Un divorcio millonario, varias fiestas swinger y un asesinato que conmociona a Uruguay

Pistola en el suelo
PIXABAY
Actualizado 20/07/2018 8:38:43 CET

   MONTEVIDEO, 19 Jul. (Notimérica) -

   Un divorcio millonario y fiestas swinger en el barrio Beverly Hills de Punta del Este, en Uruguay, son los ejes del asesinato de un profesor de inglés que tiene conmocionada a la sociedad uruguaya.

   Esta historia de dinero, lujuria y sangre se comenzó a escribir el pasado 9 de julio alrededor de las 22.00 (hora local), cuando Edwar Alexis Vaz Fascioli, uruguayo de 45 años, estaba en su departamento de la ciudad de Maldonado junto a su pareja cuando en un momento dado llamaron a la puerta. Este acude a abrir y al desplazar la puerta recibe un disparo en la frente, según consigna el diario local 'El País'.

   Las cámaras de seguridad captaron al asesino, que estaba acompañado por un cómplice. Ambos se subieron a un auto que era conducido por una tercera persona, y se fueron rápidamente del lugar.

   Durante las investigaciones, se conoció que Vaz junto a su abogado acordaron presentar una demanda civil contra su exmujer por 1,5 millón de dólares.

   Tras detener al conductor del vehículo, este confesó que la exmujer y madre de sus dos hijos fue quien les contrató para asesinar a su marido.

   Por pedido de la fiscalía, el juez Luis Imperial ordenó entonces la detención de la exesposa, que fue acusada de homicidio especialmente agravado.

FIESTAS SWINGER

   La detenida era conocida en la noche de Punta del Este y Uruguay como la organizadora de fiestas swinger entre locales y extranjeros en todas las estaciones del año, la detenida contó que su ex estaba detrás de esos eventos: "Hacíamos las fiestas mandadas por él, que dirigía todo pero no estaba presente. Él manejaba toda la plata", según informó el diario 'Clarín'.

   La lujosa mansión que ahora pertenece a un brasileño pero que fue construida por la detenida y su amiga, tiene cámaras de seguridad tanto en el exterior y en el interior y el ingreso a las fiestas no lo podía pagar cualquiera: la exclusividad era el sello del lugar.