica reproductiva en el espacio.
"Los avances en las tecnologías de reproducción asistida a menudo surgen de condiciones extremas o marginales, pero rápidamente las superan", asegura Giles Palmer. La tecnología de reproducción asistida (TRA) es altamente transferible porque aborda situaciones donde la reproducción es biológicamente posible, pero estructuralmente limitada por el entorno, la salud, el tiempo o las circunstancias sociales, restricciones que ya existen ampliamente en la Tierra.
Si bien el escenario de la reproducción humana en el espacio actualmente pertenece más a la ciencia ficción que a la realidad, la perspectiva exige, sin embargo, consideraciones éticas, desde la simple revelación del embarazo en viajeros espaciales o su análisis genético. Además, parece probable que la investigación espacial se extienda más a la biología reproductiva, lo que también podría plantear cuestiones éticas. Poco a poco se están desarrollando políticas claras, pero aún no existen directrices ampliamente aceptadas sobre estos temas. Tampoco se sabe lo suficiente sobre los riesgos del embarazo en vuelos espaciales de larga duración.
Las tecnologías de FIV en el espacio ya no son puramente especulativas, según Palmer. "Es una extensión previsible de las tecnologías ya existentes. La preservación de gametos, el cultivo de embriones y el análisis genético son tecnologías maduras, portátiles y cada vez más automatizadas. A medida que la actividad humana pasa de misiones cortas a una presencia sostenida más allá de la Tierra, la reproducción pasa de ser una posibilidad abstracta a una preocupación práctica".
Por lo tanto, el informe argumenta que es necesario actuar ahora, no porque la TRA en el espacio sea inminente, sino porque se está cerrando el plazo para establecer límites. Tratar estas preocupaciones como especulativas implica no comprender cómo las tecnologías reproductivas se incorporan a la práctica: de forma gradual, discreta y, a menudo, justificada a posteriori. En este contexto, urgencia significa responsabilidad anticipada, porque la gobernanza retrasada es gobernanza negada.
"A medida que se expande la presencia humana en el espacio, la salud reproductiva ya no puede seguir siendo un punto ciego en las políticas", asegura Fathi Karouia, autor principal del estudio e investigador científico de la NASA. "Se necesita urgentemente colaboración internacional para cerrar brechas críticas de conocimiento y establecer directrices éticas que protejan tanto a los astronautas profesionales como a los privados, y, en última instancia, salvaguarden a la humanidad a medida que avanzamos hacia una presencia sostenida más allá de la Tierra".