Cientos de niños venezolanos cruzan cada día la frontera para estudiar en Colombia

Niños venezolanos entrando a una escuela en Cúcuta (Colombia)
HÉCTOR ESTEPA
Publicado 28/02/2019 21:26:02CET

   Según el Colegio Venezolano de Profesores, el 20% de los docentes ha abandonado su profesión

   CÚCUTA (COLOMBIA), 28 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Al menos 9.026 niños venezolanos estudian en la ciudad colombiana fronteriza de Cúcuta, según la Secretaría de Educación de la ciudad. Cientos de ellos cruzan cada día los puentes fronterizos, solos o junto a sus padres, sólo para ir a la escuela. Es una escena habitual ver a menores vestidos de colegial en los pasos hacia Venezuela, muy temprano en la mañana, o a partir de mediodía, cuando acaban las clases.

   "Nuestros docentes no tienen ni siquiera para pagar su transporte, y muchas veces tienen que dejar a sus hijos sin comida. Un sueldo de profesor en Venezuela, que tiene que trabajar de ocho de la mañana a cuatro de la tarde, es de 22.000 bolívares. Eso apenas alcanza para un kilo de queso", dice Yuraima Becerro, una de las madres que lleva a sus hijas a un colegio colombiano todos los días. Advierte de una alta deserción entre el profesorado.

   En el Misael Pastrana Borrero, un colegio público de Cúcuta, decenas de padres se agolpan cuando acaban las clases para recoger a sus hijos. Su acento les delata. Muchos son venezolanos, de las cercanas localidades de San Antonio y Ureña.

   "Esta era la capilla que teníamos aquí en el colegio. Hemos tenido que reconvertirla en aula, así como los laboratorios que estaban en la parte de atrás", explica a Europa Press Pablo Silva, el rector de la institución, frente a un pequeño templo donde los bancos de madera han sido sustituidos por pupitres.

   "En este colegio teníamos habitualmente 1.000 estudiantes. Hoy la población estudiantil es cercana a los 1.600, y hemos ocupado hasta el último lugar disponible", desvela el maestro.

   Al menos 840 de los alumnos del Misael Pastrana Borrero nacieron en el lado venezolano de la frontera. El rector anima a hacer la comprobación. Irrumpe en dos de las aulas y pide a los pequeños que levanten la mano los que son venezolanos. En ambas aulas alzaron el brazo más del 70 por ciento de los alumnos.

   "Los relatos que hacen sus padres es que la educación ha ido marchitándose rápidamente en Venezuela y que, cuando los niños acudían a las instituciones educativas de allá, no encontraban maestros", comenta Silva.

FALTA DE DOCENTES

   La falta de docentes terminó afectando a la calidad educativa, lo que provoca que a muchos niños se les tenga que bajar de grado cuando ingresan en instituciones colombinas. Según el Colegio Venezolano de Profesores, el 20 por ciento de los docentes ha abandonado su profesión.

   "Tenemos que reubicar a los niños en relación con los grados que traen acreditados de allá, porque se notan las deficiencias que el sistema educativo estaba teniendo en Venezuela", dice Silva.

   "Cuando interrogamos a los niños nos dicen que sí que acudían a las escuelas, pero que no había maestros. Habían migrado ya. Se presentaban esporádicamente, pero los niños no estaban recibiendo el tratamiento adecuado", añade el rector.

   Los padres venezolanos también destacan que el currículo escolar venezolano ha priorizado asignaturas de letras, así como otras ideológicas, discriminando la formación en ciencias.

   El Misael Pastrana Borrero ha conseguido que todos los niños en su institución puedan almorzar con los recursos asignados por el ministerio de Educación.

   La carestía que existe en el lado venezolano también se nota entre los alumnos. "Para muchos niños el almuerzo que les damos es la única comida del día. Se nota mucho. Los niños vienen más delgados de vacaciones", asegura Silva.

   A la hora del almuerzo, el patio, antes vacío, adquiere una actividad frenética con los niños que van de camino al comedor. Los más mayores se enfundan unos chalecos de supervisores y se aseguran de mantener el orden, y que todos limpien su parte de la mesa al terminar de comer.

MUCHA MOTIVACIÓN

   A pesar de las difíciles circunstancias, los alumnos llegan con mucha motivación. "Los niños que vienen de Venezuela, al día de hoy, y después de un proceso de adaptación, están ocupando los primeros lugares en sus aulas de clase", señala el rector.

   "El sólo hecho de que las familias decidan venir nos indica la importancia que esas familias le dan a la educación. En estos momentos, hasta el cuatro de febrero que pondremos autobuses, ellos están asumiendo el coste del transporte, que resulta para esas familias muy elevado", añade Silva.

   Destaca también el rector, con una indisimulada satisfacción, que la convivencia es totalmente pacífica con los niños colombianos de la escuela.

   "La acogida ha sido espectacular. Nuestros niños colombianos también son espectaculares. No hemos registrado un solo caso de xenofobia. Hay una hermandad absoluta entre los niños que viven en Venezuela y los que habitan aquí en Cúcuta".

   En 2018 el número de alumnos venezolanos en Cúcuta era de 4.020. El gran aumento en matriculaciones ha hecho que los centros reclamen más maestros y dotación en las escuelas de la ciudad.

Contador

Para leer más