Actualizado 03/05/2017 10:19

La espada de Damocles del Día de la Libertad de Prensa en Iberoamérica

Journalists hang their cameras next to protest posters outside the gates of the
Journalists hang their cameras next to protest posters outside the gates of the - REUTERS/EDGARD GARRIDO
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   MADRID, 3 May. (Notimérica) -

   El ejercicio del periodismo en Iberoamérica representa una labor social cuyo desarrollo aparece acompañado de la espada de Damocles sobre la cabeza del periodista. Más pende dicha espada en el día de hoy, cuando los miles de profesionales de la información se unen al recordatorio de los ideales proclamados por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1993 en el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

   Lejos de ser una celebración en la región, este día sirve a los periodistas iberoamericanos para continuar con su lucha contra los constantes atentados a la independencia de los medios de comunicación y rendir homenaje a todos aquellos cuya labor profesional ha acabado por quitarles la vida.

   Dichas reivindicaciones no constituyen ni una novedad ni tampoco un capricho. A pesar de lo que pueda parecer en pleno siglo XXI, la libertad de prensa sigue siendo "parcialmente" existente en la mayor parte de los países de la región, incluyendo algunos de los considerados "más desarrollados", como es el escandaloso caso de México. Tal y como se publicaba en la edición para 2017 de la Clasificación Mundial de Reporteros Sin Fronteras (RSF), la región iberoamericana ha retrocedido de manera generalizada en cuanto al ejercicio libre del periodismo, encontrándose únicamente tres países de la región entre los primeros puestos de la tabla: Costa Rica, Uruguay y Chile.

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   Según la clasificación de RSF del año 2017, dicha independencia y transparencia es casi inexistente en los países de Paraguay, Guatemala, Colombia, Venezuela, Honduras y, por supuesto, México. Caso aparte es la isla de Cuba, donde el informe indica que dicha libertad es claramente inexistente.

   Sin embargo, el contraste de las naciones mencionadas con sus vecinos no es notorio, pues según este mismo documento, únicamente se podría calificar a Costa Rica como mayoritariamente libre, seguido varios puestos por debajo, de Chile y Uruguay, dos países que curiosamente poseen cierto equilibrio institucional y político.

INFORMACIÓN E INSTITUCIONALIDAD

   Encontramos de esta manera un punto principal entre la transparencia informativa y la institucionalización y estabilidad política y de partidos. Estos hechos involucran en el desarrollo del día a día del país en cuestión un alto índice de corrupción, a todos los niveles. El juego es simple: cuando algo hay que esconder, hay bocas que callar.

   El claro ejemplo, de nuevo, es México. A pesar de ser un país con amplio potencial económico y uno de los principales pesos de la región iberoamericana, tan solo durante el pasado mes de marzo se dieron dos intentos de asesinato y tres homicidios de periodistas por la publicación de informaciones que relacionan política, dinero, violencia y narcotráfico.

   Aunque las cifras parecen no ser significativas, si se tiene en cuenta que en el año 2016 se dieron 31 asesinatos a periodistas en la región, la perspectiva cambia. El pasado año, México registró 13 asesinatos, Guatemala un total de 8, Honduras 3 y en Venezuela, Perú y El Salvador, un asesinato por país. Para más inri, en la mayoría de los casos lo que ha seguido es impunidad para los criminales.

   En cualquier caso, las cifras podrían ser peores si no solo se tuviera en cuenta el homicidio, sino la afección en sí de los periodistas por el desarrollo de su profesión en la región. Son innumerables los casos de profesionales de la información que han abandonado sus ciudades e, incluso, países, para mantener su vida y la de sus familiares.

   Según publicaba Infolatam hace apenas dos meses, la gran parte de los asesinatos a periodistas se lleva a cabo en regiones más alejadas de las grandes ciudades y las víctimas suelen ser informadores de carácter local, los cuales además sufren de un hostigamiento judicial y ven puesto en entredicho el desarrollo de sus labores profesionales.

MORIR POR INFORMAR

   Por desgracia, precisamente dichos datos ofrecen la idea de que los profesionales de la comunicación y la información en Iberoamérica llevan a cabo su labor periodística bajo las dos premisas principales sobre la información declaradas por la Organización de Naciones Unidas.

   En primer lugar, la resolución número 59 de la Asamblea General, del 14 de diciembre de 1946, en la que se declara que la libertad de información es un derecho humano fundamental. Por otro lado, la número 45/76, también de la Asamblea General y datada el 11 de diciembre de 1990, sobre que la información es un servicio de la humanidad.

   Así, es importante recordar la labor de las radios comunitarias en la región, pequeños medios de comunicación, sobre todo locales, de cuya actividad RSF dice que "de México a la Patagonia, participan activamente en la vida democrática de sus países y tienen un papel central en la promoción de la libertad de expresión y de opinión, pese a que, a menudo, desempeñan su labor en condiciones de seguridad deplorables".

   Tanto la denuncia de casos de corrupción e influencias, como la reivindicación de su identidad y entorno, son los temas principales que se exponen en este tipo de micrófonos que quieren silenciarse. Y es que además, las radios comunitarias son especialmente frágiles dadas las pobres circunstancias en las que se desarrollan, "dado que la mayoría de los gobiernos locales, poco interesados en la promoción del pluralismo, no apoyan a estos medios", tal y como declaran desde RSF y como también ha venido denunciando la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

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   También a gran escala se puede ver dicha reivindicación, y un ejemplo ha sido el caso de los Panamá Papers. Considerado uno de los trabajos periodísticos más grandes a nivel mundial, la filtración de información que ha destapado una red global de corrupción a nivel mundial ha tenido también sello iberoamericano, participando diversos medios de comunicación como el diario argentino La Nación, entre otros.

   Incluso, en la trama de los Panamá Papers, los periodistas iberoamericanos han señalado a sus propios compañeros, como fue el caso de los medios mexicanos que mostraron que el vicepresidente de Televisa, Alfonso de Angoitia, o el presidente de TV Azteca, Ricardo Salinas Pliego, estarían involucrados en la trama.

   Es innegable la necesidad de mecanismos de protección y seguridad para los periodistas iberoamericanos, pero se prevé más urgente una reforma estructural en muchos de los países de la región, cuyos entramados políticos y económicos son una importante fuente de información, pero también la punta de esa espada de Damocles que, al final, acaba cayendo.