La educación superior, un proyecto en curso en Iberoamérica

Publicado 23/03/2016 10:44:12CET
FUNDACIÓN CAROLINA

   Por Jesús Andreu, director de la Fundación Carolina, para Notimérica.

   MADRID, 23 Mar. (Notimérica) -

   Pese a los momentos de indudable incertidumbre que vivimos, no solo en España, por razones políticas, sino en toda Iberoamérica (ralentización brasileña, descenso de las commodities, etc.), conviene quizá ahora más que nunca subrayar cómo la mayoría de la últimas tendencias socioeconómicas positivas de esta esfera cultural llegaron para quedarse. Desde una perspectiva macro --de "longue dureé" como decía el historiador Braudel-- debemos recordar que la secuencia del desarrollo humano obedece a un patrón muy similar en todas las sociedades, de acuerdo con el cual la modernización económica lleva aparejada cambios culturales que nos inclinan hacia la autonomía individual, la igualdad de género y la democracia.

   Esta hipótesis ha sido minuciosamente estudiada por los sociólogos Ronald Inglehart y Christian Welzel, quienes durante más de dos décadas trabajaron con material empírico a escala global. Y la conclusión a la que llegaron fue clara: el deseo de lograr mayores márgenes de libertad civil, participación política y autoexpresión profesional, lejos de encubrir una especie de "americanización global", constituye una propensión universal cuando las poblaciones alcanzan un estatus básico de recursos materiales. De hecho es lo que sucedió en España a partir de los años sesenta y es lo que viene sucediendo en la mayor parte de Latinoamérica desde los ochenta. Por descontado, referirse en general al subcontinente siempre es simplificador, puesto que para ser exactos hay que concretar país por país, cosa que se constata fácilmente al vaticinar el futuro de la región: las naciones de la Alianza del Pacífico son las que apuntan mejores maneras, seguidas de esos nodos financieros y comerciales en los que se están convirtiendo Panamá o Costa Rica.

   No obstante --y a ello iba-- incluso en aquellos casos más críticos, cuando se supera determinado umbral sociocultural las mentalidades no retroceden y la voluntad individual por conquistar vocaciones propias, en tanto síntoma plenamente moderno, no desaparece. En función de la correlación entre desarrollo y capital humano, esto se refleja en los índices de acceso a la educación superior, los cuales -tras experimentar un boom paralelo al crecimiento económico- no suelen recaer en disminuciones ulteriores, dotando en adelante y a futuro de un nivel científico sostenido a cada país. Sobre este hecho, históricamente acreditado, se levanta la promesa del Espacio Iberoamericano del Conocimiento, un proyecto que redimensiona internacionalmente -actualizándola- la lógica de la prosperidad y del que no solo toca hablar con ocasión de cumbres y convenios.

   Así, el trabajo tenaz y regular de las instituciones dedicadas a fortalecerlo constituye la mejor garantía de su consecución, siempre que su pulso no decaiga. En este sentido, si se me permite la referencia, los datos que ha registrado la última convocatoria de becas de la Fundación Carolina son alentadores: 170.000 solicitudes y 56.000 solicitantes se han postulado para perfeccionar su formación en España, 8.000 más que el año pasado y 22.000 más que hace dos años. Se trata de cifras-récord que nos dicen que si hace cinco años se contabilizaban 40 candidatos por beca ahora lo hacen 90 por beca, lo que asimismo nos habla de la extraordinaria capacidad de atracción de las universidades españolas y, en particular, de las facultades de Medicina, Derecho, Económicas o Ingeniería, donde se cursan los programas más demandados.

   De este modo, el enorme caudal de talento procedente de Iberoamérica se conjuga con la capacidad para generar conocimiento de calidad, en una suerte de círculo virtuoso "en español", que la Carolina, como otras instituciones, contribuye a galvanizar en una labor incesante, aun silenciosa, de "work in progress" o, mejor dicho, de proyecto en curso.