Publicado 20/06/2020 09:36CET

Coronavirus.- El coronavirus pone a prueba la "resiliencia centroamericana": "Ser golpeado para levantarse de nuevo"

Seguimiento nutricional en el Corredor Seco de Guatemala durante la pandemia de coronavirus
Seguimiento nutricional en el Corredor Seco de Guatemala durante la pandemia de coronavirus - ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE (ACH)

ACH advierte de que emigrar puede acabar siendo "una alternativa incluso más necesaria que hace meses"

MADRID, 20 Jun. (EUROPA PRESS) -

Centroamérica, una región azotada por la violencia, la pobreza y el cambio climático, ha desarrollado una resistencia especial --la llamada resiliencia-- que el coronavirus y el ingrediente añadido de las deportaciones de migrantes desde Estados Unidos y México han venido a poner a prueba justo cuando sus habitantes se enfrentan a problemas cíclicos, como el "hambre estacional" y la temporada de lluvias. "El cóctel no puede ser más complejo".

"Resiliencia es una palabra muy de moda pero significa ser golpeado y levantarte de nuevo", explica el director regional de Acción contra el Hambre (ACH) para Centroamérica, Miguel Ángel García, en una entrevista concedida a Europa Press. "Aquí esto es una constante. La gente es resiliente porque no le queda otra (...) Se ven golpeados por distintas crisis, por distintos problemas, y se levantan de nuevo", valora.

En el marco de la pandemia el término cobra aún más significado. La región concentra más de 56.000 casos de coronavirus, incluidos unos 1.500 muertos, para un balance continental de más de 4 millones de positivos y 210.000 decesos, y uno global de más de 8,6 millones y 460.000, por lo que hasta ahora ha conseguido contener la COVID-19.

García señala que el impacto del virus "ha sido gradual" porque "son países que empezaron a tomar medidas de confinamiento muy pronto, cuando apenas había casos". No obstante, subraya que "no son confinamientos comparables a los que se han llevado a cabo en Europa", salvo quizá El Salvador, porque "mucha gente depende de la economía informal", el 70% en el caso de Guatemala, donde se ha optado por toques de queda de lunes a viernes y alguno "total" en fin de semana, de modo que "durante el día hay una movilidad normal".

La consecuencia es que, si bien ha sido "un proceso lento", "los casos no han dejado de crecer". "En Europa hubo un crecimiento, un pico, una bajada y ya la desescalada, pero en América Latina y en los países centroamericanos no se está llegando al pico (...) y no se sabe cuándo lo vamos a ver", expone el cooperante de ACH, que augura "un impacto mucho más prolongado en el tiempo".

Por eso, cuestiona la desescalada emprendida por los gobiernos regionales, "muy influenciada por las decisiones que se están viendo en Europa y Estados Unidos (...), aunque la situación no esté controlada". Su opinión es que "no se va a poder impedir la propagación y se va a tener que estar conviviendo con el virus y sus consecuencias". "La gente se verá muy golpeada pero volverá a levantarse, como han hecho siempre", confía.

"HAMBRE ESTACIONAL"

A pesar de que ha sido un "confinamiento relativo", sí ha golpeado a la economía. En Guatemala, con más de 17 millones de habitantes, se han perdido 500.000 puestos de trabajo y las remesas, la principal fuente de ingresos del país (un 14% del PIB) y de los hogares (un 44% de los ingresos familiares), han caído una media del 13% y se prevé que llegue hasta el 20%.

La pérdida de poder adquisitivo de los guatemaltecos se produce en un momento en el que dependen todavía más de las compras de alimentos en los mercados locales. "Estamos en el periodo que se llama de hambre estacional, que va desde mayo a agosto o septiembre. Es un periodo en el que, por un lado, la población campesina (...) todavía no tiene la cosecha de este año y, por otro, no hay disponibilidad de trabajo temporal", indica García.

