La flores colombianas dan una salida a los migrantes venezolanos

Publicado 02/06/2019 10:19:36CET
ASOCOLFLORES - Archivo

   Los venezolanos irrumpen en un sector copado por mujeres que constituye la tercera industria de Colombia

   MADRID, 2 Jun. (EUROPA PRESS/Notimérica) -

   Más de un millón de inmigrantes y refugiados venezolanos han llegado a Colombia en los últimos años expulsados por la crisis política y económica en la nación caribeña. Considerados "excelentes trabajadores", algunos han encontrado su hueco en los cultivos de flores, una de las industrias más potentes del país.

   Unos 3,7 millones de venezolanos están esparcidos por la región --aunque una minoría ha recalado en Estados Unidos y España--. La gran mayoría (1,2 millones) está en Colombia, de los cuales el 57 por ciento está en "condición regular", mientras que un 16 por ciento estaría en vías de conseguir un estatus legal, de acuerdo con Migración Colombia.

   En el oriente antioqueño, a una hora de la ciudad de Medellín, han visto una puerta abierta en la floricultura. Allí, en los municipios de Río Negro y La Ceja, Vegaflor tiene sus cultivos de flores. Cuenta en su plantilla con un quince por ciento de migrantes venezolanos.

   "La floricultura es intensiva en mano de obra" y en los últimos años se ha convertido en "un dolor de cabeza" encontrar trabajadores, cuenta a Europa Press el director comercial de Vegaflor, John Mario Bedoya, en el marco del 'showroom' de flores organizado en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de la Embajada de Colombia en Madrid.

   El personal de Vegaflor, algunos con 20 o 30 años en la empresa, "prácticamente toda su vida", se ha empezado a jubilar y para reemplazarlo se ha buscado a jóvenes, pero "ya no quieren trabajar en el agro" y se han ido a otros sectores como la construcción y el comercio.

   "Hemos visto que se ha reducido la disponibilidad de mano de obra (colombiana) y hemos aprovechado la mano de obra que tenemos de venezolanos documentados", señala Bedoya, que lo define como una jugada de "win-win" porque beneficia tanto a la empresa como a los nuevos empleados.

   Los venezolanos, como todas las nuevas incorporaciones, pasan dos meses de "entrenamiento" para "aprender el oficio" de los veteranos --"Cómo sembrar la flor, regarla, cosecharla, cortarla y empaquetarla"--. "La respuesta ha sido altamente gratificante" porque "están dispuestos a aprender". "Son excelentes trabajadores", asevera.

   En contra de la tendencia general, el perfil del trabajador venezolano es un hombre que ha dejado atrás a su mujer y sus hijos. "La idea que tiene la gran mayoría es, ya con un trabajo más estable, poderse traer a la familia a Colombia", por lo que se les ve como "trabajadores a medio y largo plazo, no tan flotantes".

   La convivencia entre colombianos y venezolanos es "increíble", según Bedoya. Ha destacado la "impresionante solidaridad", recordando el caso de un empleado venezolano que tiene a su mujer y sus tres hijos en Venezuela: "Con su sueldo tiene que sobrevivir aquí y enviar dinero allí (...) Sus compañeros le ayudan para que pueda enviar gran parte del sueldo a su familia en Venezuela y con las ayudas pueda sostenerse en Colombia".

MADRES CABEZA DE FAMILIA

   Cristina Uricoechea, de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), confirma que el caso de Vegaflor no es único porque "hay varios cultivos en ciertas zonas del país que han contratado a desplazados venezolanos", si bien "es un tema muy reciente".

   En realidad, la nota dominante en la floricultura colombiana --"casi al 60 o al 70 por ciento"-- son las mujeres y, muy especialmente, las llamadas "madres cabeza de familia", las únicas que pueden llevar dinero a sus hogares y que, en la mayoría de los casos, están solas a cargo de sus hijos.

   Uricoechea explica a Europa Press que "hace muchos años se quiso dar trabajo a las madres cabeza de familia, que eran las personas más vulnerables en ese momento", y "hoy en día se busca ese perfil". Por un lado, por los "buenos resultados", porque "la flor es muy delicada y se necesitan manos delicadas". Y, por otro, por "el tema social".

   En Vegaflor, por ejemplo, en torno al 65 por ciento de los trabajadores son mujeres y, de ellas, el 80 por ciento son "madres cabeza de familia". Mientras que "otros gremios no las emplean porque asumen que pueden ser un dolor de cabeza para la empresa, nosotros vemos una oportunidad", asegura Bedoya.

   "Sienten que alguien les ha dado una nueva oportunidad, entonces siempre están dispuestas a aprender y a ayudar (...) Son personas entregadas completamente", afirma. Además, "hay un porcentaje altísimo que se queda trabajando en la empresa", frente a otros trabajadores que "deciden si les gusta o no les gusta y se van o se quedan".

   Uricoechea indica que todos los cultivos de flores de Asocolflores tienen un programa de responsabilidad social. Así, algunos poseen guarderías o instalaciones similares en las mismas fincas, mientras que otros, como Vegaflor, dan subsidios para colegios de modo que sus empleados no tengan que dejar solos a sus hijos mientras trabajan.

   Asocolflores también ofrece "programas recreativos", como escuelas deportivas o de música, para que por las tardes, fuera de horario escolar, los hijos de los trabajadores ocupen el tiempo de forma productiva, evitando con ello "problemas mayores".

   El abanico de la "responsabilidad social" es más amplio y cuenta con programas de apoyo a compra o reforma de vivienda y de resolución de conflictos en el seno familiar. Uricoechea no duda de que la floricultura ha tenido un impacto positivo allí donde se encuentra. "Ha habido un mejoramiento de la calidad de vida", sostiene.

LA INDUSTRIA DE LAS FLORES

   La floricultura "puede estar en el tercer puesto de importancia a nivel país", estima Bedoya. Cuenta con unas 400 empresas en 60 municipios que emplean a unas 140.000 personas 365 días, ya que el clima y la tierra de Colombia permiten mantener los cultivos todo el año.

   Colombia es el segundo exportador mundial de flores, solo por detrás de Países Bajos, y el primero de claveles. Vende a 90 países, siendo Estados Unidos, Reino Unido y Japón sus principales destinos, por un valor que en 2018 alcanzó los 1.200 millones de euros, un cuatro por ciento más que el año anterior.

   "Los cultivos de flores colombianas destacan por sus altos estándares de calidad, que aseguran que el consumidor obtendrá los mejores tamaños y colores y la mejor durabilidad", resalta la presidenta de ProColombia, Flavia Santoro. "Hemos conseguido un muy buen producto a muy buen precio", apostilla Bedoya.

   Bedoya apunta que el mercado europeo, "consumidor habitual de flores frescas", se abrió hace unos diez años cuando se exploró el transporte marítimo, que permite llevar los tallos refrigerados de origen a destino sin que se rompa la cadena de frío en unos quince días y es más barato que el avión.

   "España es la excepción de Europa porque en la mayoría de los países europeos la comercialización se hace a través de los supermercados y eso hace que la gente esté habituada al consumo de flores, no solo en fiestas, sino de forma permanente", comenta.

   Pese a ello, España es uno de los diez principales destinos de las flores colombianas. El 50 por ciento de las rosas, los claveles o los crisantemos que se venden para los días de la Madre y Todos los Santos o San Jordi en Cataluña son de origen colombiano.

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