En este periodo la inseguridad alimentaria "aumenta de forma cíclica todos los años", pero "ahora es mucho más grave por las restricciones que ha habido a la movilidad, que han imposibilitado poder trabajar como jornalero". Así, en Guatemala ya hay 1,2 millones de personas que necesitan ayuda alimentaria, 570.000 más que a principios de año. Los casos de desnutrición aguda en niños, más de 15.000, superan al total registrado en 2019 y los de malnutrición infantil se han triplicado, unos 14.000, respecto al mismo periodo de 2019.

García llama la atención sobre el hecho de que son países "con muy poca recaudación de impuestos, muy poca inversión social y una ayuda humanitaria muy limitada --casi estacional--", es decir, no hay una "red de bienestar" en tiempo de crisis, de modo que "las familias tienen que hacer frente solas a todo lo que les caiga".

"BRECHA SANITARIA"

Para el jefe de ACH en Centroamérica, uno de los principales motivos de preocupación en esta coyuntura es "la brecha sanitaria". En primer lugar, porque "estos países están entre los que menos camas hospitalarias tienen del mundo". "En España tenemos unos 41 médicos por cada 10.000 habitantes y en Guatemala, tres", ilustra. Y, en segundo, porque los recursos sanitarios "se concentran en las zonas urbanas". De hecho, el Ministerio de Salud reconoce un déficit de 3.000 centros médicos en zonas rurales.

Además, Centroamérica se prepara para la llegada de la temporada de lluvias, que suele traducirse en la proliferación de enfermedades respiratorias y de brotes de zika, dengue o chikungunya.

García avisa de que la combinación de "un sistema de salud precario y la ausencia de protección social" arroja "una situación inédita que cambia por completo las prioridades políticas: La asistencia humanitaria es ahora una necesidad imperativa". Si no se da este paso, vaticina, "los conflictos sociales pueden ser una de las consecuencias en los próximos meses".

DEPORTADOS, DESUBICADOS Y RECHAZADOS

Centroamérica, y específicamente el Triángulo Norte --Guatemala, Honduras y El Salvador--, tiene otro factor diferencial que podría servir de detonante. Estados Unidos y México están deportando migrantes a una media que en Guatemala es de entre 7.000 y 10.000 personas al mes, "unas 80.000 personas al año". "Con la COVID-19 esas deportaciones se han reducido pero no se han frenado por completo", denuncia el experto de la ONG.

Estados Unidos ha seguido devolviendo gente a Guatemala con una frecuencia de entre tres y cuatro vuelos semanales y escasos controles sanitarios en origen, lo que ha obligado a hacerlos en destino. "Efectivamente, algunas personas luego daban positivo y el problema es que el Gobierno guatemalteco no tiene la posibilidad de hacer una cuarentena" para una media de 500 deportados semanales, apunta. "Entonces, llegaban, se les tomaba la temperatura, dormían una noche o dos, a veces en condiciones precarias y a su comunidad", cuenta.

A ello se suma "un drama personal". Llegan con "una desubicación total", porque a veces no han tenido tiempo de informar a su familia de que regresan y cuando lo hacen "no tienen ni un teléfono para contactar"; o porque pueden llevar hasta quince años fuera de su país, con el que ya habían cortado todos los vínculos; y, en el caso de que logren llegar a sus comunidades, muchas veces no han sido bien recibidos por "miedo al contagio".

García alerta de que las deportaciones son "un factor de riesgo" en la propagación del virus, por la poca capacidad de control de estos países y porque llegan a "un sistema sanitario precario", y defiende que se debían haber suspendido "por una cuestión humanitaria". Actualmente, gracias a la "presión" de la prensa y las autoridades guatemaltecas, "se ha llegado a una relación de relativo equilibrio entre la capacidad de envío y de acogida", si bien es "muy inestable": "Se pueden ver desbordados de un día para otro".

En este contexto de crisis sanitaria y económica, podría darse el efecto contrario, más en una sociedad como la centroamericana donde "la emigración es la estrategia lógica por todas esas carencias". "Es de esperar que las migraciones aumenten. No creo que sea en forma de caravana, porque la gente es muy consciente de los riesgos de la COVID-19, pero la migración individual parece ahora una alternativa más necesaria incluso que hace algunos meses para muchas personas", afirma.